No sé si alguna vez habremos hablado de esto, pero el vínculo entre una mujer y su depiladora es casi tan fuerte -o incluso más- que aquél entre esa mujer y su terapeuta o su ginecólogo.

La depiladora nos ve en nuestro peor momento. Llegamos a ella cuando ya estamos haciendo malabares para que no se nos vean las axilas y el pantalón ya no nos cubre los pelos que nos cuelgan de los tobillos, y ella nos deja impecables, listas para el verano y el amor.

Ya les contaré de mi hada madrina, Eva, que merece un capítulo aparte; pero hoy lo que me empuja a escribir este post es otra cosa: es un sentimiento de soledad, de abandono. Estoy desahuciada.

Como no puedo irme a depilar a Quilmes, estos últimos dos meses estuve vagando en búsqueda de un sucedáneo más o menos digno de Eva. No pedía sus manos suaves, ni su habilidad para calcular la temperatura exacta de la cera, ni mucho menos su prolijidad obsesiva; simplemente quería un lugar barato para zafar hasta el momento del encuentro con ella, mi diosa del conurbano, su camilla mullida y su charla amena.

Así que ayer caí en “Marcela Gonzales”, la peluquería de Paraguay y Jean Jaures, que me ofrecía pierna entera, cavado y axilas a $30.

Las paredes eran color verde agua, y en cada esquina del salón había plantas de plástico. Los muebles eran de caño y vidrio, y sobre la mesita ratona había figurines de los ‘80 (ver fotos).

¿La dueña del lugar? Una señora rubia, oxigenada a morir, con 5 cms. de raíces negras, los labios pintados de colorado rabioso y los ojos delineados con lo que parecía ser marcador indeleble

Pero todo esto no sería nada, sino fuera porque la chica que depilaba era aún peor.“¡Uy, qué pelitos!” dijo Blanca (rechonchita, cara de buenaza, look ucraniano); y así empezó la odisea.

Como todas ustedes saben, el modo correcto de realizar una depilación efectiva es sencillo pero no deja de tener algunos secretitos. Es necesario colocar una capa no demasiado fina de cera, que no debe estar muy caliente pero tampoco gomosa porque no saca nada, y procurar que los bordes del parche sean ligeramente más gruesos, para poder retirarlo con mayor facilidad. La aplicación se realiza en el sentido del crecimiento del vello, mientras que debe retirarse a contrapelo y con cuidado, para asegurarse de que todos los pelitos queden en la cera y no se corten por tironear con excesiva brusquedad. Lo ideal es, según mi experiencia, ir deslizando bastante lentamente la cera hasta sacarla completamente. Así duele más, pero sale mucho más pelo.

El tema es que Blanca no tenía idea de nada de esto y, para colmo de males, pretendía hacer todo el trabajo con un palito y una cacerolita minúscula.

El gabinete consistía en una camilla más corta que las estándar y un estante para la cacerolita. Las paredes seguían siendo verde agua, pero las cortinas eran verde flúo. Me saqué la ropa y me acomodé como pude, con el consuelo de que todo el trámite no duraría más de una hora.

Empezó por cualquier lado, poniendo pequeñas áreas de cera vieja y fría sobre mi cuerpito resignado. ¡A contrapelo! Y después la sacó toda de un tirón, directamente para arriba. Como la mitad del vello quedaba puesta, tenía que insistir dos o tres veces en cada sección,  cosa que hacía con una parsimonia digna de un monje budista.

¡Con estos pelitos vamos a estar hasta las nueve de la noche!“, exclamó risueña la inexperta Blanca mientras se pegoteaba las manos con el material ámbar.

(”Y si seguís depilando como el ojete ni te cuento“, pensé yo, pero no dije nada).

Para no pensar intenté darle charla:

Elena:
¿Hace mucho que trabajás acá?
Blanca:
Más o menos.
Elena:
Ah…

Después me dediqué a escuchar a la “estilista”, que daba sabios consejos a una clienta pelilarga en el salon.

“No mami, si te entresacá te va a quedar con má volumen, así esssta bien, mamita, tenéquedejarloasí”.

En este punto decidí relajarme y dejar que todo fluyera, mientras sentía cómo Blanquita me arrancaba pedazos de piel erráticamente, pero sonriendo con diligencia.

Ahí fue cuando me contó que en estas fiestas va a cocinar para la gente de la calle, y después de cenar va a salir a repartir comida casera, y que acá en Barrio Norte no hay tanta gente rica como parece aunque todo está muy caro y nadie ayuda a los pobres.

Cuando terminó, hora y media después, le dí un beso y un abrazo, le deseé suerte y le dejé propina. Me levanté de la camilla con las piernas ardiendo a morir (ah, porque encima me pasó alcohol), me vestí y fui a pagar.

Ya eran las 9 de la noche. La “rubia” me cobró 50 pesos de los cuales a Blanca le tocarán seguramente 10 o 15.

Mientras caminaba a casa, extrañé mucho a Eva. Mañana la voy a ir a visitar.

¿Y mis piernas? bien, qué se yo, para un chongo alcanzan.

Adelanto 4: El chongueo según

21 Dic 2009 En: Próximo

Eliana, 25, administradora de empresas:

- ¿Y qué onda? ¿Se van a volver a ver?
- Ay, no sé, porque no quedamos en nada y él dijo “hablamos” pero no sé si eso quiere decir que me va a llamar o que ya fue, pero la pasamos re bien, además él me dijo que se había re divertido y aparte es re lindo encima en un momento nos quedámos callados y me dice “ya fue, te doy un beso”, ¡no sabés” Así que no sé, capaz que nos vemos de nuevo pero yo no le voy a decir nada, a ver si se piensa que me quiero casar… igual lo agregué como amigo al FB y me aceptó así que todo bien ¿no? Porque aparte me comentó en una foto y me puso “me gusta” en mi estado que decía “noche a pleno”.

Marcos, 23 años, “de sistemas”:

- ¿y qué onda? ¿Se van a volver a ver?
- Más vale, ella es mi novia “plug and play”

Pájaro en mano en FM La Boca

17 Dic 2009 En: Pájaro en mano

Surprise, gente! Pájaro en mano sigue en boca de todos, y ahora estará en los oídos (cua), ya que podrán escucharme hoy en Pedí pista, el pograma de Matías Lértora en FM La Boca.

Si se perdieron mi aparición estelar en Rock&Pop (Ripoll, sigo esperando esa invitación), sintonicen a partir de las 22 la 90.1, o bien entren a http://www.fmlaboca.com.ar/

¡Saludos para todos!

Adelanto 3: Frío, frío

16 Dic 2009 En: Próximo

El otro día un amigo me decía que no entiende cómo funciona el tema del amor no correspondido. Sostiene que si una mina no te da bola, en un momento decís “ok, listo” y buscás otra, porque no tiene sentido estar sufriendo y sufriendo por alguien que a quien no le interesás. (¡Qué fácil eeeeeeh!)

Pero no todos están tan psicoanalizados como mi amigo, parece.

El lunes estaba haciendo tiempo en una heladería con wi-fi antes de ir a una reunión, cuando entró un gordito simpaticón cachetoncito, de bermudas beige, gorrita, remera marrón con batik (onda esas que dicen “Patagonia Argentina”) y zapatillas deportivas.

Se acercó a la chica de los helados, un poco nervioso y visiblemente incómodo.

Gordito:

Disculpá… yo te hice un pedido de un cuarto de helado hoy para *********…y quería saber si había llegado… porque no era para mí…
Chica:
Sí, ya mandamos todos los pedidos, ¿a qué hora lo pediste?
Gordito:
Y… a las cuatro… quería saber si llegó.
Chica:
Sí, quedate tranquilo que lo enviamos y llegó perfecto.
Gordito:
Ah… no, porque  como… no me agradecieron ni nada… quería saber si había llegado… bueno… gracias eh, disculpá, hasta luego.

Y el gordito se fue, triste y cabizbajo, seguramente preguntándose por qué la destinataria no lo quiere, si él es bueno.

Me dieron ganas de abrazarlo.

Adelanto 2: Lección 1

14 Dic 2009 En: Próximo

Cada tanto aparece uno que cumple con todo.

Es bueno, limpio, simpático, te escucha cuando hablás, te hace sentir segura y tranquila, no piensa que estás excedida de peso, sino que “tenés todo lo que tiene que tener una mujer”, te cuida y te presta atención.

Después de una relación tormentosa llena de crisis y desencantos, en general viene uno de estos, que en mi caso fue Maxi, aunque eso terminó bien porque ahora somos amigos. ¿Qué hacen? Bueno, básicamente te devuelven la fe en los hombres. A su lado volvés a  creer en el amor, te divertís, desaparecen muchos de tus miedos y traumas que te inculcó el sorete con el que estuviste antes

Lo que yo quiero saber, gente, es ¿por qué demonios no nos podemos enamorar de estos pibes y nos vamos atrás de cualquier pelotudo?

Por ejemplo, el otro día salí con un muchacho que conocí en el una red social y morí por él instantáneamente. Era un croto peludo, rata, en ojotas (sí, sí), no se rió de mis chistes ni me dijo, siquiera, que tengo lindos ojos (ay, aunque los de él eran bellísimos). No me acompañó a casa, ni volvió a llamarme después de ese día. Toda la velada duró menos de dos horas, en las que se dedicó a hablar de él.

A todo esto: ¿Qué quería yo, francamente? Irme al telo.

Antes de las 23 horas ya me estaba sacando los zapatos, sola. Cerré la puerta de mi departamento y la gata se me tiró encima para que le limpie las cacas. Mientras iba poniendo las bolitas en una bolsa con la palita, me agarró una bronca tremenda. ¡Cómo me podía haber gustado un gomardo así!

¿Quieren saber qué dijo Adrián?

Adrián:

Es muy fácil. Si tenés baja autoestima, pensás que no merecés ser feliz o que no podés aspirar a un hombre que cumpla con todas tus expectativas, entonces ante la posibilidad de que este hombre exista, desconfiás y te vas. Es un tema tuyo, el tipo no tiene nada que ver. Es más fácil enamorarse de un hombre que te trate como vos te tratás a vos misma.

Adelanto del nuevo blog

9 Dic 2009 En: Próximo

(de uno de los dos)

Mientras preparo el nuevo blog, vamos a ir dando adelantos por acá, ¿vale?

¿Quedás o no quedás?

Una cita no es otra cosa que un casting. Te preparás para que no se noten tus defectos, ponés tu mejor cara y ensayás tus mejores anécdotas. Yo siempre cuento que hice un programa de radio cuando estaba en la facultad, que me recibí a los 22, que escribo para Oh La La y en Gataflora, que bajé 20 kgs. en un año y sé arreglar las cosas de la casa.

Y supuestamente él hace lo mismo, y los dos se dedican por un par de horas a actuar de la mejor versión de sí mismos.

Así pasan los meses y el casting se va prolongando porque ningún candidato nos termina de convencer, o bien no le interesa y fue al casting para ver qué onda.

Pero ¿cómo elegís quién se queda con el papel? ¿Es el más bueno? ¿El más lindo? ¿Con el que más te  divertís? ¿El que tiene el trabajo más estable? ¿El que huele mejor? ¿Es para protagonista o reparto? ¿Existe esa diferencia o todo depende de la impresión que te cause? ¿Importa si paga él? ¿Queda mal si pagás vos o es lo mismo? ¿Qué te tenés que poner? ¿Esta todo bien si él usa ojotas?

En serio. ¿Está todo bien si usa ojotas? Porque a mí me parece que no. ¡Las ojotas son para la playa!

El alta

7 Dic 2009 En: Los otros

La semana pasada me encontré con Adrián en el bar del otro día para ver qué mierda quería. No me quiso dar turno en el consultorio, así que me imaginé que me daría el alta. Pedí otra vez el jugo de precio escandaloso y lo esperé unos minutos hasta que llegó, lookeado  muy canchero y bañado en desodorante.

Elena:
Te escucho.
Adrián:
Eso lo tengo que decir yo.
Elena:
No estamos en el consultorio ahora, así que cuando quieras…
Adrián:
Bueno, dos cosas, una es que te tengo que dar el alta.

Elena:
¡Vamoooooooosssss! Te dije que ya estoy bien, no sé por qué no me creías. ¿Cuál es la segunda?
Adrián:
La segunda es que no es ético que pase nada entre nosotros porque vos fuiste mi paciente.

Elena:
Ay no, ¿y ahora qué hago? ¡estoy enamorada de vos desde siempre! ¡Por eso me sirvió taaaanto la terapia!
Adrián:
No seas sarcástica, Paoloni. Te estoy hablando en serio, como tu ex terapeuta y después de reflexionar como profesional.
Elena:
Bueno, contame para qué me querías ver, ahora que ya me diste el alta.
Adrián:
Para charlar más tranquilos, sin el diván.
Elena:
Pero yo amigos ya tengo… necesitaba un terapeuta.
Adrián:
Lo sé, pero sucede que yo me encariñé con vos y ya no puedo ser objetivo ni profesional. Y me parece que ahora tenés muchas herramientas para ser una gran interlocutora.
Elena:
Ok. Ahora sí, te escucho.

¿Me parece a mí o me estoy llenando de amigos? ¿Alguien más me quiere invitar un jugo?

(?!)

Out

2 Dic 2009 En: Los otros

En un momento saqué la vista de la vidriera de la enésima zapatería en la que me había parado y miré hacia adelante. Entre toda la gente estaban Jul y el Chango, abrazados, riéndose como chicos. Si hubiera habido sol, seguramente los habría iluminado como si fueran los amantes más bellos del mundo y estuvieran protagonizando un corto o una publicidad de gel íntimo.

No había tenido ganas de volver a casa a un montón de caños rotos. En su lugar, había agarrado Santa Fé para dar una vuelta antes de encerrarme a adelantar laburo.

Había dejado que las gotas gordas y calientes de la lluvia de esta época del año me mojaran el pelo -en realidad no entiendo por qué la gente se asusta tanto cuando llueve… ¡Es agua!- y estaba a cara lavada, con la ropa de todos los días.

Seguí caminando y cuando los crucé les sonreí tranquila y los saludé sin aminorar la marcha.

¿Vamos cerrando?

30 Nov 2009 En: Reflexiones y confesiones

Hace unos días que el Chango dejó de llamar. Tampoco manda mails ni mensajes de texto. Mejor Amiga está dando sus primeros pasos en la horrenda aventura de la convivencia, Maxi es mi alma gemela y Adrián… bueno, Adrián está loco.

En mi casa nueva, claro, no hay vestigios de ningún hombre; ni señales de que su única habitante viene de una vida diferente y compartida.

Todo lo que me rodea es nuevo, o bien completamente mío. Están mis libros, mis tazas floreadas que todos odian porque no entienden nada, mis muebles disímiles, mi filtro de agua (el agua de capital es bien fea), mi florero de vidrio naranja, mi pila de revistas que no me decido a tirar y mi gata con su camita acolchada. Y todo eso convive en un lugar que para mí es a estrenar aunque esté todo hecho mierda, con olores y ruidos que no había escuchado antes.

Acá no me conoce nadie, ni saben que yo antes era “la mujer de”. Cuando me saludan no me preguntan por “mi marido”, ni quieren saber si “estoy bien”, o si “estoy más tranquila”.

Los albañiles, que todavía no terminaron de arreglar los caños de la cocina, me preguntan si antes vivía con mis padres y si tengo novio. La encargada me dice “nena” y no “señora”.

Me parece que, ahora sí, ya puedo empezar de nuevo. Lo único que me queda es terminar este blog. ¿Me bancan?

Un cortadito

27 Nov 2009 En: Los otros

Lo mejor que tiene mi vida es que me pasa cualquier cosa y como carezco de intuición todo me sorprende.

Para descomprimir un poco, ayer, después del trabajo, salí a caminar por Santa Fé. A riesgo de ser un cliché con patas, admito que cuando estoy estresada, nada me hace más feliz que comprarme alguna ropita, leer una revistita, maquillarme y ponerme un perfume caro.

En medio de la caminata me agarró calor y entré a un barcito para chequear los correos. Me pedí un exprimido de naranja (¿$14? ¿Quién lo exprime, Narda?) y prendí la notebook.

Entre los mensajes que tenía había uno de Mejor Amiga, contándome que Francisco estaba constipado hacía tres día, y pidiéndome algún consejo que no incluyera la palabra “Activia”; uno de Maxi que me invitaba al cine hoy a la noche; y uno del Chango.

(Me gusta sorber un poco por la pajita y después hacer sopapa con el dedo, levantarla y tomar del extremo inferior, como si fuera un gotero. ¿Alguien hace eso?)

Hasta acá todo más o menos normal, salvo porque, mientra hacía esto, escuché una voz horriblemente familiar que me decía “¡Qué casualidad! ¿Me puedo sentar?”.

Era…

Adrián.

Elena:
?!
Adrián:
¿Cómo estás, tanto tiempo?
Elena:
¡Te ví el miércoles!
Adrián:
Por eso, fue hace tres días, ja, ¿cómo va?
Elena:
…bien… ¿vos?
Adrián:
Recién empezando a ordenar mis cosas después de mi separación.
Elena:
No sabía ni que estabas casado.
Adrián:
Estaba. Por suerte soy psicólogo y sé cómo tratar estos procesos.
Elena:
Claro, la tenés re clara, me imagino.
Adrián:
¿Te estás mofando, Paoloni?
Elena:
Uf, sos el único que dice bien mi apellido, todos dicen “Paolini”; el otro día fui a retirar un talonario de facturas y me habían puesto Paolini, los quería matar.

Adrián:
Presto atención. Es mi trabajo. ¿Te llegaron muchos mails?
Elena:
Estaba por leer uno del Chango…
Adrián:
Te escucho.
Elena:
Leerlo para mí, no en voz alta.
Adrián:
Es lo mismo, después me vas a contar en la sesión, así que ahorremos tiempo y contame ahora, me pido un café.
Elena:
Ah… te quedás… ¿corresponde?
Adrián:

No.
Elena:
Bueno, dale, te leo, ya fue. “¿Cómo estás? Yo bien, mamá me cuida y me da todo los gustos, aunque no es
tan cómodo vivir acá como cuando vivía con vos, pero no porque hacías todo. Me gustaba vivir con vos. Bueno, te escribo porque me gustaría verte y charlar. ¿Podemos tomar un café uno de estos días? Avisame, te mando un beso enorme, Chango”.
Adrián:
¿Cómo te sentís?
Elena:
¿Está mal si no tengo ganas de verlo?
Adrián:
¿Para vos está mal?
Elena:
No, porque no es que estoy enojada, pero no sé, estoy medio ocupada, no tengo ganas de hablar con él de cosas que ya pasaron. Me da culpa, pero no tengo ninguna cosa adentro que quiera decirle.
Adrián:
Entonces no lo veas. Si no te sirve a vos, no lo hagas. A veces hacés cosas para ayudar a los demás, y eso está bien, pero me parece que en este momento tenés que pensar solo en lo que te hace bien a vos. Yo no veo que te hayan quedado cosas pendientes con él, así que si no querés verlo me parece bien.
Elena:
Tenés razón, le voy a contestar que tengo muchas cosas que hacer, que cualquier cosa me mande mail.
Adrián:
Bien. Hacé lo que te sirva.
Elena:
Che, ¿me vas a cobrar por esto? ¡Dame el alta, no seas careta!
Adrián:
Si no estás en el diván no te cobro. ¿De verdad querés que te dé el alta?
Elena:
Sí, termina el año, quiero cambiar de terapeuta, vos ya sabés demasiado de mí.
Adrián:
Te propongo que tomemos un café la semana que viene y hablemos mejor, ¿te parece?
Elena:
En el consultorio.
Adrián:

No, te llamo y nos encontramos en algún lugar.
Elena:
¿Pero se puede tener la sesión en un bar?
Adrián:
No…

Elena:
Upa… esto es medio raro para mí eh, y probablemente poco ético..
Adrián:
Si te doy el alta se va el problema de la ética.
Elena:
¡Extorsión! ¡Entonces dame el alta!
Adrián:
La semana que viene.
Elena:
Hecho, pero pagame el jugo, que sale 14 pesos.

Lo peor que tiene mi vida es que es un quilombo.

Sobre este blog

Basta de blogs de ingratas minas solas. ¡Estar felizmente en pareja es mucho peor! elenapaoloni@gmail.com