El gancho

4 Nov 2009 En: Nidito de amor

Después de haberle pedido a mi madre que por favor no dijera nada ni me hiciera pasar papelones, fuimos a la inmobiliaria a firmar el contrato, disfrutando de la lluvia torrencial que nos hacía mierda el pelo y los zapatos.

Allí nos esperaban el señor encargado del trámite y Esther.

Esther es, claro, la dueña del departamento. Se trata de una señora de cincuenta, bronceada, con mechitas en tonos cobrizo y el pelo eternamente planchado de peluquería, petisa y rechoncha pero cargada de joyas. Su estilo de vestir es muy Adriana Constantini, cosa que es una pena porque todos sabemos que los jeans con lentejuelas de Adriana Constantini los compramos en el coreano del barrio por $60. En fin, cacatúa con dinero.

Y cara de culo, obvio. Mal.

No quiso saludarnos ni darnos la mano.

Esther (al señor):
¿Pediste ver el original de este recibo de sueldo? Este recibo es trucho, esta empresa quién la conoce, yo quiero ver el original.
Elena:
Justo acá lo tengo… si le parece podemos llamar a la empresa ahora, no hay problema.
Esther:
A ver si nos entendemos: ustedes tienen garantía de provincia, yo ni siquiera puedo constatar que existe la propiedad, no sé ni qué es, ni dónde queda, y encima me venís con un recibo trucho.
Señor de la inmobiliaria:
Esther, esta chica presentó tres garantías, están chequeadas, y también nos trajo copias de su talonario de facturas.

Elena:
Sí, porque tengo varios trabajos…
Esther:
Así que encima monotributista. ¿Qué categoría?
Elena:
B
Esther:
Ah, una de las más bajitas… qué bueno que ahora les suben, ¡porque esta gente sigue usando la plata de nuestros impuestos y nunca paga!
Señor de la inmobiliaria:
¡Ahora van a tener que empezar a pagar por lo que usan!
Mi mamá:

(1,2,3,4,5..)
Esther:
Así que sos de Quilmes, mirá vos, yo tenía una asistente que era de Quilmes, se venía todos los días a trabajar, igual pffff después se embarazó así que le tuv que alquilar un departamentito que tengo por acá y le cambió la vida, ¡hasta consiguió marido!
Todos:
… je… jeje.
Esther:
Escuchame bien: no podés hacer NADA en el departamento. Yo te lo estoy dando impecable, recién pintado, y lo tenés que entregar como te lo dí. ¿Vos podés pagar este alquiler?
Elena:
Sí, no te preocupes.
Mi mamá:
(6,7,8,9,10,11…)
Esther:
Y vos ¿certificaste las firmas, a ver si esta gente es quien dice ser?
Señor de la inmobiliaria:
Esther, trajeron el DNI…
Esther:
Bueno, acá tienen la factura de AySA
Elena:
Pero… ¿no está incluida en el precio del alquiler? Está en el contrato...
Esther:

12 pesos chiquita, son 12 pesos.
Señor:
Bueno, ¿quién la paga?
Mi vieja:
(255, 256, 257, 258…)
Esther:
Pfff damelá, damelá, por favor, por 12 pesos…
Mi vieja:
¿Podemos firmar?

Finalmente, después de horas de leer y releer el  contrato y jurarle que los papeles no eran truchos, firmamos salimos de la inmobiliaria (corriendo) con mi vieja.

Mi vieja:
Dios mío, pellizcame, esa mujer es un monstruo.
Elena:
¡Te dije! Pero te portaste muy bien.
Mi vieja:
No me quise rebajar a su nivel porque es una vieja gorda y fulera.

El viernes me mudo.

Latest news

2 Nov 2009 En: Pájaro en mano

Lectores, popurrí de novedades:

- Me estoy yendo a firmar el contrato del departamento nuevo, pronto podrán ver las fotos.

- Estoy preparando un blog sobre mi vida ANTES del Chango, y los cinco años que pasé trabajando en una dependencia del Estado. Allí conocí personajes desopilantes y viví locas aventuras que quiero compartir con ustedes. ¿Les va?. Se llamaría “La empleada pública”, o algo parecido.

- ¿De verdad no quieren souvenirs del Chango? Miren que hay de todo, chombas con la panza estirada, bermudas 6 talles más chicas que el que él usaba, revistas, cartas de falso amor y un libro de alemán.

- Me duele la panza y creo que fue por el yogur activia. Ayer me tomé dos.

- Tengo un look completamente inspirado en Lucía G. para este día horrendo y lluvioso.

- El Chango está felizmente instalado en lo de su madre. Ayer dormí sola en mí casa y estuvo buenísimo.

Última voluntad

30 Oct 2009 En: Nidito de amor

El Chango se muda mañana a lo de Estela.

Esta vez, el trámite es bastante corto: solo hay que embolsar algo de ropa, que fue lo que trajo con él cuando volvió.

Doblo las prendas con cuidado y las separo según su uso. Remeras lindas, remeras manga larga, remeras de dormir, como haría Maxi.

Y, claro, me acuerdo de de los comienzos de todo esto.

Cuando empezás a convivir con alguien, todo es una aventura. Irte a noni con el hombre que amás todas las noches es tu idea del paraíso. Cenar arroz juntos y no tener que despedirse porque ambos comparten el techo te convence cada vez de que estás exactamente donde querés estar.

Sin entrar en las cursilerías obvias de lo lindo que es ver dormir al otro -y sobre todo porque el Chango es francamente repugnante cuando duerme, con la boca abierta, babeando, roncando y tirándose pedos-, el concubinato temprano está lleno de pequeñas delicias que nos hacen tocar el cielo con las manos.

Pero bueno, en el medio pasó de todo. Hubo rutina, infidelidades, mentiras, desidia, desprecio, aburrimiento, y ahora estamos acá, listos para dejar la casa en la que alguna vez fuimos muy felices.

El Chango hace zapping, muerto de calor y con la cara brillosa de transpiración. Se lo ve tranquilo, como cuando acabás de entregar un parcial y por un momento no te importa el resultado, sino haberte sacado de encima la tarea, convencida de que escribiste todo lo que sabías.

Acabo de terminar con las remeras, y me dispongo a acomodar las camisas en una bolsa difetente.

Chango:
¿Me plancharías algunas para los primeros días sin vos?

Sonrío. Algunas cosas nunca van a cambiar, pienso, y voy a buscar la tabla.

Diferencia de criterios

28 Oct 2009 En: Nidito de amor

(Buen día, Romi, Andre, Lilu, Ian).

Los largos días de búsquedas y los exhorbitantes gastos en fotocopias (¡¿30 centavos una copia?!), finalmente logré alquilar un cuchitril.

Tiene lugar para el lavarropas, es bien luminoso y el baño tiene azulejos con florcitas. Las ventanas de la
cocina están decoradas con unos pedazos de contact que simulan ser coquetos vitraux.

Para mí, es un hogar digno de una princesa, que por fin cumplirá su sueño de no viajar dos horas al trabajo
todos los días. Incluso planeo poner cortinitas de gasa color rosada y algunos móviles con estrellas, estilo mil y una noches.

No puedo imaginar que alguien pueda no adorar este lugar. Pero no se puede conformar a todo el mundo.

Maxi:
No podés mudarte de ninguna manera ahí.
Elena:
¿Por qué?
Maxi:

¡Porque el placard está en la cocina!
Elena:
¿Y? Me cambio mientras me hago el café con leche, es ideal.
Maxi:
Y te ponés ropa con olor a bife, es un asco, después te van a perseguir los perros por la calle.
Elena:
No, porque en Barrio Norte los perros son chiquititos y tienen correa y las viejas no los dejan correr.
Maxi:
Me parece una locura, me pone nevioso. ¡A quién se le ocurre poner un placard en la cocina! ¡NO VA en la
cocina! ¡No corresponde!

Elena:
Bueeeeeno, te prometo que te pongo una cajonerita en en living para que dejes tus medias, ¿dale? ¿Me dejás
mudarme ahí?
Maxi:
Ok. Pero ya me vas a dar la razón cuando tengas olor a fonda.
Elena:
¡Trágico!

Y tampoco importa, porque la que tiene que estar conforme soy yo, y yo estoy feliiiiiiizzzzz.

Ahora, tengo dos preguntas: ¿Cómo ubico una cama doble, un sillon, una mesa con sillas y un mueble con la tele en un monoambiente? ¿Tengo que decirle al Chango dónde me mudo, darle un teléfono de contacto, etc.?

Búsqueda desesperada

26 Oct 2009 En: Nidito de amor

Que los finales son difíciles no es ninguna novedad. Pocas cosas cuestan más que dejar todo atrás y tirarse al vacío de lo desconocido, completamente solo y sin nada más que las ganas de que nos vaya bien y un revoltijo en el estómago.

Pero a veces, con las despedidas no alcanza, y una vez que logramos dar ese paso que antes nos parecía imposible, nos damos cuenta de que todavía nos quedan kilómetros -largos, difíciles, áridos- por recorrer.

Es que la gente es forra y discrimina, la burocracia no perdona y la buena voluntad está de vacaciones. Lo comprobé la semana pasada, cuando buscaba departamento.

>> Inmobiliaria 1:
Elena:
Hola, llamaba por el depto de XXXXXX al 2300.
Señor:
Sí, es un 2 ambientes contrafrente, muy luminoso, con baño completo.
Elena:
¿Aceptás garantía de Provincia?
Señor:
Ah… no, la dueña pidió específicamente que la garantía no fuera de Provincia porque es mucho problema.
Elena:
Ah, bueno, gracias.

Me enojé un poco, pero seguí adelante.

>> Inmobiliaria 2:
Elena:
Hola, llamaba por el depto de XXXX al 1500.
Señora:
Sí, tiene un ambiente amplísimo, todo luz, dos placares profundos y cocina completa.
Elena:
¿Aceptan garantía de Provincia?
Señora:
Ah… no, sabés que no estamos trabajando con gente de Provincia.
Elena:
Ah, bueno, gracias.

Empecé a odiar a todos y lloré por los placares perdidos.

>> Inmobiliaria 3:
Elena:
Hola, llamaba por el depto de XXXXX al 3400
Señor:
Sí, es un dos ambientes con baño completo, bidet y bañadera, balcón y baulera.
Elena (¿”bidet”?):
¿Acepta garantía de provincia?
Señor:
Hmmm es que sabés cuál es el problema, que el certificado demora como tres días, así que no trabajamos con garantía de Provincia. Además, imaginate que hay que ir a La Plata a buscarlo, imposible…
Elena:
No, es cierto, sí, una locura viajar una hora. Gracias, hasta luego, pelotudo.

Colgué encolerizada.

>> Inmobiliaria 4:
Elena:
Hola, llamaba por el departamento de XXXXX al 1100
Señor:
Sí, es un ambiente interno en planta baja con cocina independiente.
Elena:
No es muy luminoso, ¿no?
Señor:
No te creas eh, hasta el mediodía tenés bastante luz.
Elena:
…bueh… y ¿acepta garantía de Provincia?
Señor:
No, tiene que ser de Capital, viste cómo es la gente de Provincia, si pasa algo después es un lío.
Elena:
Sí, somos caníbales y nos pintamos la cara con barro. Muchas gracias, hasta luego.

Colgué más encolerizada que en el llamado anterior, y me hice una mascarilla (¡de barro!) para relajar. Me comí un alfajor.

>> Inmobiliaria 5:
Elena:
Hola, llamaba por el departamento de XXXX al 600
Señora:
Sí, es un dos ambientes con cocina americana, hermoso, ¿querés verlo?
Elena:
Me encantaría, pero tengo que advertirte: tengo garantía de Provincia.
Señora:
Ah… eso va a ser un problema…. ¿qué propiedad es?
Elena:
Un departamento.
Señora:
¿En qué zona?
Elena:
En XXXXXXXX
Señora:
¿Es calle de tierra?
Elena:
No.
Señora:
¿Agua corriente?
Elena:
Sí.
Señora:
Y… no sé… es un poco complicado, para estar segura tendría que irme hasta Provincia a verlo.
Elena:
Deje, no hay problema, muchas gracias, usted también es una pelotuda.

Me comí otro alfajor, pero de fruta.

>> Inmobiliaria 6:
Elena:

Hola, llamaba por el departamento de XXXX al 1000
Señora:
Sí, es un dos ambientes interno.
Elena:
¿Aceptan garantía de Provincia?
Señora:
Sí.
Elena:
¡Genial! ¿Cómo son los placares?
Señora:
Ah, ese es un temita, no tiene placares.
Elena:
Bueno, quizás se puede comprar algún armario y ponerlo en el dormitorio… ¿y el baño cómo es?
Señora:
Tiene ducha y la opción de colocar un bidet de los que van conectados al inodoro, que es muy práctico.
Elena:
Bueno… y… está bien, y ¿es luminoso?
Señora:
Es aceptable, pensá que es un segundo piso interno, pero hasta las dos de la tarde está muy bien.
Elena:
Bueno, quizás con buena iluminación… aparte yo no voy a estar nunca durante el día… y una pregunta más. ¿Tiene lugar para lavarropas?
Señora:
Hmmmno, eso no.
Elena:
Ah. Bueno, te agradezco mucho eh, hasta luego.

El lavarropas no se negocia.

>> Inmobiliaria 7:
Elena:
Hola, llamaba por el departamento de XXXXXXXXX al 2800
Señor:
Sí, es un ambiente amplio dividido, cocina independiente, lavadero integrado, un placard muy grande, balcón y baño completo.
Elena:
Me encanta, ¿aceptan garantía de Provincia?
Señor:
Sí, pero tiene que ser de familiar directo y necesitaríamos también otra propiedad más como para probar que tenés solvencia, más tu recibo de sueldo de los últimos seis meses, una carta de tu empleador indicando tu solvencia, recibo de sueldo del garante de los últimos tres meses, y un servicio para constatar el domicilio y el del garante, más fotocopia de DNI de todos.

Elena:
¿Algo más?
Señor:
No, con eso vamos a estar bien. Pasa que hay mucho desconocimiento, viste, y ojo, yo conozco gente de provincia que es incluso mejor persona que gente de capital, pero bueno, viste como es.
Elena:
Sí, ví.
Señor:
Además, que vivas en provincia no quiere decir nada, podés tener una casa como cualquiera de capital.
Elena:
Claro, con cloaca, gas natural, todo.
Señor:
Por eso…
Elena:
Bueno, tengo todoslos papeles ¿Cuándo puedo ir a verlo?
Señor:
Ya mismo.
Elena:
Fabuloso.

Lo bueno de los comienzos es que uno tiene las energías renovadas, entonces se banca cualquier cosa con tal de lograr su objetivo.

Ese es mi mensaje de hoy para mis lectores del alma, feliz lunes.

La hora

23 Oct 2009 En: Nidito de amor

Anoche estuve en mi casa. Cuando llegué, me sorprendí al ver lo ordenado que estaba todo. No limpio
ni alegre, sino simplemente ordenado, como quedan los lugares cuando quien los habita no presta la
más mínima atención a lo que allí sucede, y solo los utiliza para dormir.

Elena:
Bueno, hablemos, tengo novedades.
Chango:
Yo también.
Elena:
Empiezo yo: En 10 días me mudo, así que no voy a usar más este departamento, así que podés usarlo
si querés, como prefieras.

Chango:
Nah, no puedo pagar el alquiler, te iba a contar que vuelvo a lo de mamá.
Elena:
¿En serio?
Chango:
Sí, estoy triste porque ahora sí, es definitivo.
Elena:
Bueno, hace mucho que es definitivo… pero no estés mal, vas a ver que todo va a estar bien. No te
digo que vamos a ser amigos pero no nos vamos a odiar, eso está bueno.
Chango:
Te voy a extrañar tanto…
Elena:
Y sí, yo también… pero voy a tratar de acordarme de las cosas buenas y espero que vos también.
Chango:
Yo también. ¿A dónde te mudás? ¿Al departamento que vimos la otra vez?
Elena:
No a otro que es más caro pero es más lindo, por esa zona.
Chango:
¿Te puedo ir a visitar?
Elena:
Y… no… quiero empezar todo de nuevo, no te enojes pero preferiría no verte más.
Chango:
Ah…
Elena:
Ojo, igual re quiero que seas feliz, eh, pasa que yo quiero ser feliz también. Y si te veo, no voy a poder porque me voy a acordar de todo. Mejor no te veo y listo.

Chango:
¿Pero y si te pasan cosas buenas no me las vas a contar? ¿Yo no voy a estar ahí?
Elena:
Es que no se puede. Yo te amé mucho, no puedo tenerte más en mi vida porque me hace mal. Pero a mí me va a ir bien… y a vos también, eh. Esto es lo mejor.
Chango:
Ojalá… pero prometeme que no vas a cambiar nada, ni se te ocurra bajar de peso que sos una bomba, eh. Tenés toda la carne que tiene que tener una mujer.
Elena:
¡Gracias! Más bien tengo toda la carne que tienen que tener dos o tres mujeres.
Chango:
Estás perfecta, siempre me vas a gustar, lo sabés.
Elena:
Gracias. Vos siempre vas a ser mi changuito aunque no nos veamos nunca más. ¿Cuidate mucho, sí?
Tratá de ser bueno, cuidá a la chica con la que estés, prestá atención a los detalles, no la dejes sola, colaborá, ayudala, sé atento, sé cariñoso, ¿sí? No te dejes estar, prestá atención siempre y sé compañero.
Chango:
Sí…

Llorando (yo más que él, me parece), nos dimos un abrazo largo. Lo solté cuando se me llenó la nariz de mocos y me tuve que levantar para ir a buscar un pañuelo.

Me encerré en el baño un ratito a terminar de llorar lo último que me quedaba adentro. Me lavé la cara y salí, lista para dormir catorce horas.

En mi cama estaba el Chango, todavía vestido, en posición  fetal, callado y mirando al vacío. Sin decir nada me acosté al lado de él y lo abracé hasta que nos quedamos dormidos juntos por última vez.

(Escribo esto y lloro).

Popurri

21 Oct 2009 En: Diálogos conyugales, Reflexiones y confesiones

Chiche llamó varias veces después del Incidente Laurita. Todas las veces atendí yo y le dije que Maxi estaba bien, pero Maxi estaba en franca regresión al TOC.

El lunes no fue a trabajar; dijo que se quedaba programando desde la casa, aunque en realidad ni tocó la laptop. Con el pelo sucio y con la remera que había usado para dormir, se dedicó a dar rienda suelta a su pasión por el orden.

Primero ordenó el cajón de los cubiertos. Sacó todo, lavó tenedor por tenedor, les pasó una gamucita y los puso en diferentes pilas. Luego retiró el cajón de la mesada, lo lavó y secó, e hizo lo propio con el cosito en el que se encajan los cubiertos. Después acomodó pieza por pieza y pasó al cajón siguiente: el de los repasadores.

Dobló cada uno en cuatro, cuidando que tuvieran exactamente el mismo tamaño y los clasificó según su uso (eso me lo explicó él porque para mí son todos lo mismo) y su color.

Elena:
¿Para qué hacés todo esto?
Maxi:
Hay que hacerlo hoy.
Elena:
?
Maxi:
sí porque sino cuando querés agarrar un cubierto tenés que buscar y perdés tiempo, y lo mismo pasa con los repasadores, que no tienen que estar mezclados.
Elena:
Ah… entiendo… ¿Y querés que hablemos de Laura o de tu mamá?

Maxi:
Sí, después de que termine con el armario de las toallas, plancho algunas camisas y hablamos.
Elena:
Aaaah, y ¿con qué criterio vas a ordenar las toallas?
Maxi (sin dejar de doblar repasadores):
Con el de siempre. Cada juego por separado, abajo el toallón y arriba la toalla, por color. Después, en la pila del medio los toallones sueltos, los más grandes abajo y los normales arriba; y a la derecha las toallas sueltas. Y en la pila de atrás van las más viejas y listo.
Elena:
Y de Laura no querés hablar…
Maxi:
sí, sí, pero después.
Elena:
Hagamos así: yo te ayudo a ordenar con tu criterio y mientras ordenamos vos me contás bien qué pasa, ¿sí? No es de celosa, pero te veo mal, no sé qué pasa… Vos sabés todo lo que pasa con el Chango y a mí me hace bien contarte…
Maxi:
No, no, las toallas las doblo yo porque vos las doblás al revés, es que Laura el otro día me dijo algo que no te conté.
Elena (con tono de boluda:
¿Te dijo algo feo?
Maxi:
Me dijo que se había enterado de que yo estoy mejor del TOC y que quería darme otra oportunidad porque tenemos que estar juntos.
Elena:
Bueno, tampoco estás taaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaanto mejor del TOC, eh…
Maxi:
Vos porque no me viste antes. Ahora estoy de diez, antes, por ejemplo, tenía distintas toallas para la semana y para los findes, y tenía los cubiertos separados por parejitas.
Elena:
¿Cómo es por parejitas?
Maxi:

Por parejitas. Cada tenedor tenía su cuchillo y si se mezclaban yo me ponía muy nervioso y a veces gritaba ¿entendés? Y ahora ella dice que si yo no soy más así que quiere volver.
Elena:
¿Y vos querés volver?
Maxi:
¡No! ¡Quiero que se vaya! ¡Me pone nervioso! ¡Mirá cómo estoy!
Elena:

sí, tenés el pelo espantoso, bueno, si necesitás que me vaya no hay problema, a mí me encanta vivir acá por lo limpio que está todo, pero no tenés obligación. Si querés me vuelvo a casa y nos seguimos viendo más tranquilos y te doy una mano con lo de Laura.
Maxi:
No sé… también tendrías que volver a tu casa para sacar al Chango.
Elena:
Me mata tu sutileza. ¡Que te juego que yo lo rajo al Chango antes de que a vos se te pase la regresión y dejes de clasificar cosas como loco!
Maxi:
¡No es como loco! Ahora, somos un desastre, ¿tendremos que volver a lo de Adrián?
Elena:
Ni a palos, yo ya le cancelé dos turnos y estoy espléndida.
Maxi:
Sí, yo también estoy espléndido.
Elena:
Sí, los dos, re sanos.
Maxi:
Totalmente.

Y supongo que debería ponerme mucho más histérica de lo que estoy, pero tengo ganas de ponerle onda. Vuelvo a casa, chicos, y con los tapones de punta. (Mientras busco departamento, claro).

Ahora, esta Laura… qué loco, ¿seremos todas así? ¿Por qué no podemos dejar ir a nuestros ex y reconocer que se terminó? ¿Está bien pensar que una relación fracasó por algo en particular y que, eliminado ese “algo”, se puede retomar el vínculo como si nada? ¿Está bueno querer a alguien sólo si corrige un determinado defecto? Qué, ¿si no no lo querés? ¿”Ah, no, me encantás pero si no te ponés el diente que te falta lo nuestro no va funcionar”?

Me la imagino alta, con pelo largo, fina, de esas que usan aros de perlas como nenas bien pero siempre tienen cara de culo. Seguro soñaba con casarse con Maxi y tener hijitos, vivir en una casa bien decorada y dedicarse a hobbies varios sin trabajar. Imagino que a Maxi le gustaba por linda y tranquila, y que en mí ve todo lo contrario: una desequilibrada simpática que está en la misma que él, tratando de zafar de una vida que le hacía mal.

Ojo, por ahí nada que ver, pero yo me la imagino así.

(¿Cómo se imaginan uds. a las ex de sus novios? )

La p**a madre

19 Oct 2009 En: Diálogos conyugales, Los otros

El año pasado pasé el día de la madre con Estela y su prole de micos masticadores. Hacía calor, los nenes más chiquitos corrían mientras comían chizitos, se atragantaban y los escupían sobre el regazo de los mayores, mientras yo me ahogaba en sidra (sí, sidra) para que la tarde pasara más rápido. Los temas de conversación no se alejaban demasiado de Tinelli, Susana, la hija de la Silvia que estaba embarazada, el nieto de la Norma que estaba preso, y la vecina, que le robaba los limones del patio a Estela. En su momento sentí que no merecía esa tortura y que mi familia política era una desgracia que debía tolerar para estar con mi príncipe Chango; pero ahora, a la distancia, recuerdo el grotesco de la situación y sonrío. Después de todo, era una fiesta barrial y popular, honesta y sin pretensiones.

No pude con mi genio, así que le dejé al Chango una bolsita con un body splash de melón para Estela. No me pregunten por qué, pero a la gente rústica, como Estela, le encanta cualquier cosa que tenga olor a melón o uva bien fuerte. Me parece que la regla es: cuanto más parecido sea el aroma al de un chicle globo, más gustará.

El Chango me agradeció, ya que, por supuesto, no había comprado nada porque a) no tenía plata y b) se olvidó que era el día de la madre.

Con ese temita solucionado, me dispuse a contener a mi ehm… “chico”, que se preparaba para un domingo difícil.

Maxi:

Si me acompañás a lo de mamá podés apoyar las zapatillas en la mesita del living toda la semana.

Elena:
Apa, veo que es un tema que te genera muchísimos conflictos… Te acompaño pero porque te quiero.

Maxi:
¿Sin pedir nada a cambio?
Elena:
Dejame quedarme un par de semanas más, que acá está todo re limpio, y estamos a mano.

Maxi:
Perfecto. ¿Querés saber qué le compré?
Elena:
Por supuesto.
Maxi:
Un colgante de Svarovsky y un CD de Valeria Lynch
Elena:
?!
Maxi:
Mamá es una mujer muy ecléctica.

El stress de los últimos meses me hizo engordar unos kilos, así que no ando con la autoestima muy alta como para vestirme demasiado chic e impresionar a Chiche. Me puse un pantalón negro de esos que disimulan los excesos pre-primavera, una remera gris flojita con unos volados que distraen la atención de la panza. Me hice un rodete con todo el pelo para atrás y me pinté un poco para que no se vean los granos que me dejó el último ciclo menstrual.

Maxi, por su parte, era un manojo de nervios. Quiero creer que era por Chiche y no por haber visto a la ex, que, por otra parte, no volvió a nombrar, cosa que me hace  sospechar que a) aún la ama y desea volver con ella; o b) se la cogió y no me quiere contar. cualquiera sea el caso, no tengo derecho a queja porque tengo al orangután usurpándome la casa todavía.

En fin, bueno, llegamos a lo de Chiche, que tenía puesto un trajecito rosa, zapatitos al tono y un collar de perlitas.

Chiche:

¡Tesoro! ¡Llegaste a horario! Ah… ¿la trajiste a esta?… hola, querida.
Elena (abrazando a Chiche, falsa):
¡Liliana! ¡Qué lindo verla! ¡Feliz día!
Chiche (soltándome):
Pasá, nene, que tengo cosas que contarte.

Nos sentamos a la mesa. Por supuesto, no había nadie porque al parecer a Chiche la odia toda su familia. Éramos nosotros tres y la “muchacha”, que se llama Florencia y tiene una cara de sufrida que me hace querer abrazarla y sacarla corriendo de esa casa.

De nuevo, Florencia trajo los platos servidos de la cocina. Esta vez eran pastas.

Chiche:
Escuchame, nene, disculpame que me meta, pero recién me llamó Laurita, me dijo que ustedes habían vuelto y ahora me traés a la gordita… ¿no te parece que me tendrías que explicar? Te dije que esa chica no me gusta para vos, y además no entiendo nada, ¿qué hace la gordita acá?
Elena:
?!
Maxi:
¿De qué hablás, mamá?
Elena:
¡Decile a tu mamá que no me diga más gordita!!
Chiche:
Explicame qué pasa acá, ¿esta chica es tu novia?
Maxi:
¿Laura te dijo que habíamos vuelto?
Chiche:
No, no, bueno, me  dijo que están volviendo, de a poco, por eso me resultó raro que trajeras a Elenita. Elenita, ¿no? ¿Vos sos la novia del nene?

Elena:
Elena, sí, no sé si soy la novia. (?!??!)
Maxi:
No te puedo creer… No solo no volví con Laura, sino que le dije que no quiero que me hable más. Está loca, no tenés que hablar más con ella, mamá, por favorrrrr, ¿qué hacés contestándole el teléfono?

Elena:
Maxi…no pasa nada, no le des bola, son cosas que pasan.
Chiche (en susurro de mentira):
Mirá, tesoro, no me quiero meter, pero me parece que antes que Laurita es mejor la gordita que por lo menos es simpática.

Elena:
Liliana, no me diga más gordita.

Chiche:
Bueno, rellenita.
Maxi:

Elena:
Bomboncito, ¿no pensás decir nada?
Maxi:
Me siento mal, me quiero ir, me siento mal. Los ravioles están todos mezclados, la salsa tiene la cebolla muy gruesa, estoy muy nervioso. Elen, me quiero ir.

Elena:
…pero mirá que los ravioles están buenísimos, eh… ¿Seguro no los querés ni probar? ¡Mirá qué buenos!
Maxi:
No, no, mezclados no, la voy a matar a Laura, qué desubicada.

Chiche:
Es que Maxi no sabe elegir mujeres…
Elena:
Sidra no hay ¿no?

Si el año pasado fue una reunión costumbrista lo de ayer fue… no sé… ¡No sé con qué me quedo!

Eso sí: NO ES NO, LAURA. Si andás solterita te puedo presentar a un muchacho divino que justo quedó soltero también, es un poco bruto pero de buen corazón. Bah, tampoco pero tiene mucho pelo, como Maxi.

Descargo

15 Oct 2009 En: Reflexiones y confesiones

No tengo celos. Respeto el derecho que tiene Maxi de cerrar su historia, así como yo estoy cerrando la mía.

Lo que me molesta es la falta de respeto de aquellas ex parejas que piensan que es perfectamente normal seguir molestando a la gente para apaciguar sus culpas. Si hiciste las cosas mal, bancatelá, viejo, hacete cargo y viví como puedas, con la conciencia sucia o no, según seas mejor o peor persona.

Pero no vengas a “cerrar las cosas” o a querer “dejar todo bien entre nosotros”, o “intentar ser amigos”, porque ese puente lo quemaste cuando le hiciste mal a la persona que supuestamente tenías que cuidar.

Al margen de todo esto, Maxi se encontró ayer con la piba esta. Llegó a la noche con la cara desencajada, despeinado (¡horror!) y bastante nervioso.

Elena:
¿Me querés contar?
Maxi:


Elena:
Dale, no aguanto la intriga, te hago un té con miel.
Maxi:

Bueno, en la taza verde… No tenía ganas de ir.
Elena:
¿Y por qué fuiste?
Maxi:
No sé, por respeto, me parece, o por curiosidad, o no sé, ya te dije, quería que me viera bien.
Elena:
¿Y te vió bien?
Maxi:
Me parece que sí. Yo llegué re tranquilo, me senté, pedí un café y una medialuna y le pregunté a ella qué quería, y…

Elena:
¿Medialuna después de las 7 de la tarde?
Maxi:

Sí, sí, para que vea que estoy rehabilitado, igual me re costó, no corresponde comer facturas a esa hora pero te digo, causó buena impresión.

Elena:
Sos grosso, bueno, dale, seguí.
Maxi:
Y me dijo que está de novia y “muy feliz”, que “quiere que estemos bien” y que “me extraña en su vida”.
Elena:
¡Típicooooo! ¡Qué obvia que es! ¡Culposa de mierda!

Maxi:
Sí, bueno, y después me preguntó cómo estaba yo, y me dijo que ella “necesita saber que yo estoy bien”, así que yo le dije que no me puedo quejar de nada, le sonreí y le dije que ella ya no necesita saber más nada de mí.

Elena:
¡Drama queen! ¿Se lo dijiste enojado?
Maxi:

No, no, reeee pausado, tranquilo, muy Ari Paluch, muy zen. Encima se moría por que yo le preguntara si todavía está con Hernán, pero yo no le pregunté nada, me re tiró la lengua, y después me preguntó si estoy con alguien.

Elena:
¿Y vos qué le dijiste? Ojo, te aclaro que no estoy celosa eh, si pasó algo me podés contar, eh, no es que me moleste, está todo bien, me parece re normal, a mí me pasó lo mismo, está bien, o sea, todos tenemos derecho y bueno, si pasó algo me podés contar.
O sea, todo bien.
Maxi:
¡Claro, claro, lo tomás como una adulta, veo! Igual no pasó nada, quedate tranquila. Le volví a decir que no necesitaba saber eso y listo.

Elena:
No, no, en serio, me podías contar tranquilo, eh. Ahora, ¡Qué polémico!
Maxi:
Y después le pregunté si necesitaba algo más, y me dijo que no, que quería “charlar”. Así que me quedé callado hasta que me tuve que ir porque tenía que ir al baño y el de ese bar no es bueno. Así que pagué todo y me vine para acá. Y ella me dijo si me podía llamar y yo le dije que “no, gracias”.

Elena:
Bueno, qué se yo, ¿cómo te sentís?
Maxi:
Como el culo, nervioso, mal, no sé, no tendría que haber ido. Quedé re bien con ella, re “entero”, pero estoy hecho mierda, la odio, la mina es una hija de puta y me cagó la vida, ¿entendés? y yo soy un tarado por seguir diciéndole a todo que sí.

Elena:
Bueno, ya está. A todos nos pasa lo mismo. Si no lo hacés es peor porque te la pasás pensando en eso, en cómo estará, en si habrá engordado, si te verá bien o mal, si estará con otro, si con el otro cogerá mejor que con vos, si su familia lo tratará bien, si harán chistes sobre vos o si se cagará de risa de vos con los amigos y te dirán “el cornudo”…

Maxi:
Che, andá callándote.
Elena:
Sorry, es que re empaticé.

Igual no estoy celosa ni me molestó, o sea, es re normal. No pasa nada. Además ella no es taaaaaaaaaaan flaca, es normal, tampoco es una diosa que raja la tierra, y si él ahora está conmigo es porque quiere estar conmigo y me ve linda. Así que todo bien, no estoy celosa ni me molesta, porque por algo es la ex, así que todo bien.

Resurrección

13 Oct 2009 En: Diálogos conyugales, El mío

(Antes que nada, otra mina señó el departamento antes que yo así que me quedé sin casa en capital por ahora, pero seguiré buscando.)

Cuando una historia se termina, es un alivio. Debe pasar muchísimo tiempo, años incluso, para que podamos decir que algo definitivamente se terminó, y que nuestro ex es simplemente un conocido.

Mientras tanto, pasamos por todas las etapas del duelo (enojo, negación, negociación, depresión y
aceptación, creo), hasta que un buen día… ya está. Somos libres.

También están las relaciones cuyo final es una agonía larga, emocional, llena de llantos, gritos,
insultos, depresiones feroces, sexo, llamadas telefónicas hasta la madrugada, reproches, falsos
alejamientos y un sinfín de vaivenes que se van espaciando hasta que finalmente nos desprendemos del
sorete para siempre.

Para saber manejarse, simplemente hay que conocer qué tipo de ruptura estamos experimentando y lidiar
con ella hasta el fin.

Pero… ¿Qué pasa cuando un buen día se te aparece un muerto que pensabas que estaba enterradísimo?

¿Cómo hay que reaccionar?

Maxi:
Te tengo que contar algo…
Elena:
¿Qué pasó?
Maxi:
Me llamó mi ex hoy, yo estaba en la calle.

Elena:
¿Tu ex la que te cagó con un amigo tuyo u otra ex?
Maxi:
Mi ex la que me cagó con mi amigo.
Elena:
¿Y qué quería? ¿Pedirte algo?
Maxi:
No… no sé, peor, quería saber cómo estaba.
Elena:
¿Para qué?
Maxi:
¡Y qué se yo!
Elena:
¿Y vos qué le dijiste?
Maxi:
Le dije que estaba muy bien y le pregunté si había pasado algo que me estaba llamando.

Elena:
No entiendo cómo la gente cree que tiene derecho de llamarte. Cuando te hacen un mal, pierden todo derecho de lavar sus culpas haciéndose los que les importás. Qué gran falta de respeto… bueh, perdón, ¿entonces? ¿Qué más te dijo?
Maxi:
Nada, eso, que quería saber cómo estaba y si nos podíamos ver “para hablar bien”.
Elena:
No entiendo nada. ¿Qué tienen que hablar?
Maxi:
¡Y qué sé yo! Igual le dije que no sabía bien qué quería hablar, que me llamara en la semana porque estoy medio ocupado, no supe qué decirle.
Elena:
Bueno, yo no soy el mejor ejemplo, pero le tendrías que haber dicho que le agradecés su preocupación
pero que ella no está en una posición en la que pueda preguntarte nada de tu vida, o algo así. Qué
caradura. No entiendo a esa gente. ¿¡No les importaba antes y se hacen los que les importa ahora!?
¿Qué papel juegan sus terapeutas?! Sabés qué, boludo, el mogólico con el que anda se debe haber mandado una cagada y la mina ahora te extraña porque vos sos buen tipo. Son todas putas, todas.

Maxi:
Tranquila, tranquila. ¡Cómo te ponés!
Elena:
Es que el Chango me hace eso y yo siempre creo que le importa pero es mentira, le importa él, le
importa no sentirse culpable él. Haceme caso, no le des bola. Entiendo que te den ganas de verla
porque uno es masoquista y boludo y además cuesta mucho recuperarse de una ruptura, pero después te vas a sentir peor, en serio.

Maxi:
Vos sos de esas que nunca escuchan sus propios consejos, ¿no?

Elena:
Claro.
Maxi:
Igual tendría que verla, demostrarle que estoy re bien sin ella.
Elena:
Ni en pedo. Dejala que haga lo que quiera, no le des el gusto de verte. Ella no tiene DERECHO a
verte. Bah, eso me parece a mí.
Maxi:
¡Pero quiero que me vea bien, que vea que tengo el TOC mucho más controlado, que estoy con una chica que me hace bien…!
Elena:
Mi consejo es que no te expongas a una situación que te puede hacer mal, pero vos hacé lo que
quieras.
Maxi:
¿Y por qué no escuchas tus propios consejos?
Elena:
Porque soy pelotuda.

Sobre este blog

Basta de blogs de ingratas minas solas. ¡Estar felizmente en pareja es mucho peor! elenapaoloni@gmail.com