Si bien luchamos contra ella día a día, la incontinencia verbal es un flagelo que amenaza con romper la armonía de nuestra pareja cada vez que abrimos la boca.

Para mí no hay nada más lindo que poder charlar acurrucada en el sillón con el chango, después de comer y tomando un tecito, pero a veces me voy de mambo y le cuento cosas que le molestan y lo sacan de quicio, o no le interesan y lo aburren hasta el desmayo.

Vienen a mi mente momentos realmente incómodos, como cuando se me escapó que uno de mis jefes me había elogiado las gomas o que una de mis amigas piensa que él es feo, y la verdad es que me costó bastante tiempo y favores sexuales lograr que olvidara esas “nimiedades”.

Por otra parte, estilo de vida actual nos impide disfrutar de mucho tiempo junto a nuestro querido mostro, así que debemos esforzarnos por minimizar estos momentos desagradables.

Después de varias semanas de análisis exhaustivo, he compilado esta lista de cosas que jamás debés contarle a tu chango. Buen provecho.

1) Que te gusta otro

Es muy común que las parejas confundan confianza con tener carta blanca para decir cualquier cosa, total “está todo bien“. Pero tu chango necesita, además de sentirse deseado, sentirse el único.

Entonces, si creés que podés hablar con él de todo, controlate. Porque un comentario al pasar como “Tiene lindos ojos Francisco” le va a arruinar la noche, y a vos también. (Y a Francisco no lo vas a poder ver nunca más).

> Propuesta Pájaro en mano: Cuando te pregunte si te gusta Juan, negale todo y llamá a una amiga para contarle, y de paso repasar con lujo de detalles el sueño calentito que tuviste con el chico del subte de las 8:40.

2) Con cuántos hombres dormiste antes de conocerlo a él

Tu concubino no es tu amigo, o mejor dicho es tu amigo o en algún momento lo fue o no sé, pero además es el único que hoy tiene derecho legítimo a tocar tus partes privadas. Y hasta donde él sabe -o quiere saber- esas partes jamás fueron tocadas por ningún otro sátiro degenerado asqueroso.

Hay que tener mucho cuidado con este tema en particular, porque él intentará hacerte caer en la trampa y convencerte de que no hay problema, que no le importa tu pasado y que entiende que tuviste una vida antes de él así que podés ser sincera.

Patrañas. Ni bien abras la boca te va a armar quilombo. Y ni hablar si conoce alguno de los miembros de tu lista. Ahí “fuistes“.

> Propuesta Pájaro en mano: Llamá a la amiga del punto anterior y armen la lista juntas. Seguro que ella se acuerda de alguno que a vos se te pasó.

3) Cómo te fue en el médico

Además de tener poca capacidad para retener información, los hombres son fácilmente impresionables.

Si no es cuestión de vida o muerte, evitá comentarios como “La colpo me dio bien, pero igual el doctor vio unos puntitos blancos que no le gustaron así que me dio óvulos. ¿Ves? Son estos cositos chiquititos que van en…“, o “Me tengo que hacer una colonoscopía porque puede haber un espasmo en esa zona y es lo que me impide ir bien de cuerpo, porque viste que yo estoy siempre constipada y…” …puaj.

> Propuesta Pájaro en mano: Charlalo con tu abuela o con alguna tía hipocondríaca. Ellas hasta te pueden recomendar más profesionales o medicamentos que a ellas les dieron resultado.

4) Cuánto te salió la cartera

Vos y yo sabemos a simple vista que pagaste por lo menos cuatrocientos pesos. La chica que te empujó en el colectivo hoy también lo sabía, y también la cajera del coto. Pero él no tiene idea, y es mejor que se mantenga así.

Si pagás una suma exhorbitante por un artículo de moda, no sólo ponés en riesgo el presupuesto de todo el mes, sino que lo harás preguntarse con qué clase de loca irracional capitalista superficial está viviendo, y además se daría cuenta de por qué comen arroz cuatro veces por semana.

En mi caso, mi política es que el chango jamás debe ver la etiqueta que indica que una prenda es nueva. Es más, las arranco ni bien salgo del negocio, para estar segura de que no se me va a traspapelar en casa. Si él pregunta si algo es nuevo, le digo, indefectiblemente “Ay, no, lo tengo hace mil años…“.

> Propuesta pájaro en mano: Mostrale la cartera a la compañera de trabajo que más detestes, así te envidia. Con el arroz hacé croquetitas.

5) Qué está comiendo

Al chango no le gustan las verduras. A duras penas te come choclo y tomate, papa, batata… las verduras de los niños.

Lo que no sabe es que hace semanas que en el relleno de la tarta le vengo poniendo bróccoli, zucchini, berenjena y zanahoria, todo pasado por la pimer para que no se note.

Hasta ahora no recibí quejas, pero sé que si algún día le confieso qué tiene la empanada o qué le puse a la terrina va a empezar a hacer arcadas en medio de un mar de insultos y va a correr a comprarse una milanesa a la rotisería más cercana.

> Propuesta Pájaro en mano: Si te dice que no le gusta el morrón, ponelo igual en la salsa y procesalo todo, como hacen los de esa marca conocida de sopas y calditos. Ni se va a dar cuenta. Además, con un poco de queso tapás todo.

La Carmelita

21 May 2008 En: Reflexiones y confesiones

Hay una chica que gusta del chango. Yo sé bien quién es, porque la veo ponerse contenta cuando él aparece, y enrojecer con timidez cada vez que él le dice algo gracioso.

Cuando sabe que lo va a ver, elige su ropa con cuidado, se empapa en fragancia importada, se plancha el flequillo, se maquilla con cuidado para agasajarlo… aunque jamás cruzará la línea.

Es que ella es diferente a las otras. No trata de seducirlo con descaro, polleras cortas, escotes y risitas estúpidas como las zorras que a veces tengo que espantar a escobazos.

Con una dignidad que jamás he visto en otra mujer y mucho menos en mí misma, ella finge que no se desmaya por dentro si el chango le habla, y disimula con entereza sus ganas de besarlo, olerlo, tocarlo.

Nunca dirá nada. Jamás se animará siquiera a insinuárselo a su mejor amiga, y en cambio guardará el secreto hasta que el tiempo o el abrazo de otro hombre la cure y la salve.

A veces la veo observar al que duerme todas las noches conmigo y recuerdo cuando yo era ella y se me llenaban los ojos de lágrimas al imaginar a algún muchacho que ahora me resulta lejanísimo durmiendo con otra.

Antes estaba celosa y le tenía bronca, pero ya no.

El aviador

19 May 2008 En: Los otros

Fue una de las peores citas de mi vida. En realidad sé que me tocó lo que me merecía, por superficial.

Por haberle dado bola solamente porque me haría quedar bien frente a la más perra y envidiosa de mis amigas, que de hecho se puso celosísima y me odió por meses.

Él se parecía bastante a Orlando Bloom, así que es obvio que no le hice muchas preguntas antes de aceptarle la invitación a tomar un café. Además estaba mi amiga ahí y verla verde de bronca me volvio loca de placer. ¡No podía decir que no!

Me importó un pito que tuviera la voz chillona -tipo Susana Gimenez, una locura-, y que usara una remera de Ferrari con una gorra ídem. El pibe estaba buenísimo y ya.

Nos encontramos en un bar medianamente cerca de casa. Cuando llegué, él ya estaba ahí, y no se levantó para darme un beso. Cuando estaba corriendo la silla para sentarme, me miró con poco disimulo la cola, e hizo un gestito de desaprobación que noté al instante.

Me quedé igual. O sea, se parecía a Orlando Bloom. Me acuerdo que quise impresionarlo contándole que en ese momento estaba haciendo un programa de radio, y contestó que él radio no escuchaba. Ahí supe que se iría todo al demonio.

No sólo habló de sí mismo toda la tarde -cosa que me irritó muchísimo porque si hay algo que esencial en una cita es que te escuchen y piensen que sos adorable e ingeniosa- sino que era un mamerto world class.

>> Cito textual:

Elena
Che, ¿y vos que hacés de tu vida?
Orlando
Ahora nada, pero lo que quiero es casarme y tener hijos, viste…
Elena (Se parece a Orlando Bloom, quedo como una diosa en todos lados)
¿Cuántos años tenés?
Orlando
22, ya sé que estoy grande pero todavía no encontré a la chica ideal, viste, que le guste la familia… Todas quieren salir, están en la joda, viste, yo quiero encontrar a la madre de mis hijos, viste.

(¿Le recuerdo, lector, que era la segunda vez que lo veía? ¿viste?)

Elena
… aaaah… bueno, pero… ¿trabajás?
Orlando
No, estudié en el liceo militar ¿viste el liceo militar? … porque lo que a mí me encanta son los aviones. ¿No te encantan los aviones? A mí me encantan; poder estar en contacto con aviones fue lo mejor que me pasó en la vida, te lo juro.
Elena (Orlando Bluff)
….
Orlando
…No, bueno, y los autos. Los autos son mi verdadera pasión. Están primero que todo, primero que mis amigos, primero que mi vieja, primero que todo, son lo que más me gusta en la vida, viste.
Elena (¡Dios!)
Ah… sabés que yo había sacado el regist…
Orlando
Porque el auto es tu compañero, ¿entendés? No sabés qué increíble, la semana pasada me compré un control que va enganchado al volante para controlar el volumen del stereo desde ahí, ¡sin tener que usar los botones del stereo! Es que a mí me gusta ir escuchando a todo lo que da, le puse una potencia, no sabés los bajos que tiene, te retumba todo,viste…
Elena (Si tiene auto me puede llevar al Tigre a comprar canastos)
Che y volviendo a los aviones, debés haber viajado much…
Orlando
¡Siiií! siempre voy a la costa, con mis viejos, viste, ¡todos los veranos! En el auto, los llevo con el auto, te meto Buenos Aires-Mar del Plata en dos hora’ y cuarto, viste.
Elena (El tren a Tigre está bastante bien, igual)
Uy, me tengo que ir, es tardísimo…
Orlando
Te llevo, pero rápido porque me esperan en casa, mi viejo necesita el auto.
Elena
Nodejágraciasvoycaminandonosvemossuertehablamoschau
Orlando (chequeando las tacitas de café):
Ah, esperá, lo tuyo son 4,30…

En fin…¿Quién no ha tenido al menos una cita-fiasco? Lo único que esta experiencia me dejó como enseñanza es que es mejor viajar en colectivo o comprarme mi propia catramina y no vender mi alma a cualquier gilastro con movilidad propia.

>> Por qué el chango es mejor:

El chango no se parece a Orlando Bloom, ni tiene auto, ni maneja, ni entiende un pomo de vehículos, entonces me habla de otras cosas como películas, programas de televisión de los ‘80 y libros de César Aira. Cree, efectivamente, que soy adorable e ingeniosa y mira toda mi anatomía con amor. ¿Qué más se puede pedir?

Demás está decir que a mi amiga le dije que había sido la mejor tarde de mi vida y que de ahí habíamos corrido a matarnos a un telo y que Orlando estaba dotadísimo y estudiaba astronomía, había publicado varios papers y en su tiempo libre… era piloto.

Ilustración by Sandra
** Ilustración by Sandra

Los tontitos

16 May 2008 En: Diálogos conyugales

Él cambió de canal distraidamente, mientras ella se cubría el cuerpo desnudo, sinuoso, con las sábanas que ya tenían algunos días.

-No me entendés-, dijo con descuido ella. -Es cierto. No puedo hablar con vos- contestó él.

-Creo que deberíamos separarnos ahora, y no esperar más tiempo-, sugirió ella. Somos muy diferentes y… -Y esas diferencias se notan cada vez más.- completó él.

Él volvió a cambiar de canal, y ella se vistió rápidamente con la ropa que había al costado de la cama.

Cuarenta minutos antes, los cuerpos de los dos se habían enredado con la intensidad de quienes necesitan dejar algo atrás; pero ahora sólo quedaba la repentina lucidez que sobreviene al sexo.

- Porque tampoco es cuestión de seguir metiéndole fichas a algo que tarde o temprano va a fracasar.- siguió ella mientras volvía a meterse en la cama, tan lejos de él como se lo permitió el ancho del colchón.

- Tenés razón. Mejor terminar ahora.
- Es que tenemos proyectos de vida muy distintos.
- Estamos desconectados.
- Quizás esto fue una decisión apresurada.
- Nos equivocamos.
- No es culpa de nadie.
- Mañana arreglamos bien cómo hacemos con las cosas. Ahora tratemos de dormir.

El día les iluminó las caras sin pedir permiso. Es que ella tenía la irritante costumbre (irritante para él, a ella le parecía encantadora) de dormir con las persianas levantadas para que la luz del sol la despertara naturalmente y la llenara de energías.

Él se despertó primero, y ella lo siguió un instante después. Durante el sueño se habían movido, y ahora sus caras estaban enfrentadas y sus narices casi se tocaban.

Ella lo miró y sonrió. Él estaba muy despeinado y parecía un cantante pop de los años ochenta.

Él la miró y sonrió. Ella también estaba despeinada, y tenía los ojos hinchados a la manera glamorosa de las divas borrachas de hollywood.

- Pero yo te amo-, dijo él.
- Yo más-, dijo ella.
- No puedo vivir sin vos.
- Yo tampoco.
- Qué cagada…

Perpetrar la especie

14 May 2008 En: El mío, Reflexiones y confesiones

Dicen que un momento crucial en toda relación es cuando una ve a su pareja cuidar a un niño.

Aparentemente, este momento definiría el potencial de padre de nuestro hombre, cosa que movilizaría nuestros más básicos instintos de supervivencia y despertaria nuestra necesidad de preservar la especie. Y un potencial padre es mucho más atractivo que un tipo del que nos tendremos que hacer cargo. O algo así.

Tengo un amigo recién separado, por ejemplo, que siempre me cuenta que cuando sale con el nene y el cochecito a pasear por el barrio levanta mucho más que solo en un bar un sábado a la noche, así que debe haber algo de cierto en todo esto.

>> El Papito

Ayer estaba leyendo una revista femenina en un café cuando entró un pibe de treintaypico con una nenita rubia, llena de rulos, vestida con una pollerita rosa y cargando la mochila de Bob Esponja.

El joven padre sentó a la nena en la mesa y sacó de la mochila de Bob Esponja un montón de libritos de esos con dibujos en blanco y negro para pintar, y una bolsa de crayones, fibras, lápices y todo tipo de útiles escolares.

Pidió un licuado para ella, un café para él, y juntos se pusieron a pintar, divertidísimos.

La verdad es que a mí no se me movió un pelo, pero las cuatro minas de la mesa de atrás se volvieron locas y empezaron a cuchichear enseguida.

Mina 1
¡Miralo, por favor! ¡Me lo como!
Mina 2
¡Mirá lo que es la nena! ¡Me muero!
Mina 3
Él es un amorrrr ¡Están pintando juntos!. ¡Yo quiero uno así!
Mina 1
Ay chicas, todas tendríamos que tener uno así…
Mina 3
¡Es que ya no hay hombres! ¡A los que había ya se los agarraron las otras!
Mina 1
Por ahí es separado…
Mina 2
Si es separado lo quiero para míiii
Mina 3
Seguro la mujer era una loca, para dejar ir un tipo así ¡la nena lo adora!
Mina 4
¡Papitoooooo!

“¿Qué es todo este susanismo?” me pregunté desconcertada, y recordé la teoría de la preservación de la especie.

¿Es que todas tenemos un instinto maternal, no importa cuán oculto, que siempre está latente? ¿Me voy a poner así cuando cumpla las tres décadas? ¿Y cómo rankea mi concubino en este tema de la partenidad? ¿Él es el padre del hijo que aún no quiero tener?

>> Mi “papito”

- Dato 1
Al chango le encantan los chicos. Será porque le cambió los pañales a sus hermanas y ya la tiene clara, o quizás tiene que ver con que ya pasó hace tiempo los treinta y su reloj biológico -ellos también tienen- está haciendo tic-tac vertiginosamente; pero lo cierto es que los niños también lo aman.

Sus compañeras de trabajo dicen que él sería un padre maravilloso porque logra que dejen de llorar los bebés de todas y los hace dormir como angelitos.

Sin embargo, conociéndolo como lo conocen también ustedes, me lo imagino igual de nene que la criatura en sí.

La escena se desarrolla en mi mente como una película de Hallmark:

Son las diez y media de la noche, y el pequeño Ulises llega de jugar embarradísimo. Yo estoy asustada y quiero cagarlo a pedos, ponerle límites porque un hijo tiene que poder jugar y divertirse, pero no hasta cualquier hora y menos sin avisar dónde está.

El chango, que ni se percató de la ausencia del frutito de nuestro amor, escucha mis gritos (”¡Que sea la última vez que volvés tan tarde sin avisar, enano! ¡Me preocupé mucho!“), y lo llama: “¡Uli, vení, vení que papá sacó un tema con la guitarra!“.

El nene iría a los saltos, derecho a nuestra cama, y apoyaría las zapatillas embarradas en el acolchado celeste, fascinado por tener un papá tan divertido. Yo me haría mala sangre, y sería siempre la mala de la película.

- Dato 2
Ahora, lo llamativo es que hace un par de semanas él viene desarrollando un hobbie, que es retar mocosos ajenos por la calle.

El otro día, en el cine, dos retoños jugaban a bajar corriendo por la escalera mecánica que subía. El chango, indignadísimo, se acercó y le dijo a uno: “Papi, no es para jugar esto eh, es peligroso“.

Y el domingo pasado un purretito de esos tipo terremoto nos llevó puestos en la cuadra de casa, y él lo tomó suavemente del brazo y lo retó con seriedad: “¡Eeeh, campión, te tenés que fijar por dónde vas, te podés lastimar!“.

Los nenes siempre lo miran como si fuera un maniático que les va a quitar el ipod o algo así, le contestan “sísí, buenobueno” y salen corriendo en busca de algún otro adulto.

Analizando esta actitud veo que Él tiene sentido común y no va a dejar a nuestro bebito electrocutarse con un enchufe ni nada por el estilo.

- Conclusión
Por un lado conozco su costado infantil, pero por el otro veo potencial en la identificación de situaciones peligrosas para un niño.

Finalmente, con esta información no puedo determinar si este hombre puede ser el padre del hijo que no está en mis planes, pero tengo miedo que las otras mujeres sí y digan cosas babosas sobre él y se lo quieran levantar.

Por suerte no tiene hijos de concubinatos anteriores y no los puede usar para hacerse el divino, je.

Con una mano en el corazón, yo pensaba que el chango se adaptaría a un estilo de vida civilizado -el mío-, y que con el tiempo ambos estaríamos perfectamente sincronizados para llevar adelante un hogar inmaculado, respetando todas las reglas que a mí se me antojara imponer.

Según mis planes, los días transcurrirían suaves y perfumados en la calma bucólica de nuestro departamento suburbano, donde la factura del teléfono nunca se vence y la basura jamás larga olor. Él aprendería a elegir las ofertas en el chino, y yo dejaría de exigirle frenéticamente que no deje la remera en el piso del baño que acabo de limpiar con lavandina porque él se daría cuenta solo.

Pero hace unas semanas que parece estar sucediendo justo lo contrario.

>> Moni Argento (O Peggy Bundy, bueno)

Hay algunas “cositas” que hago ahora sin darme cuenta, que en otros tiempos me habrían parecido espantosamente paleolíticas, propias de un mamut peludo y bruto.

Basta con echar una breve mirada a mi lado de la cama para comprobar que no exagero. Hay una banquetita roja…bah, creo que es roja porque ya no se ve un milímetro de caño, cubierta por una masa informe de ropa hecha un bollo gigante, que se termina derramando por el piso, mezclándose con al menos cinco pares de zapatos diseminados aleatoriamente. Sobre mi mesa de luz hay bolsas, una guía T, un diario de noviembre 2007, pañuelitos de papel usados, un espejo y una pincita de depilar, una crema de manos llena de pelusa y un perfume para la ropa.

Haga lo que haga, ese sector escapa toda limpieza. Pasan las semanas y la ropa se sigue juntando hasta que decido lavarla, sin fijarme siquiera de qué prendas se trata o si me conviene meterlas todas en una sola tanda.

Sin ir más lejos, mientras escribo esto me sirvo el café directamente en la taza que dejé anoche para lavar, porque total ya estaba seca.

Y eso no es lo peor. El otro día me sorprendí a mí misma tomando gaseosa del pico al lado de la heladera, para bajar unos bizcochitos que me había comido… en la cama, leyendo el diario que había salido a comprar con el mismo jogging que uso para dormir.

¿Me estaré mimetizando con el monstruo derramador de café y fabricador de migas con el que vivo? ¡Encima ahora él me reta a mí!

>> El otro lado de la tortilla

Anoche llamó desde la cocina, entre sorprendido y enojado pero 100% serio:

“Mirá, tengo que hablar con vos. Todo bien con que no cocines todos los días y que no me planches las camisas pero estás de vacaciones y tenés toda la ropa tirada… ¿vos viste lo que es tu lado de la cama? Y no es sólo eso, dejás la ropa tirada por toda la casa, esto es un quilombo… están tus platos de ayer al mediodía sin lavar y vos ya sabés que si dejás los platos sin lavar de noche viene la cuca, y hay papelitos con mocos en todos lados ¡No podemos vivir en un chiquero! O sea, yo no puedo hacer todo ¿entendés?… el sábado pasado cociné y ayer limpié el baño… ¿vos que hiciste? Y por favor sacate mi remera de la Selección.”

Supongo que le podría haber contestado que es un irrespetuoso y que hice de todo como lo vengo haciendo desde que él vino a complicarme la existencia con sus hábitos higiénicos y alimentarios, pero lo cierto es que efectivamente hay carilinas mocosas en todos los ambientes de la casa.

>> Shrek y Fiona

Analizando esta situacion, me parece que el chango y yo somos como Shrek y Fiona. Shrek sabemos de movida que es un ogro oloriento de buen corazón, pero de Fiona creemos que es una princesita delicada hasta que finalmente descubrimos su verdadera identidad: ella también es una ogra olorienta de buen corazón.

¿Qué hago? ¿Me entrego a la mugre o vuelvo a poner los pies sobre la tierra -literalmente, la tierra, hace 20 días que no barremos- y empiezo a poner mi vida hogareña en orden nuevamente? ¿Y si mejor uso el laburo como excusa para no hacer nada más? ¿Puedo permitir que él me llame la atención a mí o es un chango caradura? ¿Le lavo las chombas o mejor me concentro en desenmarañar mi propio caos primero? ¿Soy, al final de cuentas, igual que él? ¿Y por qué me siento culpable? ¿Soy machista si me siento culpable?

Lo único que me consuela es que hoy a las 6 a.m. me despertó nerviosísimo porque no encontraba su DNI ni su tarjeta de crédito. Buscamos hasta las 7 pero no tuvimos suerte. Hace 10 minutos me mandó un mensaje diciéndome que tenía todo en el bolso.

Una persona que pierde su DNI siempre será más Shrek que yo… aunque últimamente yo guardo el mío en una bandeja de plástico de rotisería arriba del televisor…

¡Socorro!

Pájaro en mano in the media

9 May 2008 En: Uncategorized

Después del debut en La Capital, Pájaro en mano sigue haciéndose un lugarcito en los medios.

Gracias Marie y Melianushka por avisarme que salimos este mes entre los recomendados de la revista Elle… ¡Tuve que blanquear con el chango, que ahora se enterará de todo lo que estuve diciendo de él!**

También pueden encontrar una notita en la revista Las Rosas, donde mencionan a las lectoras de este blog (¡Digo cosas lindas de ustedes, chicas!). La revista pueden leerla online, y en unos días estará disponible para descargar en .pdf.

Gracias a todos por acompañar a Pájaro en mano, y ¡que sigan los calzoncillos sobre la mesada!

** Update: Una lectora me pregunta qué dijo el chango cuando le conté sobre este blog… Bien, gente, el chango no dijo nada, porque cuando le conté él estaba chequeando los mails y dejó de prestarme atención a los tres segundos. No tengo idea de si me escuchó o no, pero yo por las dudas no dije nada más; ¡me arrepentí…!

El otro día escuché una conversación telefónica entre uno de mis amigos y su concubina. No sé qué le estaba contando ella, pero por toda respuesta obtuvo una combinación de “¿Y?”, “¿Entonces?” y “¿Para qué me contás esto?” que me llamó mucho la atención.

Cuando le consulté, él me explicó que otra vez su novia le estaba taladrando la cabeza con no-noticias.

¿Qué son las no-noticias? ¿Por qué irritan? ¿Es que los hombres no saben escuchar o somos nosotras las aburridas? ¿Cómo las identificamos? Ahondemos en el tema.

>> Puro Bla Bla

Las no-noticias, definía mi amigo, son comentarios de escasa relevancia y nulo interés que las mujeres parloteamos incesantemente cual loritos fuera de control y que en el 90% de los casos fastidian a los hombres hasta el límite de lo soportable.

A simple vista notamos dos problemas:

En primer lugar, como normalmente estamos convencidas de que nuestro relato es apasionante, nos ofendemos cuando nuestro interlocutor no formula respuesta alguna y es muy usual que se desencadenen algunas discusiones del estilo “vos nunca me escuchás cuando te hablo” o “en esta relación yo estoy pintada, estoy cansada de que me ignores“. Esto confunde y desconcierta a nuestro sujeto, que hasta ese momento estaba sentado mirando el catálogo de Sony tranquilamente.

Por otra parte ¿por qué nunca se quejan? ¿No creen poder tener conversaciones profundas y llenas de significado con nosotras? ¿No vale la pena intentarlo?

Aparentemente, estimadas, ocurre que al final del día nuestra voz tiene el mismo impacto en nuestro muchacho que el zumbido de la heladera o el ruido del lavarropas centrifugando: lo oyen, pero no tienen idea de qué es.

>> Algunos ejemplos de no-noticias

Para solucionar este dilema que, según descubro, aqueja a la mayoría de las parejas, es necesario que identifiquemos qué tipo de narración constituye una no-noticia. Veamos algunos ejemplos:

1- “¡Estoy tan cansada! Hoy quería comprar harina integral para hacer un pan multicereal y fui al chino pero no había, y después iba a ir a coto pero estaba tan lleno de gente que al final no fui y encima caminé como veinte cuadras. Iba a comprar uno en la dietética pero cuando llegué ya estaba cerrado”.

Esto es una no-noticia porque no importa en lo más mínimo que hayamos querido comprar la harina. Ellos no tienen el pan sobre la mesa, ni tampoco un tarro con dulce casero para el caso, así que el periplo supermercadil les resulta completamente irrelevante.

2- “Me quiero comprar unas botas, pero no sé… ¿de caña alta me conviene? Porque yo no uso pollera. ¿Vos pensás que yo podría usar pollera? Maru tiene una buenísima pero es violeta, tendría que ir con unas botas negras o violetas. ¿Qué hago, me compro unas botas violetas? Ah, no sabés, hoy mi vieja tenía puesto un sweater pre-cio-so, tejido grueso con todalaonda re ochentoso…¡Con unos botones cuadrados divinos grises! ¿Y botas grises? ¿Te gustan las botas grises?”

Aquí no sólo estamos ante la presencia de una no-noticia, sino que caemos en el terrible error de pretender una respuesta por parte de nuestro hombre acerca de un tema tabú como lo es la moda. Ellos a duras penas saben la diferencia entre un pantalón de vestir y un jogging así que es inútil pedirles que identifiquen colores como el “petróleo” o el “uva”, o que reconozcan telas como el terciopelo o la pana. Lo único que conseguimos es marearlos.

En este caso es mejor ir con dos opciones muy simples, e indicarles cuál queremos que elijan, a saber: “¿Me compro botas grises o violetas? Las grises van con todo”.

3- “….Entonces José Luis se puso medio mal y dijo que esto no podía seguir así, que todos teníamos que ponernos a laburar por igual, y entonces Pipi se largó a llorar, porque ella esta semana no cumplió las horas y ahora piensa que la van a rajar, ah, porque aparte ahora José Luis está encantado con Andrea, la asistente que empezó hace cinco días y ya se cree la más diosa indispensable, es una atorranta, se viene a la oficina con unas polleritas que no sabés lo que son, todos los tipos la miran y Pipi se quema la cabeza de celos porque… ah, vos sabés que entre ella y José Luis pasó algo hace un tiempo ¿no? ¿Te acordás que te conté?”

Un hombre promedio no sabe quién es Pipi, no se acuerda si José Luis es tu jefe o el encargado del edificio, no puede precisar de qué trabajás ni dónde queda tu oficina, ni se acuerda de nada que le hayas contado en otras ocasiones. Sí puede saber que hay una que tiene buenas gomas y otra que parece que hizo un trío con dos de ahí, pero esa es toda la información que es capaz de retener. Y está perfecto.

Así como todos odiamos que nos cuenten sobre programas de televisión que no vemos, a nadie le importan las historias de gente que no conoce ni vio jamás. Los chismes de trabajo sólo se comentan con gente del trabajo. Con él hablá de Prison Break.

>> El agravante

Me corresponde hacer un gran mea culpa y aceptar que casi todo lo que le cuento a mi concubino cuando llega a casa a la noche entra en la categoría no-noticia.

Sin embargo, si bien me encanta compartir con él miles de narraciones soporíferas y sé que debo agradecer que él las escuche con dignidad, quiero también un poco de crédito.

El chango se crió con su madre, tres hermanas y veinticinco tías así que es un especialista en no-noticias. No en padecerlas, sino en contarlas él mismo, con una vuelta de tuerca típica de su estilo chillón.

Mientras nosotras simplemente enumeramos los hechos porque creemos que son intrigantes per se, él los agranda, los magnifica hasta hacerme creer que esa es la historia más fascinante jamás contada.

Sin ir más lejos, anoche llegó excitadísimo del trabajo y se despachó con esta anécdota:

“¡No te imaginás lo que pasó hoy! ¡Fue LO MÁS! Resulta que estábamos todos tomando café ¿no? y viene Sofía y nos dice ‘Ustedes siempre tomando café, parecen empleados públicos’ y todos se quedaron callados. Y ahi yo agarré y como nadie sabía qué decir dije… escuchá lo que dije, no lo vas a poder creer, dije… estaban todos escuchando porque estaban todos descolocados, porque Sofía trajo ella misma la cafetera el viernes pasado… dije… ’si fuéramos empleados públicos tomaríamos mate, pero como acá nunca hay yerba….’ ¡Y todos se morían de risa MAL!”

>> Justificación y compromiso

La verdad es que si nos limitáramos a decir cosas de interés -para ellos- estaríamos calladas el 80% del día, y yo no puedo estar callada, eso está fuera de toda discusión.

Además, por más intelectual y subyugante que sea una mujer, ninguna escapa al amor por la ropa, los chismes y la expresión oral desmedida.

Sí reconozco, sin embargo, lo mucho que irritan las no-noticias, así que estoy dispuesta a disminuir al mínimo su uso.

Por otra parte, no exijo respuestas ensayísticas. Ni siquiera demasiado coherentes. Con que el chango asienta con la cabeza me alcanza, y me parece un intercambio justo, si consideramos que yo debo prestarle atencion a las peroratas de una hora y media que sostiene con sus amigotes sobre si Riquelme distribuye el juego o es un muerto.

Así que mujeres, si bien no hemos de permitir que nos coarten nuestro derecho a hablar de más y sobre cualquier cosa, debemos tener en cuenta que una feliz convivencia tiene mucho que ver con una relación conversación-silencio eficiente y balanceada.

Las invito.

Las desafío.

Una terrible afección

5 May 2008 En: De hombre, El mío, Nidito de amor

Las dos cosas que más le gustan a cualquier hombre, además del sexo y la televisión, son comer y dormir.

No me importa que me acusen de simplista. Así como los bebés lloran de hambre o de sueño, los hombres experimentan un terrible disconfort si se ven privados del descanso o la comida.

Mi papá, por ejemplo, no cambia por nada del mundo su ritual de comer tostados en la cama mientras mira History Channel hasta quedarse dormido con el plato sobre la panza y la barba llena de migas. Mi abuelo, en cambio, no podía mantenerse en pie sin cuarenta minutos de siesta diarios. Y ni hablar de mi tío, que aun hoy se levanta las diez de la mañana. Mis amigotes, por su parte, organizan asados y encuentros con pizzas y bolsas de papas fritas una vez por semana, mientras que mi hermano se desespera por los alfajores de nuez que le trae su novia de Mar del Plata.

Como no podía ser de otra manera, mi concubino combina todos esos vicios. Y cuando digo combina quiero decir que los experimenta todos juntos, miren si no lo que pasó una noche de la semana pasada:

>> Martes - 20:00

El chango se queda dormido después de chanchear. Como no sé cuándo se va a despertar y no quiero ponerlo de mal humor, me visto y aprovecho para adelantar algunos trabajos y ordenar un poco la casa.

>> Martes - 20:45

El chango se despierta y grita desde la pieza:

Chango:
¿Está la comidaaaa?
Elena:
No, mi amor, estabas durmiendo. ¿Para qué iba a hacer la comida si no sabía si ibas a querer comer?
Chango (chinchudo)
¡Pero tengo hambre! ¡Quiero comer AHORA!
Elena:
Ay, bueno, bueno…¡YA preparo algo!

>> Martes: 20:47

Improviso con unas milanesas del freezer, un puré instantáneo y unos tomates con orégano, al ritmo de los ronquidos del chango, que se ha vuelto a dormir.

>> Martes: 21:20

Con la comida en la mesa, me acerco a la cama y, suavemente, le toco el hombro:

Elena (en delicado susurro):
Amorcito…
Chango (en violento sobresalto):
¿QUÉ? ¿QUÉ PASA?
Elena:
Nada… está la comida…
Chango (irritado):
¿No ves que estoy durmiendo? ¡Por favor! ¡No ves que estoy DESCOMPUESTO DE SUEÑO!

Quisiera contar que le revoleé las milangas por la cabeza al grito de “me tenés harta, salvaje”, pero en cambio puse todo en una bandejita y se lo llevé a la cama.

Perdón, feministas del mundo…

LA decisión

1 May 2008 En: Reflexiones y confesiones

“Cuando nos conocimos vos me deslumbraste, pero yo no me quería enamorar así que por eso no te dí bola”.

Eso me dijo mi concubino anoche cuando hablábamos de todo lo que pasamos juntos hasta llegar a donde estamos ahora.

Mi experiencia en cambio fue bien diferente. Yo me quería enamorar, y me quería enamorar DE ÉL. Quería ir al cine con él, hablar con él de canciones y artículos de revistas y llevarlo a comer con mi mamá.

Él se dio cuenta, se asustó y me tuvo dando vueltas casi un año hasta que se decidió a estar conmigo. Recién entonces pudimos empezar algo, porque hasta ese momento todo era histeria. A los dos nos pasaban cosas, pero sólo uno estaba dispuesto a dar el gran paso.

¿Hasta qué punto el éxito de una relación está determinado por la simple voluntad de que las cosas funcionen? ¿Es enamorarse una decisión conciente?

Entiendo que al principio no. Cuando uno está empezando a conocer a alguien se deslumbra y pierde el control de sus emociones. El mundo gira alrededor del otro y todo, todo se ve a través de lo que el otro dice o hace.

Recuerdo haber pasado noches enteras tratando de descifrar las frases del tipo que me gustaba, para ver si él sentía lo mismo, si había esperanzas o si lo mejor era olvidarme y buscar a otro. Y ni hablar del tiempo que invertía en arreglarme, perfumarme y ponerme mi mejor pilcha todos los días por si llegaba a cruzármelo en algún lado.

Y esto pasa a todas las edades. Las adolescentes van al mismo boliche que el muchachito que les quita el sueño, y las de treinta leen el mismo libro que el hombre que las desvela, y toman el café en el mismo bar que él a la espera de que algún día…

Una amiga mía, por ejemplo, dice que cuando piensa en su novio se emociona y llora porque lo quiere “demasiado”, y cada vez que él le nombra a alguna amiga o compañera de trabajo la invaden unos celos irracionales que no la dejan dormir.

Aún así, esta etapa dura sólo algunos meses. Después idealización se lava, las hormonas se calman y lo que quedan son dos personas que ya se conocen bastante, pero que todavía tienen un largo camino por recorrer.

Esta es siempre mi parte favorita, porque si bien uno choca un poco más con la realidad, aún no cae en el acostumbramiento. Por un lado siento que tengo un compañero y que confío en él, pero sigo teniendo cosas por descubrir. Me siento seducida a un nivel más profundo. Acá es cuando empiezo a tener sexo con amor, y todavía creo que son adorables los defectos de mi muchacho.

De ahí pasamos directamente a la próxima fase, que es la más complicada porque uno ya le conoce todas las mañas al otro y se empieza a irritar.

El tren de la seducción se adormece, y la pareja cae en la desolación del día a día. Siempre hacemos lo mismo, comemos en los mismos lugares y vemos la misma clase de películas. Nosotras dejamos de depilarnos con tanta dedicación, y ellos comen más o no se afeitan para vernos. Las conversaciones se hacen un poco más monótonas, y lo que antes nos parecía encantador ahora nos llena de ira.

Sin embargo no siempre nos separamos. ¿Por qué?

Porque tomamos “la decisión”. Nuestra pareja es un desastre, tiene celulitis o las tetas caídas o granos o ronca o cocina mal o grita mucho, pero sabemos que no podemos vivir sin ella.

Y es que si hay algo que aprendí estando en pareja es que los grandes momentos se alternan con los momentos de mierda, y los primeros sólo cobran importancia con ese contraste. La vez que mi concubino viajó una hora para sorprenderme con comida judía porque sabía que yo nunca la había probado, por ejemplo, es mucho más maravillosa cuando pienso que dos días después trabó el tambor del lavarropas por meter los jeans con las monedas en los bolsillos.

Hay que aferrarse a lo bueno para tolerar lo malo, y eso requiere de todo nuestro empeño.

No es que yo sea escéptica respecto del amor, al contrario. Si el chango se va y yo no tengo que lavarle nunca más el calzoncillo me mato; lo que quiero decir es que uno decide construir con el otro, en vez de irse con alguien nuevo para vivir la excitación de los primeros momentos nuevamente.

Las relaciones que valen la pena son las que pasan por épocas de rencor, aburrimiento y enojo para después concentrar sus energías en que todo esté bien otra vez, porque sencillamente no puede estar de otra manera. Si todo es siempre igual nos marchitamos, porque lo opuesto al amor no es el odio sino la indiferencia.

El chango es desordenado, gritón, pedante, charlatán, descuidado, egoísta; pero también es divertido, cariñoso, inteligente, creativo, paciente y talentoso. Lo amo y lo odio, todo al mismo tiempo.

Mejor dicho, decido amarlo y odiarlo, porque no concibo la vida sin él.

Pero porque YO quiero.

¿Está claro?

Sobre este blog

Basta de blogs de ingratas minas solas. ¡Estar felizmente en pareja es mucho peor! elenapaoloni@gmail.com