Apoyo incondicional

1 Dic 2008 En: Diálogos conyugales, El mío

Siempre consideré que una pareja debe ser un refugio. Un espacio donde podemos ser nosotros mismos sin que nos juzguen, y sentirnos protegidos, cuidados.

En ese sentido, nuestra pareja tiene que saber contenernos, consolarnos y ser capaz de decirnos la palabra justa en el momento indicado. Tiene que ser la cara que vemos cuando nos volteamos porque no sabemos si está bien el camino que estamos eligiendo, y la persona que nos da ese empujoncito que necesitamos para salir adelante.

Y en eso, la verdad que el Chango es… eh… maravilloso.

Chango:
¿Qué te pasa, amor? Veo que no me compraste los alfajorcitos… ¿Estás bien?
Elena:
No, estoy de mal humor.
Chango:
¿Qué pasó? Contale al Changuito
Elena:
Nada, nada, dejame.
Chango:
Daaaale, contame, ¡con total confianza, eh!
Elena:
Bueno… nada… me encontré con una compañera de la primaria en el facebook, eso.
Chango:
¡Pero eso está bueno! ¡Qué flash!
Elena
No, no entendés. El facebook nos está jodiendo la vida, está desafiando al orden natural de las cosas. ¡Lo normal es que uno no vuelva a cruzarse con esa gente para no deprimirse cuanto se entera de sus logros! Mirá, esta piba tiene mi edad y estudió lo mismo que yo. Vive en Europa, es ejecutiva de una multinacional, viaja todo el tiempo, está casada con un muchacho que tiene una empresa constructora, tiene una nena de dos años, y es propietaria de una casita en el campo. Propietaria, entendés, y viaja. Y sabés qué me dijo, me dijo “te dejo que me tengo que subir al avión”. ¡Ella se subía al avión mientras yo miraba TN en jogging! Lo peor de todo es que está flaquísima. Yo hice todo mal. Todo. Mal.
Chango:
Bueeeeeno, mi amor, pero pensá esto. Si ella tiene 26 años y ya tiene la vida totalmente armada, lo que le queda son décadas y décadas de rutina. Vos, en cambio, a esta edad todavía no sabés a dónde vas, no tenés tu carrera encaminada, ni un trabajo muy estable, ni sabés dónde vas a estar viviendo dentro de un año, y tampoco tenés un “plan”… ¡Tenés todo por delante! ¡Años de aventuras! ¡Te puede pasar cualquier cosa! Disfrutá, mi amor, y si no, estoy yo para contenerte.
Elena:
… gracias, la verdad no sé qué haría sin tu grandísimo apoyo.
Chango:
¿Estás siendo irónica?
Elena:
Digamos que reconozco tu buena intención.
Chango:
Me alcanza. Ahora, esos alfajorcitos…
Elena:
Ya vengo.
Chango:
¡Esa es mi mujer!

A esta altura de tu vida, joven, muchacho, señor, deberías saber que hay pocas cosas más irritantes para una mujer que limpiar líquidos volcados, pegotes que enchastraron el suelo y restos de comida.

A veces resulta incomprensible la cantidad de operaciones que tenemos que realizar cada día para no sentir que vivimos en el chiquero más inmundo y oloroso que pueda imaginarse.

¿Cuántas veces escuchaste, desconcertado, las puteadas frenéticas de tu señora porque pisó el pomo de dentífrico destapado que dejaste tirado en el baño y se ensució las ojotas? ¿Cuán inquietante te resulta no comprender de qué demonios habla cuando te suplica que “tapes el tarro de las galletitas porque sino se humedecen”? ¿No estás cansado de decir que “no te diste cuenta”?

¡Basta de dudas! El 90% de las pequeñas mugres y molestias cotidianas pueden evitarse con sólo seguir algunos simples pasos que hasta un niño puede entender.

Por eso, desde Pájaro en mano queremos presenarte esta practiquísima guía para que no tengas que volver a preguntar por qué no tenías que tirar la tapa del quesito untable justo después de abrirlo, si total después “va a la heladera”.

¡Capacitate en el uso correcto de envases y contenedores y marcá la diferencia!

>>Cuidado personal:

> Shampoo
- Tipo de envase: Plástico, con tapita incorporada, a presión.
- Qué hacés normalmente: Lo abrís, te lavás la cabeza y lo depositás en el borde de la ducha. El frasco se llena de agua, se cae en la bañadera y se vuelca. Vos te hacés el boludo, te secás y te vas.
- Procedimiento correcto: Se abre el envase y se coloca en la palma de la mano una cantidad moderada de shampoo. Se apoya el envase momentáneamente. Se coloca el producto en la cabeza y se masajea para hacer espuma. Se toma nuevamente el envase y se cierra. Para esto
es necesario presionar la tapita contra el envase hasta escuchar un ruidito tipo “click”.. Se guarda con el resto de los productos para el cuidado del cabello.

> Talco
- Tipo de envase: Tubular, de plástico, como un salero grande. Al girar la tapa en sentido contrario al de las agujas del reloj (hacia la izquierda, muchachos), ésta deja entrever unos agujeritos pequeños por donde sale el talco.
- Qué hacés normalmente: Después de bañarte te lo llevás a la pieza. Te sentás en la cama, estirás los pies y los espolvoreás con el talco. Acto seguido, depositás el envase, abierto, en el piso. Cuando te levantás lo pateás pero te hacés el boludo y te vas, dejando huellas blancas por toda la casa.
- Procedimiento correcto: El talco debe colocarse en el baño, después de secarse muy bien los pies. Se espolvorea el producto sobre la mano, y luego se frotan los pies, evitando diseminar demasiado el polvo. También puede colocarse directamente dentro del calzado. Una vez terminada la operación, se gira la tapa en sentido de las agujas del reloj (o sea a la derecha) de modo que los agujeritos no queden a la vista. Finalmente se coloca en el botiquín.

>>Comestibles:

> Mermelada
- Tipo de envase:
De vidrio, cilíndrico, con tapa metálica a rosca.
- Qué hacés normalmente: Directamente sobre la mesada de la cocina, apoyás la tostada. Luego abrís el frasco de mermelada y la untás muy, muy generosamente. La mordés desesperado y dejás caer las migas dentro del frasco. En el mismo lugar -o sea, clavado adentro del frasco- dejás el utensilio que usaste, no sin antes chuparlo para comerte lo que quedó pegado. Te vas caminando con la tostada en la mano y no te das cuenta de que se te está cayendo el dulce. Más tarde te vas a laburar y pisoteás todo. Ves las huellas que dejaste, negras y pegajosas, pero te hacés el boludo.
- Procedimiento correcto: Se unta la tostada con mermelada y se coloca en un platito, junto con el cuchillo o cuchara que se utilizó para esta actividad. Se cierra el frasco (esto se realiza apoyando la tapa sobre el frasco y haciéndola girar en sentido de las agujas del reloj). Se guarda en la heladera y se disfruta del desayuno. Si se desea ir al mismísimo límite, se puede lavar el platito, e incluso guardarlo con el resto de la vajilla.

> Gaseosa:
- Tipo de envase: Botella plástica transparente con tapita a rosca.
- Qué hacés normalmente: Abrís la heladera y bebés directamente de la botella. Luego la dejás sobre la mesada de la cocina, destapada y perdiendo el gas. Después de cenar, la gaseosa queda también destapada sobre la mesa y además de perder el gas se calienta. Cuando te vas a dormír te la llevás a la cama y ocurre lo mismo. Te das cuenta, pero te hacés el boludo.
- Procedimiento correcto: Es esencial utilizar un vaso, para no llenar de saliva el pico de la botella. Si se desea beber un refresco se toma la botella de la heladera, se destapa, se sirve en el vaso y luego se tapa (nuevamente, girándola en sentido de las agujas del reloj) , para volver a colocarse en la heladera.

¿Viste que no era tan difícil? Vos también podés ser un experto en temas del hogar.

¡Animate y olvidate de la cara de boludo!

GPS

24 Nov 2008 En: Reflexiones y confesiones

¿Cuánto debemos saber sobre la vida cotidiana del otro? ¿Necesitamos manejar todos sus horarios, conocer a todos sus contactos, estar al tanto de cada uno de sus movimientos? ¿Para qué?

Cuando mi mamá recién comenzaba a salir con su actual pareja, todas las semanas sin falta entraba en una especie de crisis paranoica cuando su novio, por alguna razón desconocida e imprudente, no contestaba su celular.

Ella asumía sin más que él la estaba engañando con el felino más vulgar, andrajoso y oxigenado de la ciudad y juraba, a los gritos, que jamás volvería a confiar en un hombre y menos en uno con semejante prontuario.

Con el tiempo él se fue acostumbrando a tener prendido el teléfono, y ella se fue convenciendo de que él había dejado atrás sus épocas de parrandero incontrolable para emprender una vida romántica y confortablemente rutinaria junto a ella y dejó de perseguirlo.

Mi padre, en cambio, es todo lo contrario. Jamás le pregunta a su nueva
esposa qué hizo en todo el día ni con quién estuvo. No sólo no es celoso, sino que no necesita tener ningún control sobre la vida de su mujer, aunque siempre, siempre avisa a qué hora llegará de trabajar para que ella corra su auto para dejarle lugar en la cochera y tenga listos unos mates calentitos y unas medialunitas.

Sucede que la necesidad de poseer este tipo de información obedece a dos propósitos. El primero tiene que ver con los celos, mientras que el segundo sencillamente se debe a una preferencia por una organización práctica de la vida. Mi madre responde al primero, claro, mientras que mi padre se inclina por el segundo.

En mi caso, mi control sobre los horarios del Chango se relaciona con fines pragmáticos. Pregunto una y mil veces a qué hora vendrá a la noche, porque detesto que se enfríe la cena, me molesta comer tarde, me irrita tener que esperar y no soporto la impuntualidad. Lo mismo hago con sus actividades de fin de semana. Que haga lo que quiera, cuando quiera y con quien quiera, pero que me diga a qué hora estará en casa para tener mi trabajo de la semana adelantado y estar bañada y perfumada para poder echarme en el sillón con él y garrapatearlo.

A él, por su parte, no le interesa demasiado a dónde voy o a qué hora vuelvo. Sólo exije saber con quién. Pide nombre y completo y ocupación de todas mis compañías, y a veces quiere vetar a alguno porque es “un buitre que espera que me descuide para pirulearte“. Es lo mismo una salida de sábado a la noche que un café a dos cuadras del laburo a las seis de la tarde, siempre y cuando él tenga los datos personales de la gente que estará conmigo.

Ya sea por celos o por simple organización, lo cierto es que cada uno necesita saber ciertas cosas de la vida de su pareja para alimentar sus obsesiones personales; y esto no tiene nada de malo, siempre y cuando
sepamos que a cambio deberemos ofrecer lo mismo a cambio sin chistar.

Así que cuando el Chango pregunta, yo le cuento, e incluso le hago una
mini biografía de todos mis amigos para que él se quede “tranquilo”, de la misma manera que él respeta mi neurosis aunque odie tener que calcular cuánto va a tardar el colectivo o cuántos puestos de revistas puede mirar embobado camino a la parada.

Día del lector anónimo

21 Nov 2008 En: Pájaro en mano

Hoy es el día de todos los lectores que, calladitos, pasan y leen sobre el Chango.

Aunque no comenten, sé que están ahí y los quiero.

lector

Así que los invito a que dejen sus saludos y salgan del anonimato por esta vez.

¡Adelante!

:: Organizan:
Capitán Intriga
Lake
Jose

Acepto

19 Nov 2008 En: El mío, Reflexiones y confesiones

Asumámoslo, todos tenemos mañas o hábitos desagradables que realizamos en la intimidad de nuestro hogar.

Si se trata de confesar cosas espantosas puedo empezar yo misma, no hay problema. Los sábados, después de una semana de juntar mugre, limpio los pisos de mi casa con un trapo embebido en un producto genérico. Levanto toda clase de porquerías y, una vez que termino, lo enjuago en el bidet. Sí. Donde otros se lavan la cola, yo enjuago mis trapos de piso.

Por otro lado está el marido de una amiga, que se sirve yogur varias veces -y en el transcurso de distintos días- en el mismo vaso sin lavarlo jamás.

Y eso no es nada. Conozco a alguien que en vez de cortar las empanadas con un cuchillo y comerse la mitad, las va mordiendo hasta que no quiere más y guarda los pedazos que quedan en la heladera, apoyados directamente sobre el mismo estante en el que pone el plato con lo que sobró del arroz del perro.

Lo que quiero decir es que cosas asquerosas hacemos todos, y no hay que juzgar. Cada uno tiene sus particularidades, y es saludable aceptarlas junto con todo lo demás, porque de eso se trata la vida.

Por eso, yo no me enojo cuando encuentro el alicate y esas tiritas curvas, bien gruesitas, color beigecito y con un poquito de tierra, perfectamente apiladas sobre la mesita del living, que es donde comemos. Lejos de quejarme, celebro con alegría el hecho de que el chango se preocupe por cortarse las uñas de los pies. Significa que, dentro de sus limitaciones, se esfuerza por cuidarse.

A veces quedan en el suelo y yo las piso y me pincho, pero me pongo contenta, porque eso quiere decir que no voy a recibir heridas peligrosas mientras duermo y él da vueltas en la cama.

Incluso a veces le digo que no se las corte, que si nos vienen a robar él puede usarlas para atacar a los ladrones, y él se ríe y me dice que no, que él siempre estará prolijo para mí, y yo lo beso y lo amo.

Claro que él no sabe lo del trapo de piso…

Diccionario hombre-español español-hombre III

17 Nov 2008 En: De hombre

Llega la tercera entrega de esta practiquísima guía para que no te agarren desprevenida en situaciones inesperadas. ¡Entendeles todo!

Español
Dejalo en mis manos, yo me encargo
Hombre
Ahora no me molestes. Cuando se venga encima la fecha y yo no haya hecho nada, por favor encargate.

Español
Hoy quiero comer livianito, eh.
Hombre
Ahora me siento un poco pesado porque me comí siete empanadas, pero en un par de horas te voy a pedir unos fideos con bolognesa. Por favor, tené la carne picada a mano porque no me gusta esperar.

Español
¡Estoy en camino!
Hombre
¡Me quedé dormido!

Que sea limpito

12 Nov 2008 En: Diálogos conyugales, Nidito de amor

El fin de semana pasado nos fuimos a Mar Del Plata con el Chango para disfrutar del festival de cine. Como la fecha coincidía con las finales de los torneos bonaerenses, al principio nos costó conseguir alojamiento y en un momento llegué a pensar que tendría que cancelar todo, porque ni loca me arriesgaría a ir sin nada reservado, a sabiendas de que la ciudad estaría inundada por hordas de cinéfilos y 50.000 pibes deportistas.

Finalmente, después de decenas de correos y llamados a hoteles una estrella y hostels, un amigo salvador nos alquiló un departamentito en el centro por poco dinero.

Yo había estado ahí hacía siete u ocho años en unas locas vacaciones adolescentes, y recordaba un detalle que, sabía, no podía comentarle al Chango por ningún motivo. Si él se enteraba, sería el fin de nuestra escapadita.

Durante todo el viaje me sentí culpable. Un nudo en la garganta me impidió descansar en el micro. Ni siquiera me comí el alfajor que te dan en esas cajitas con el logo de la empresa. Estaba intranquila, conciente de mi engaño. Pero no podía hacer nada.

No tenía opción.

Cuando llegamos, el Chango subió la llave de la luz y recorrió el lugar con tranquilidad, observando cada detalle. A mí me temblaban las piernas. Intenté distraerme recordando nuestras vacaciones en el noroeste argentino el año pasado, pero solo se me vinieron a la mente las dudas con las que me atormentaba antes de llegar a cada lugar. “Fijate que la habitación tenga baño privado“, “Preguntá si hay bañera“, “¿Hay fotos de los baños en la página, así las voy viendo?“, “Si hay que compartir preguntá con cuánta gente”.

Estoy loca, pensé, esto es para quilombos, y entonces, él descubrió lo que yo tanto había temido:

Chango:
Elen… ¿Dónde está el bidet?
Elena:
Ah… me olvidé de decirte, está ahí, en la ducha.
Chango:
¿Cómo en la ducha?
Elena:
Claro, ¿ves el borde de la ducha? Bueno, te sentás ahí y abrís esa canilla del costado y es como un bidet, te sale el chorrito por ahí abajo.
Chango:
¡¿Qué?!
Elena:
Pensá que son pocos días…
Chango:
¿Pero la gente usa esto?! ¿Cómo te vas a limpiar la cola en el lugar donde te bañás? ¡Corren todos tus desechos por ahí y después vas y te parás arriba de todo eso para bañarte? ¿Cómo no me avisaste antes de venir? ¡Me hubiera preparado! ¡¿Cómo pensás que voy a hacer todos estos días?! Lo hiciste a propósito, y te voy a decir algo. La persona que inventó esto está muy, muy enferma.
Elena:
Perdón amor, es que si te decía no ibas a querer venir y no pude conseguir otro lugar, pero mirá qué lindo está el resto del departamento… ¡Hasta tenés tele, para mirar a la noche mientras comemos!
Chango:
Esto lo vamos a discutir más tarde, ahora tengo que hacer algo.

Acto seguido, tomó una revista y se encerró en el toilette.

25 minutos después:

Chango:
NO TE LO PUEDO CREER… ¡ELENA!!!!
Elena:
¿Qué pasa, amorcito?
Chango:
No corre el agua.
Elena:
Bueno, no te hagas problema, ahora te alcanzo un balde.
Chango:
Primero no hay bidet y ahora no anda el inodoro… estás jugando con fuego.
Elena:
Ya sé, pero para compensar ¡te traje esto!

Le alcancé un paquete de toallitas húmedas para la higiene del bebé, que siempre llevo en la cartera por si me agarran ganas y estoy en la calle.

Chango:
Sos de lo peor. No pensás en nada, no te importan los demás. Sabés qué, voy a hacer caca una sola vez por día, cuando me bañe, y me voy a intentar olvidarme de esto, pero en casa vamos a hablar tranquilos sobre el respeto por el otro. ¿Está claro?

Elena:
Si mi amor. ¿No querés las toallitas, entonces?
Chango:
Metételas en el bolso y andá a llenarme un balde.

Chango:
Sos egoísta.
Elena:
Claro que soy egoísta. No puedo NO ser egoista. Si yo no pienso en mí no piensa nadie. También pienso en vos, pero además pienso en mí.
Chango:
Sos egoísta, tenés que pensar en la pareja.
Elena:
Sabés qué pasa, la pareja tal como está planteada es un anacronismo. Implica que dos voluntades sean una sola siempre, que los dos tiren para el mismo lado siempre, pasar mucho tiempo juntos siempre, tener un nidito de amor, ser fieles, complementarse como el yin y el yan, y sabés qué, no se puede. Hoy no se puede. Vos laburas doscientas horas, yo también, cada uno está tratando de que no lo tape el agua, hay que llegar con todo lo que uno tiene que hacer, lidiar con problemas familiares, mi vieja, mi abuela, bardos de quita, romperse el culo por crecer profesionalmente, laburar los domingos, pagar cuenta tras cuenta, lavar la ropa, prepararte el taper del almuerzo y fijarme que no sea comida repetida, seguir estudiando toda la vida… ¿y encima uno tiene que aguantarse todo el bagaje de quilombos que tiene el otro y asumirlo como propio? ¿Todos los problemas son de todos? No, viejo, así no se puede, no hay tiempo que alcance. La familia burguesa YA FUE, es obsoleta, ¿por qué tengo que vivir bajo un conjunto de valores que no sirven a la realidad? No, no voy a ir a comer pizza a lo de tu mamá ¿queda claro?
Chango:
Hay mousse de chocolate, burguesita.
Elena:
Hubieras empezado por ahí. Dame 5 que me cambio.

Los tips del chango 1

3 Nov 2008 En: De hombre, El mío

¿Te gustaría poseer el legendario poder del chango con las mujeres? ¿Querés conseguir que todas te hagan la comida y te planchen las camisas mientras vos mirás la tele? ¿Tu objetivo es seducirlas sin que se den cuenta? Solo tenés que seguir estos simples consejos. ¡Manipulá nuestro inconsciente y preparate para una vida de placeres!

1) Sé tradicionalmente encantador

Un verdadero chango siempre tiene la palabra indicada para cada situación, pero hay una serie de comentarios clásicos que te colocan sin falta en la lista de hombres a tener en cuenta para un romance o un revolcón. No importa cuán moderna sea la chica, ni cuán inteligente, expresar que no te gustan las mujeres demasiado flacas y que preferís “tener de dónde agarrar” es el pasaje más rápido al corazón de cualquiera de nosotras (aunque pesemos 42, siempre pensamos que tenemos curvas más vertiginosas que las de una montaña rusa).

> Un detalle: Si ellas se quejan sobre su peso, te están tirando onda.

2) Criticate

Una estrategia que sirve mucho es indicar que se es malo en algo para provocar ternura. “Soy malísimo lavando los platos“, o “Nunca sé cómo lavar bien los platos” son frases muy fáciles de recordar que te permitirán seguir cómodamente sentado mientras nosotras, satisfechas, fregamos la grasa de la vajilla sintiéndonos Narda aunque seamos Juanita.

La semana pasada, por ejemplo, mi concubino me mandó a la reunión de consorcio con sólo sugerir al pasar: “qué malo soy para hablar en público, no soy como vos, no me puedo expresar tan bien“. ¿El resultado? Me banqué feliz una hora y cuarto de discusión acalorada sobre la posibilidad de instalar una parrilla en la cochera mientras el señor leía revistas en casa.

> Si se trata de aumentar las chances de sexo, en cambio, es ideal inclinarse por “No tengo suerte con las mujeres, no les gusto, soy feo“. Clink.

3) Elogialas

Aaaah, pero no hay nada más efectivo para lograr que una mujer haga algo que alabarla. Notar detalles, también suma muchos puntos: “Qué linda es tu casa“, “¿Esa remera es nueva? El verde te queda tan bien” o “¡Qué rico perfume” son frases clave para hacernos bajar la guardia. De la misma manera, halagar el modo en que hacemos algo te garantiza unos cuantos porotos (”¡Qué rica te sale la pizza!“, “Me encantan tus fotos“).

En menos de un mes, sin ir más lejos, el chango consiguió que le amasara fideos caseros, me pusiera una tanga de encaje y le comprara el regalo del día de la madre a mi suegra alegando que soy “muy buena cocinera“, “la mujer más sensual del mundo” y tengo “un gusto impecable“.

> En el sexo, lo que mejores resultados da es decir “estuve con otras minas, pero ninguna te llega a los talones“. Te creemos, siempre.

Amputación

30 Oct 2008 En: Reflexiones y confesiones

Ayer camino al banco pasé sin darme cuenta por la casa donde vivía antes del concubinato y antes aún de mi soltería adulta. Pensé que me conmovería porque ahí pasé muchos años y tuve que mudarme a las apuradas, pero la verdad es que no me pasó nada. Me pareció una casa como cualquier otra, de cualquier otra familia disfuncional y en cualquier otro barrio de cualquier otra ciudad.

Me acordé entonces de cuando me echaron de mi último laburo y no hablé más con mis compañeros. Durante cuatro años  habíamos compartido los días hábiles en la misma oficina, que inmediatamente después de juntar mi taza y mis biromes tenía la misma calidez que un shopping de palermo. Habíamos tomado mate, conversado sobre nuestros problemas, y desarrollado un sistema de chistes internos envidiable, pero el último viernes a las 18 ese grupo no fue más que un puñado de desconocidos, con los que apenas intercambio un “holaquétal” escueto cuando nos cruzamos en algún evento.

Con las parejas pasa exactamente lo mismo. Desde el momento en que dos personas toman la decisión de separarse, se convierten en completos extraños. Es como si el otro se escindiera, y por un lado quedara una imagen llena de conexiones al pasado, y aparte, bien lejos, estuviera su cuerpo, con su esqueleto, todos sus órganos y una manera particular de hablar y de combinar la ropa. Al primero lo sepultamos lo antes posible, y al segundo prácticamente no lo reconocemos cuando nos lo chocamos accidentalmente por la calle, porque no hay nada más ajeno a uno que alguien a quien ya no se ama o a quien ya no se puede amar.

Muchas veces, conversando con amigas después de alguna separación mía o de ellas, nos preguntamos cómo es posible sentir con tanta claridad que el hombre con el que miramos miles de películas, con el que hicimos el amor miles de veces, al que le cocinamos miles de comidas y al que acompañamos miles de domingos a ver a su madre sea un extranjero absoluto.

¿Fue genuino lo que sentimos si ahora somos incapaces de evocarlo? ¿Fue en verdad tan intenso, si ahora no nos genera ninguna emoción aparente y sólo nos pone incómodos?

Creo que la prueba más certera de que lo que nos pasó fue verdadero y dejó marcas profundas es, justamente, que necesitamos enterrarlo con urgencia ni bien se termina. Es nuestro instinto de supervivencia el que nos rebana al otro como con una sierra de carnicero y trata de evitarnos una agonía larguísima plagada de llantos nocturnos y borracheras violentas. No se puede sufrir eternamente, y entonces suturamos y seguimos adelante con la cicatriz.

Por lo pronto, no voy a volver a pasar por esa casa, ni tengo intenciones de acercarme a mi vieja oficina.

Sobre este blog

Basta de blogs de ingratas minas solas. ¡Estar felizmente en pareja es mucho peor! elenapaoloni@gmail.com