El bicho te come

1 Abr 2008 En: Diálogos conyugales, El mío, Nidito de amor

Estoy por hacer una ensalada. Como plato único, no para acompañar un bife, como quisiera él porque “ensalada no es comida, es guarnición y para eso prefiero papa“.

Saco de la alacena un bol de cuando mi mamá era soltera y lo dejo apoyado en la mesada un instante mientras corto los tomates.

Cuando vuelvo a agarrarlo veo un bicho horrible, gigante horrible, horrible amenazándome desde adentro y, con el bol todavía en la mano y presa de un pánico irracional, salgo disparada a la pieza, donde él habla por teléfono en calzoncillo.

Elena:
¡Chango mirá este bicho horrendo por DIOS SACALO del bol!!!
Chango:
(al teléfono) …a ver, esperá que Elena está gritando… (A mí) Ay mi amor, por favor, es un grillo. ¡No te va a hacer nada! (Al teléfono) Pffft, nada, Elena, haciendo un escándalo por un bichito, ahora te llamo(click).
Elena:
Bueno pero ¡SACALO!
Chango:
No seas maricona, querés, sacalo vos al balcón y que se vaya tranquilo, ¡no seas nena!
Elena:

(En silencio, deposito el bol con el monstruo sobre la cama, justo a su lado)

Chango:
¡¡¡¡AAAAAHHH!!! ¡¡¡NONONOSACALO QUE VA A SALTAR EN LA CAMA LLEVÁTELO LLEVATELO!!!! ¡¡AL BALCÓN TE DIJE, AL BALCÓN!!!

Conclusión: Él es nena.
Conclusión 2: Necesito otro bol. Ese quedó en el balcón.
Aclaración: Ni idea qué pasó con el grillo

Diccionario Hombre-Español Español-Hombre (I)

31 Mar 2008 En: De hombre

Todos sabemos que cuando una mujer dice “no me pasa nada”, en realidad quiere decir “me pasa todo, te odio, date cuenta y pedime disculpas de rodillas ya mismo o me voy a vengar de la manera más terrible, porquería apestosa, sos lo peor del mundo”.

Pero ¿quién podría decir con exactitud qué se esconde tras ese inocente “dejá, yo me arreglo” de un hombre?

¿Qué extraño significado tienen las palabras “ahora lo hago” para estos enigmáticos personajes?

Mi intensa experiencia en hombres me ha permitido recopilar las más crípticas expresiones que Ellos utilizan a diario convencidos de que hablan perfecto castellano.

Estas frases no significan en absoluto lo que nosotras, racionales mujeres, suponemos; y es necesario que aprendamos a interpretarlas correctamente para evitar malos entendidos y brotes abruptos de síndrome premenstrual.

Así que en un esfuerzo sin precedentes, Pájaro en mano presenta la primer entrega del Diccionario Hombre-Español Español-Hombre, para que dejemos de analizar todo mil veces y vayamos a lo simple, digo a lo hombre.

1.
Hombre: “Es más rico cuando lo hacés vos”
Español: “No sé hacerlo, atendeme”

2.
Hombre: “Elegí vos, que tenés buen gusto”
Español: “¿Qué mierda es chenille?”

3.
Hombre: “¡Te queda perfecto!”
Español: Sí, sí el “bolerito”, ¡vamos de una vez!”

4.
Hombre: “Te dije el otro día, pero no me prestaste atención”
Español: “Me olvidé de decirte pero no quiero quedar como un boludo que se olvida del cumpleaños de su vieja”

Cuando Concubino conoció a Concubina

29 Mar 2008 En: Nidito de amor

Cada vez que alguien me cuenta cómo conoció a su novio/a, me imagino al principio que será una historia encantadora, llena de malos entendidos, chistes internos, casualidades y un final totalmente rosa, estilo Sintonía de amor, o Tienes un e-mail. No puedo evitarlo, a veces soy una perdida naif.

Sin embargo, la mayoría de las veces, la cosa va más por el lado de “nos conocimos en el baile“, o “ella era amiga de la hermana de mi amigo“, o “trabajábamos juntos en el call center“, etc.

Mi historia tampoco es de película, ni muchísimo menos. ¿Y saben qué? eso no tiene nada de malo. Así que aquí va, sin photoshop.

La noche que conocí a mi concubino fue como cualquier otra noche. Habíamos ido con unos amigos en común a un recital de una banda que no nombro porque no sé si ahora es canchera, y yo, que no lo conocía, le presté bastante atención. La novedad fue que me enamoré de él a los dos segundos, después de escuchar el diálogo que cito a continuación:

Amigo X: Ay, ¡el pasado ya fue!
Futuro Concubino: Eso es tautológico

Más adelante comprobaría que él dice tautológico todo el tiempo, pero en ese momento me pareció lo más. Tenía que hablarle, tenía que llegar a conocer al hombre que había usado esa palabra en la puerta de un boliche. Dios, le dije lo más interesante que se me ocurrió:

Elena: ¿Te gustan mis zapatillas?
Futuro Concubino: Sí, qué buenas
Elena: Tienen lentejuelas, ¿ves?
Futuro Concubino: Sí, qué locas

…en fin, bueno, la mía es una más entre miles de historias de miles de parejas, y lo bueno vino después, como cuando llegás al centro del bon o bon.

Ayer encontré a las susodichas en el fondo del placard y se las mostré.

Elena: ¿Te acordás de cuando nos conocimos, que yo te pregunté si te gustaban estas zapatillas?
Concubino: Si, me acuerdo, son horrendas
Elena: ¡Me dijiste que te gustaban!
Concubino: Era porque me di cuenta de que me querías levantar

Estás trabajando en la PC cuando él decide hacerse un té. Lo dejas, porque consideras que un té es una tarea acorde a sus capacidades. Confiarás en él.

Él
¡No hay azúcar!

Sí hay, compré el martes.
Él
¡Bueno, se acabó!

No, no, tiene que haber, buscá en la alacena!
Él
¡Estoy buscando en la alacena y no hay más!

Pero sí, mi amor, hay.

> Si eliges ir a buscar tú misma el azúcar para que te deje de hinchar las bolas, lee 1.
> Si eliges darle las indicaciones necesarias para que la encuentre él mismo, lee 2

1-
Te levantas de tu silla, caminas hasta la cocina. Pasas por al lado de tu concubino y abres la alacena. Extraes el paquete de azúcar y se lo das, intentando que en tu rostro no se dibuje una expresión triunfante.

Él
¿No me podías decir dónde estaba directamente?

Así es más rápido, es lo mismo.
Él
No, no es lo mismo, porque después te quejás de que yo no hago nada ¡pero no me dejás! ¡Querés hacer todo vos para sentirte superior! ¡Me tratás como un nene!

> Lee 3

2-
Respiras hondo. Tendrás paciencia. Si un hombre tiene hambre no le des un pez, enséñale a pescar.

Él
No, no hay, te digo que se terminó!

Fijate en la alacena de arriba de la pileta, en la puerta de la izquierda, abrís y hay un frasco de vidrio transparente con flores rojas. Atrás del frasco hay un paquete de fideos tirabuzones, y al lado está el azúcar. Fijate que tiene que estar bien a la vista. Es una bolsa transparente, con azúcar, marca Chango, justo al lado del paquete de fideos ¿lo ves?
Él
¿Qué soy, estúpido? ¿Pensás que no puedo encontrar un simple paquete de azúcar? Me decías que estaba en la alacena y listo. ¡No se puede vivir así! ¡Me tratás como un nene!

¿Lo econtraste?
Él
…no.

Te levantas de tu silla, caminas hasta la cocina. Pasas por al lado de tu concubino y abres la alacena. Extraes el paquete de azúcar y se lo das, intentando que en tu rostro no se dibuje una expresión ligeramente irritada.

Lee 3

3-
Descubres que jamás podrás ganar en este tipo de situaciones. Harás el té la próxima vez. Él te tocará la cola mientras llenas la pava.

La cucharada de moco

26 Mar 2008 En: El mío

Confieso que siempre tuve la terrible sospecha, pero nunca pude confirmarla.

Desestimé los indicios una y otra vez como quien no asume que ha ganado peso ante el pantalón cada vez más ajustado.

Y con toda honestidad -ingenuidad- yo pensaba que lo que mi concubino busca en una mujer, lo que verdaderamente lo seduce, es una delicada distinción, un sutil sentido del humor, una elegancia natural, una inteligencia aguda y certera, una belleza tranquila y apacible, un perfecto equilibrio entre suavidad y firmeza…

Pero, claro, estaba meando fuera del tarro. Grosso.

Siempre tuve la oscura sospecha, pero nunca pude confirmarla hasta hoy, que lo ví babearse viéndola en la tele, seguramente imaginando las peores perversiones: Una cacatúa gritona pintarrajeada como una tía soltera.

No hizo falta que dijera nada. Estaba todo muy claro.

A él, damas y caballeros, lo calienta Cristina Kirchner.

Por encima de la(s) media(s)

20 Mar 2008 En: El mío, Nidito de amor

Hace poco descubrí su calzoncillo en la mesada de la cocina. Ahora la situación se puso mucho peor.

Parece que las medias de mi concubino se multiplican como gremlins mojados después de medianoche. Hay medias al lado de la cama, entre las sábanas, sobre la mesita del living, en el piso del baño junto al toallón mojado y al lado del lavarropas (porque él deja todo tirado, pero tiene buenas intenciones, no crean que es un zángano sin remedio).

Las primeras dos, tres semanas, las junté diligentemente y las lavé, las colgué, las hice rollito y se las puse de vuelta en el cajón. Pero ya no aguanto más. Me siento como la mamá de Mafalda en esa tira en que ella está como loca barriendo, aspirando, lavando, planchando, y Mafalda le pregunta “Mamá, ¿qué te gustaría ser si vivieras?“. Yo soy una joven profesional, ¿por qué tengo que ser también ama de casa full time?

No sé qué hacer. Un par de veces traté de pedirle cordialmente que no dejara todo tirado y los diálogos son más o menos así:

Elena:
Amor, no te quiero molestar pero está todo un poco desordenado y yo estoy un poco cansada del laburo, es tarde y…

Él (mirando la tele en calzoncillos. Click, click, click)
¡¡Seeeeeeeeeeeh!! ¡¡El señor de los anillos!!!

Elena
Entonces si pudieras poner las medias sucias en el canasto que dejé en la pieza…

Él (tele)
….

Elena (paciente)
¿Podrá ser? No te cuesta nada, por mí, ¿sí?

Él
….

Elena (hmphgrrr)
¿Me estas escuchando… amor?

Él
Sí sí. ¿Qué me decías?

Elena
Que si por favor podrías poner las medias sucias en el canasto que dejé en la p…

Él
UUUUHEsta parte es genial, Aragorn sale con el caballo ¡¡mirá lo que es!!! ¡¡¡UOOOOOOOOMUERANORCOSSSS!!

Elena (yo tendría que haber sido docente…)
Bueno, ¿entonces vas a poner las medias en el canasto, vida?

Él

Elena

Él
¿Qué? ¿Qué me decías?

Elena (… o quizás no)
QUE ME TENÉS HARTA CON EL QUILOMBO Y QUE PONGAS TUS MEDIAS DEL ORTO EN EL CANASTO DE LA PIEZA ¿PODRÁ SER O ESTARÁS MUY OCUPADO CON EL CONTROLITO?

Él
Uuuuuh qué histérica….

Elena (por lo bajo, yéndome)
Estúpido.

Y no es que no haya hecho nada para solucionar el problema: Un par de veces intenté dejar todas las medias en el piso hasta que a él se le acabaran las limpias y tuviera que sí o sí ponerlas en el canasto para que yo las lave, pero no hubo caso. Quedaron los mismos seis pares diseminados por toda la casa por más de 12 días.

Debe tener muchas, muchas medias el muy bribón.

¿Es Elite?

18 Mar 2008 En: De hombre

Desde que vivo en concubinato jamás puedo usar el baño porque siempre está ocupado.

Esto me irrita un poco, porque usualmente se bromea sobre cómo las mujeres pasamos una eternidad en el toilette, arreglándonos, depilándonos, haciéndonos el brushing, pasándonos crema por las piernas, cuando en realidad son ellos los que monopolizan con descaro el lugar más importante de la casa.

Lo cierto es que luego de cronometrar minuciosamente los minutos que él y yo invertimos en ese recinto, él me gana con creces.

Para empezar, los hombres se la pasan cagando. No hay con qué darle; hacen caca por lo menos cuatro veces al día: una a la mañana, una después de almorzar, una a la tarde y una antes de ir a dormir. Ese es el ritmo de desagote de mi chango, que encima tiene el hábito de leer y escribir en el trono, lo que incrementa cada visita un promedio de cuarenta y cinco minutos. 

Hay tantos hábitos en el WC como hombres en el mundo. Algunos, los más discretos, abren la canilla para que no se oigan ruidos tremebundos. Otros se van con el ipod y cantan a viva voz temas de Los Beatles o algún clásico banana.

Y hablando de músicos, una amiga mía siempre se queja de que su marido se lleva la guitarra al baño y practica ahí, “porque tiene una acústica increíble“. ¿Alguien puede imaginarse cosa semejante? Me preocupa un poco, porque nosotros tenemos un bombo…

También hay quienes juegan con el celular o hablan por teléfono con sus amigotes, y existen los verdaderamente prolijos, que se cortan las uñas de los pies y las tiran por el bidet. (N. de la R.: Sólo el 0.07% de los hombres argentinos realiza esta práctica en el baño. El resto lo hace en la cama, sobre la mesita del living o en el escritorio, frente a la compu. Esos son los lugares donde, según varias encuestas, la mayoría de las mujeres encuentra misteriosos desprendimientos con forma de medialunita blanca traslúcida.)

Algunos tiran poett, otros recurren al fósforo y otros dejan todo al natural.

Pero hay algo que ninguno hace ni hará nunca, algo impensable, indecible, cuya sola evocación produce risa:

Ningún hombre, señores, cambiará jamás el rollo de papel higiénico.

Contigo pan y pan

13 Mar 2008 En: Nidito de amor

Tengo 45 minutos libres. Estoy otra vez en el chino, comprando otra vez los ítems que conforman la misma lista, lista que se ajusta a mi presupuesto de monotributista como unos panties de lycra, sin dejar nada a la imaginación.

Soy rápida. Lleno mi changuito con la eficiencia de quien hace mucho realiza la misma tarea, y no me detengo en las góndolas de impulso, como golosinas, vasos, tupperware, toallas, que por otra parte en el chino nunca hay.

Y los veo. Encantadores. Empalagosos. Con el cartelón de “recién juntados” en la frente, deteniéndose cada quince centímetros, cada quince segundos:

- Gor, ¿llevamos mayonesa?
- Dale gor, ¿cuál llevamos?
- ¿Esta o la Hellman’s?
- Esta… o no, mejor la Hellman’s…. sí, sí, la Hellman’s
- ¿Con qué la usamos?
- ¿Hamburguesas tenemos?
- Si, quedaron dos del martes
- ¿Llevamos una grande o una chica?
- Y, no sé… ¿para dos hamburguesas alcanza una chica?
- ¿Y ketchup…?

Nunca entendí a esas parejas incapaces de repartirse las consignas. No le veo el sentido a hacer todo juntos siempre, como si cada pequeña empresa de la vida cotidiana fuese una gran aventura que tenés que compartir con el amor de tu vida. ¿No es una pérdida de tiempo? ¿No es mejor que uno haga las compras mientras el otro limpia el baño, así los dos pueden después tirarse a mirar una película?

Ojo, cuando recién nos habíamos mudado juntos, a mí también me parecía absolutamente romántico hacer las compras de a dos, pero las complicaciones empezaron enseguida, cuando yo agarré La Suipachense y él La Serenísima, y todo se puso más aún más áspero diez minutos después:

- Disculpame, ¿cuánto tiempo más pensás leer las etiquetas de las mermeladas?
- Disculpame vos, pero todas las baratas tienen ciclamato, estoy tratando de salvarte del cáncer.
- Comprá cualquiera.

Yo ya aprendí. Ahora mi pareja funciona como un reloj. Yo hago las compras, me encargo de la comida y de los productos de limpieza; elijo producto, marca y precio, mientras él hace migas en la cama y después se duerme con la tele prendida. Ahí está. Perfecta división de tareas.

La culpa ES del chancho… ¿no?

11 Mar 2008 En: El mío

No sé si es una característica propia del espécimen que me tocó en suerte, pero Él siempre se está quejando de lo gordo que está.

Vive haciendo planes que jamás concretará, del estilo “este mes empiezo la pileta”, o “voy a jugar a la pelota con los chicos una vez por semana”, y habla de ellos todo el tiempo, como si la sola mención de un partido de fútbol le hiciera quemar 700 calorías.

Y la falta de voluntad no se limita a la actividad física –convengamos que ya se sabe que es vago, porque el control remoto es una extensión de su mano- sino que es como un pichicho que se come todo lo que le ponés en el plato. Si hay una milanesa, come una; si hay seis, come seis. Si abre la heladera y hay jamón y queso para hacer una tarta, se hace tostado y lo baja con un litro de coca.

Cada vez que se pesa jura que se terminó, que él le ganará la batalla a los kilos, que se va a poner bien bueno, que se convertirá en un machote latino bomba sensual para mí y para todas…

Y yo digo que está bien, que le voy a hacer ensaladas y carnes magras, que se acabaron las facturas el domingo a la mañana, que basta de chocolatitos para acompañar Lost…

El tema es que no puedo resistirme a mimarlo con alguna cosita dulce cada vez que se porta bien, o nomás porque es lindo y tiene los cachetitos suaves y me gusta cómo se ríe, y entonces después pasan estas cosas:

- Te dije que estoy gordo, que quiero bajar de peso ¡¡Y comprás dulce de leche!! ¡No me respetás! ¿Me querés matar? ¿No sabés que si está ahí lo voy a comer?
- ¡Pero es light! Podés comer una cucharada por día, untada en una tostada de pan negro en el desayuno…
- Yo lo como solo.
- Bueno, una cucharada tiene 56 calorías.
- ¿Cuánto?
- 56.
- Ah… me comí como 500

¿Quién tiene la culpa de que él esté rechoncho? ¿Yo porque dejo un pote de dulce de leche light en la heladera, o él que se lo come completo en una tarde? ¿Yo que le hago ensalada de frutas o él que se va a comprar un cuartito de crema americana para ponerle encima? (“¡Copa melba!”)

Si la culpa es de él, que no perdona un alfajor, ¿por qué me siento responsable? ¿Será que a mí me gusta así, panzoncito? ¿Es porque inconscientemente quiero ser la más linda de la pareja? ¿O es que así me aseguro doblemente que no me deje, porque: a) a las chicas no les gustan morruditos y b) le doy de comer entonces me ama porque establece una relación básica del orden: mujer–comida-amor?

Lo peor es que le compro yogur entero.

Nostradamus

29 Feb 2008 En: Nidito de amor

Cuatro días de perfecta convivencia.

Desayunamos juntos, después cada uno se va a su trabajo, y nos reencontramos a la noche a conversar lo que nos quedó después de las tres o cuatro llamadas que nos hicimos durante el día, porque “te extraño” y “tengo ganas de verte, mi bomboncitolindohermosointeligente”. 

Cuatro días de elogios a mis aptitudes para la cocina, y de alabanzas interminables al placer de dormir abrazado a un cuerpo caliente que no sea la bolsa de dormir, que por otra parte he abandonado vilmente como una mala amiga que se va con un chongo cuando vos necesitás consuelo porque un señor te dijo “gorda” por la calle.

También fueron cuatro días de cuidado intenso del hogar, de limpieza, de orden, de compromiso, de no ponerse el jogging ni bien se llega a la casa, de no desterrar remera de Oasis del ‘98 con manchas de lavandina. Hay que cuidar los detalles para mantener la magia. 

En estos cuatro días me perfumé para ir a dormir, y atiborré la heladera de quesitos untables y salamines. Él, por su parte, se afeitó y se cortó las uñas de los pies.  Si esto es la convivencia, me digo a mí misma, convivir es lo más. Es todo. Es mil. Él es mi príncipe azul que llegó para demostrarme que los hombres son en verdad maravillosos, y que los monstruos escupidores de migas de sánguche que me crucé hasta ahora eran excepciones a la regla. 

 Lamentablemente, a la mañana del quinto día, cual profecía cumplida,  apareció el primer indicio de que no todo iba a ser como un comercial de los años ’50.  

Ahí estaba, desafiante, el calzoncillo de Él sobre la mesada de la cocina.

Sobre este blog

Basta de blogs de ingratas minas solas. ¡Estar felizmente en pareja es mucho peor! elenapaoloni@gmail.com