La vida con príncipe azul
Ni bien entramos me sentí en casa.
El departamento era minúsculo y no podía imaginarme cómo podría meter mis cosas ahí adentro. Tengo ropa, libros, ropa, discos, ropa, toallones y sábanas, ropa… No tiene dormitorio, pero tiene un hogar que funciona. No tiene placares pero tiene patio, que está revestido en chillones azulejos color salmón. Es antiguo, de techos altos y pisos de madera, y da a un patio interno compartido lleno de verde.
Fue amor a primera vista.
Elena:
Te explico. En este lugar, por ejemplo, no hay espacio para guardar cosas, ni tiene dormitorio, por lo que tenés que poner muy pocos muebles, pero eso va en gustos. Pero fijate: las cañerías están bien, hay buena presión de agua, no tiene humedad, no es ruidoso, es aceptablemente luminoso, tiene bañadera, y hay lugar para el lavarropas. Pero no tiene placares, cosa que es un gran, gran punto en contra, ¿entendés?
Chango:
Sí pero… es “vos”. Este lugar es “Elena”.
Elena:
Ay, ya sé, ¡lo quiero!
Chango:
No te entra nada.
Elena:
Quedate con lo que no entre acá, te lo regalo todo.
Chango:
Gracias. Estoy triste, igual.
Elena:
Yo también. Pero también estoy feliz.
Chango:
Ya sé.
Elena:
Estoy como conmovida, es un paso muy grande.
Chango:
Entiendo. Igual, no te quiero tirar abajo tu probable nueva casa, pero ¿viste el bidet? ¡Es re incómodo! ¡De los que supuestamente tienen la curvita para el culo pero es mentira! ¡Ningún culo se puede apoyar ahí cómodamente!
Elena:
Es un pequeño precio que estoy dispuesta a pagar. Además, la expensa es bajísima.
Chango:
Es por el bidet, sabelo.
>> Maxi:
Después de leerme las etiquetas de TODOS los productos de tocador de Maxi (ustedes ya se imaginaban que él usa cremas para las patitas de gallo, ¿no?), olerle los perfumes y llevarme un anotador al baño para ir adelantando posts de este blog, no aguanté más.
Ayer fui a falabella y compré una caja de esas estampadas, y luego pasé por un kiosco de revistas de los de Florida y compré un poco de todo. Algunas femeninas, un par de chimentos, la Fierro y la Barcelona.
Según mis cálculos, si las revistas no salen del baño una vez que entraron ahí, se aíslan los gérmenes dentro de un ambiente y no pasa nada.
A él le encantó la idea y le pareció muy sensato de mi parte, aunque me pidió que forrara la caja en plástico para que la humedad del baño no afectara el papel. Además me recordó que periódicamente habría que
rociar todo con lysoform, para evitar que las bacterias proliferen.
A la noche me bañé antes de acostarme, y puse una toalla sobre la almohada para no mojarla con el pelo. Maxi se puso contento porque me dí cuenta sola.
Primer día de convivencia: perfecto, pero igual me voy a buscar mi lugar.
>> Chango:
Hace un rato me sonó el celular. El Chango finalmente empieza a ver departamentos.
Elena:
…y fijate que los placares no tengan humedad, que haya suficientes enchufes, que tengas lugar para el lavarropas por si te comprás uno aunque dudo porque sos pobre, que sea luminoso, no lo veas solo al mediodía porque no te das cuenta, tenés que verlo de tarde también. Y fijate que los caños no sean viejos, preguntá de cuánto es la expensa, si aguas está a cargo del inquilino, si tiene balcón o patio, y si es a la calle fijate que no sea un piso muy bajo por el ruido. Que no sea interno porque son oscuros y tienen olor. Chequeá la presión del agua también, por las dudas, porque si no vas a empezar con que no te podés bañar y va a ser un escándalo. Mirá que el bidet sea cómodo también, no te olvides.
Chango:
…uy… es mucho, no sé si me voy a poder acordar todo…
Elena:
¿Te lo anoto?
Chango:
No… ¿no me podrías acompañar?
Elena:
Hmmm hoy tengo que ir a ver uno al mediodía. Hagamos así, vení a verlo conmigo y te enseño, y si tenés alguno para ver hoy te acompaño y practicás, así después buscás solo, ¿te parece?
Chango:
Bueno, dale, me gusta que me sigas enseñando cosas.
Elena:
Es que te quiero criar bien.
>> Adrián:
Elena:
Che, me vengo a vivir a capital.
Adrián:
Por fin, hace un año y medio que venís amagando, ¿por qué estás lista ahora?
Elena:
Me parece que me hinché las pelotas.
Adrián:
Es increíble, meses de terapia y tu gran logro es porque te hinchaste las pelotas. ¿Qué queda para tu analista? ¡Dame un poco de crédito!
Elena:
Buenobueno, gracias a este espacio que me das, pude reflexionar y darme cuenta de que me hinché las pelotas.
Adrián:
Así está mejor. Pronto te voy a tener que dar el alta.
“Acá en este cajoncito podés poner tu ropa interior, tenés lugar para tres o cuatro conjuntos. Para dormir te dejé una remera mía, y en el baño te dejé un cepillo de dientes. El tuyo es rosa, plis no te lo confundas con el mío”, fueron las palabras de bienvenida de Maxi anoche, como comienzo de estos días de convivencia.
Dejé mi bolsita de cosas donde me indicó y me desparramé en el sillón del living, cuidando de no apoyar los pies en el apoyabrazos para que Maxi no se descompensara.
Sobre la mesita ratona había una hoja de papel. Maxi la agarró y me la pasó mientras se ponía colorado.
Maxi:
Perdoname, pero esta es la lista de cosas que necesito que cuides mientras estás acá. No es de mala onda, mi psicóloga nueva me dijo que está bueno hablar de estas cosas.
Elena:
Me parece que estabas mejor con Adrián, pero me muero de curiosidad, ¡a ver qué pusiste!
La lista, señores, decía más o menos lo siguiente:
1- No mezclar las tazas que se usan para el café con las que son para el té. Tienen distintos tamaños, así que no te las vas a confundir.
2- Los zapatos que vienen de la calle no deben entrar al dormitorio, que es un área limpia.
3- Mi toallón es el azul, el tuyo es el blanco. Cuando salgas de ducharte, colgalo en el lavadero para que se seque, así el baño no se llena de humedad.
4- Es muy importante volver a colocar las revistas exactamente en el lugar del que las sacaste, porque están ordenadas por fecha.
5- Cuando te cepillás los dientes, por favor secá el cepillo con la toalla de mano que está situada al lado de la pileta. Si volvés a poner el cepillo mojado en el vasito, se junta agua con sarro y después tiene olor.
6- Nunca acostarse en la cama con ropa de calle. Es lo mismo que con los zapatos: se ensucia el dormitorio.
7- En el lavadero vas a ver tres tachos: el de la bolsa verde es para desechos orgánicos, el de la bolsa blanca es para papeles, y el de la bolsa azul es para plásticos. Las botellas de vidrio se dejan aparte, para el botellero.
8- Los bolsos y carteras traen microbios de afuera, así que nunca hay que apoyarlos sobre la mesa, sino dejarlos en el suelo.
9- Limpiar los mantelitos individuales y los posavasos con un trapo húmedo después de usarlos.
10- Si llama mi mamá NO ATIENDAS.
Elena:
De todo esto, lo que me queda es que cuidás mucho el baño, tenés conciencia ecológica y estás evitando a tu madre. Me parece re normal, tu TOC está mejorando, ¿no? Retiro lo dicho sobre tu psicóloga nueva.
Maxi:
Más o menos… la lista tenía 26 ítems pero la acorté.
Elena:
¡Decime otro ítem, a ver!
Maxi:
No duermas con medias, me da impresión porque el pie no respira.
Elena:
¿Y qué mas?
Maxi:
…no, nada…
Elena:
Daaaale, ¡uno más!
Maxi:
Bueno… ¿te molestaría pasarle un trapito húmedo a TODO lo que pongas en la heladera y en la alacena? En los depósitos de los supermercados se junta pis de rata seguro, y las verduras están llenas de tierra. Igual, eso lo voy a hacer yo, no te voy a hacer ir al supermercado si sos mi invitada.
Elena:
No había pensado lo del pis de rata…
Maxi:
Tratá de no pensar porque te perturba un poco. Bueno, bienvenida a casa, divina.
Elena:
Gracias, te juro que me siento RE bienvenida, a pesar de lo de las revistas.
Maxi:
Bueno… por ser vos, dejalas en una pilita y todas las noches yo las vuelvo a acomodar. Y por favor, no las lleves al baño.
Elena:
¿Y en el baño qué leo?
Maxi:
Las etiquetas del shampoo.
El Chango ordenaba su ropa prolijamente -tan prolijamente como puede, en realidad, o sea doblada “en cuatro” como un papel- para colocarla en un bolso.
Mientras, charlamos tranquilos por primera vez en mucho tiempo.
Chango:
¿Cómo le fue a tu amiga con el chongo?
Elena:
Más o menos.
Chango:
¿Por qué?
Elena:
Hubo algunas cosas que no le cerraron… Dice que el pibe tenía un calzoncillo horrible, por ejemplo. Y que se comió la última empanada sin preguntarle a ella si la quería, cosas así. Y después parece que no se quiso quedar a dormir.
Chango:
Y… pasa que si se queda a dormir la primera vez ya establece un compromiso y la mina después se enamora.
Elena:
¡Pero el tipo aceptó ir a cenar a la casa de ella! ¡Eso ya es un compromiso! ¡Si no la lleva a comer afuera y después al telo! Si la mina cocina, hay un cierto compromiso. Por lo menos se tiene que quedar a dormir.
Chango:
Ni a palos. Telo es para algo ocasional. Ir a la casa es algo un poco más que ocasional porque significa que te cabe la mina como para charlar además de ponerla. Pero de ahí a quedarse a dormir hay un paso enorme. Ojo, te digo, por ahí el tipo ronca o se caga mientras duerme y no quería que ella supiera tan pronto.
Elena:
Apa, eso puede ser… pero vos siempre te cagás cuando dormís y no tuviste problema en avisarme.
Chango:
Pero porque me sentía cómodo con vos. Y aparte, hablando en serio, mis ronquidos tapan cualquier pedo.
Elena:
Eso es cierto. Bueno y parece que el tipo le dijo que se tenía que levantar temprano y todo eso, y se fue después de coger.
Chango:
¿Justo después de coger?
Elena:
Hmm no, creo que tomaron algo y miraron un poco de tele abrazados y recién tipo 1 de la mañana el tipo se fue.
Chango:
¿Le dio un beso en la boca?
Elena:
Le dió un beso de lengua.
Chango:
Para mí no hay nada raro en todo eso, que no sea quisquillosa.
Elena:
La verdad, ni que el tipo se hubiera tirado un pedo adelante de ella…
Chango:
Tal cual.
Como amigos charlamos, ¿no?
(¿Hay que quedarse a dormir o pedirse un taxi?)
Cuando estaba en la primaria, me llamaban mucho la atención esos nenes boludos que lloraban cuando tenían que levantarse de la cama en invierno, y que finalmente solo salían de casa si les dejaban quedarse con el piyama puesto, debajo del uniforme. Esta incapacidad para enfrentarse a una tarea tan banal como ir al colegio en las mañanas de frío siempre me resultó propia de los débiles de carácter, o bien de los malcriados por sus padres.
Hoy, veinte años después, me siento como Débora Criado, la enana de rulos que siempre llegaba tarde porque “se quedaba dormida”, con el camisón sobresaliéndole por debajo de la pollera a cuadros. (Salvo porque Débora era una zorra de esas que hacen sentir mal a las otras nenas porque no tienen útiles lindos o mochilas color rosa).
Mejor Amiga:
Bueno, ya va siendo tiempo…
Elena:
¿De qué? No me digas de hacer dieta, plis, que no estoy en un buen momento.
M.A.:
No. De volver a tu casa.
Elena:
¡Quedamos en que me iba a ir a lo de Maxi!
M.A:
Cambié de idea, tenés que aprovechar que el Mandril dijo que se iba para poner en práctica todo lo que aprendiste en estos días.
Elena:
Esperá… ¿qué aprendí?
M.A.
Descubriste que la vida puede ser armónica y llena de comodidades y cosas lindas, ¿te parece poco? Ahora andá y recuperá tu espacio.
Elena:
No, pero no lo quiero ver todavía, mejor dentro de unos días más…
M.A:
Estás preparada. Andá hoy a la noche.
Elena:
¿Hoy?!
M.A:
Si… bueno, es que tengo un chongo hoy y necesito el lugar.
Elena:
Hubieras empezado por ahí, tarada. Voy y de paso me fijo que la gata esté viva.
Sin demasiada preparación psicológica, después del laburo pasé por mi (¿ex?) casa. Por supuesto, el Chango estaba ahí, mirando la tele con la gata haciéndole mimos en las piernas.
Elena:
¡Gata traidora!
Chango:
Qué querés, si la madre hizo abandono de hogar…!
Elena:
Qué sorete, callate, fue por fuerza mayor.
Chango:
Bueno, bueno, pasá, sentate, ¿tomamos unos mates?
Elena:
Pongo la pava.
Chango:
Nono, sentate, sentate, dejalo a papito.
El Chango se levantó y, no sé cómo contar esto… fue hasta la alacena donde guardo la yerba, sacó el frasco pertinente, luego abrió otra de las puertitas y sacó el mate. Finalmente, hizo lo propio con la bombilla, que se aloja en un cajón que no es el de los cubiertos porque mi mamá nunca mezclaba la bombilla con los cubiertos y ya me acostumbré así.
Tomó un fósforo, prendió la hornalla con la perilla exacta, luego de elegir la que tenía el diámetro justo para la pava. Cinco minutos después me estaba cebando el primer mate, impecable y a la temperatura justa.
Chango:
Estuve pensando.
Elena:
Ajá.
Chango:
Y me parece que vos sos la mujer de mi vida.
Elena:
Sí, bueno, supuestamente vos sos el hombre de mi vida también, pero eso no existe, ya conoceremos a otras personas y listo, no te preocupes por eso.
Chango:
¡Dejame terminar! ¡Siempre igual!
Elena:
Ok, proseguí.
Chango:
Pero nuestra pareja ya no existe más, porque pasaron muchas cosas.
Elena:
…
Chango:
Entonces lo que me parece que tenemos que hacer es ser amigos, y desear que el otro sea feliz, ¿no te parece?
Elena:
¡Es lo que te dije hace nosecuántos meses!
Chango:
Por eso. Ahora ya lo entendí. Así que si querés estar con el goma, yo te doy mi bendición.
Elena:
Y si vos querés estar con Jul, yo te doy la mía…
Chango:
Gracias.
Elena:
¡Mentira!, es malísimo si te vas con Jul, quedás como un boludo, sabelo.
Chango:
¿Estamos en paz?
Elena:
Más o menos. Cuando te mudes creo que vamos a estar en paz.
Chango:
Bien.
(¡Tomá, Débora! ¡Aprendé lo que es ponerle el pecho a las balas!)
Anoche cené brócoli, zapallitos y yogur activia, mientras Mejor Amiga se entregaba a los placeres carnales y saboreaba unos ravioles con crema.
Después tomamos un té de hierbas, charlamos sobre Distrito 9 y su similitud con la situación Macri vs. Villa 31, nos baboseamos con el primer capítulo de la nueva temporada de House y finalmente nos fuimos a dormir.
A mí me toca el sillón, que comparto con el gato Benito, que me chupa la cara toda la noche. Ella, por su parte, adquirió hace poco un sommier del que está perdidamente enamorada.
A las dos y cuarto de la mañana me desperté con los ruidos de mi estómago, muy muy similares a los que hacen los aliens en la película. Retorciéndome de dolor llegué al baño, sin entender bien qué estaba pasando, porque cuando a mí me duele la panza no puedo ver más allá de mi agonía y deseo morir, o al menos desmayarme, para terminar con la tortura.
Sintiéndome Christopher Johnson, transpirada y desorientada, hice… cosas ahí un buen rato hasta que me sentí liviana, limpia, despojada de todo mal. Estiré la mano en búsqueda del elemento que se utiliza para limpiar las partes íntimas, y ahí fue cuando todas mis pesadillas se convirtieron en realidad.
De repente, el tiempo no había pasado y yo estaba aún en mi departamento de concubina, viviendo con Albóndiga. ¿Cómo lo sabía? Pues porque se había terminado el papel higiénico.
Así que yo estaba sentada en el inodoro, más sola que nunca y a la buena de Dios, como cuando el Chango usaba toda la yerba, se consumía el rollo de cocina, se comía la última galleta marinera y se llevaba la plata del cajón.
Respiré hondo. ¿Dónde guarda Mejor Amiga el papel higiénico? ¿Cómo no sé eso después de años de venir a verla? Miré a mi alrededor. En el piso no había nada. Sobre la pileta tampoco. Arriba del bidet, menos. Imaginé la escena patética en la que iría en búsqueda del papel, con el culo al aire y tropezando con los muebles en la oscuridad de la madrugada y sufrí.
Finalmente, miré a mi izquierda y allí estaba, sobre el borde de la bañadera, el rollo blanco, con 90sus metros de sedosa alegría, como si lo hubiera depositado un ángel al oir mis súplicas, o bien al prever mis atroces cólicos. Juro que hasta me pareció que resplandecía en el silencio nocturno.
Me limpié emocionada. Me lavé las manos y entré al cuarto de Mejor Amiga, para susurrarle al oído:
Elena:
Gracias por el papel… ¿Cómo sabías?
Mejor Amiga:
Dejame dormir, brócoli.
Elena:
Sí, hasta mañana, te quiero.
Volví al sillón, y recordé que esta es mi nueva vida, y acá el papel higiénico nunca se acaba. Le dí un beso a Benito y descansé.
Feliz lunes para todos.
El Chango me llamó por teléfono anoche. Yo estaba mirando La novicia rebelde con Mejor Amiga, pero igual, a la quinta vez que sonó el celular, atendí.
Elena:
¿Qué pasa?
Chango:
Nada… quería saber cómo estás.
Elena:
¿Estás en casa?
Chango:
Sí, ordenando un poco.
Elena:
¿Qué querés?
Chango:
Volvé… esta es tu casa. Estoy buscando departamento así que no voy a estar acá mucho más, no corresponde que te vayas vos.
Elena:
…
Mejor Amiga (a los gritos).
¿Qué quiere ese? ¡Cortale! ¡Los niños de la familia von Trapp te reclaman!
Chango:
Estás con M.A…
Elena:
Sí, me estoy quedando acá. ¿Te vas a ir de casa entonces?
Chango:
Sí… pero necesito que estemos bien, en paz. volvé y hablamos y cerramos todo bien, ¿sí?
Elena:
Pero estoy bien acá por ahora… no pensaba volver… vos andá arreglando tus cosas y yo voy arreglando las mías, así terminamos esto de una vez, ¿te parece?
Mejor Amiga (a los gritos)
¡Cortá! ¿Qué te está diciendo? ¡Cortale!!
Chango:
Y… si no queda otra…
Elena:
Hablemos después, estoy viendo una película, ¿sí?
Chango:
Dale… aunque el final me parece re malo, dejan la casa, todo y se van a las montañas sin llevarse ni siquiera no sé… unas joyas, ¡algo!
Elena:
!!
Chango:
Para mí la tenían que terminar cuando ellos se enamoran y se casan.
Elena:
Bueno, tené en cuenta que es una película larga, en el cine la daban con intermedio. Te corto, chau.
Chango:
Chau amor mío.
(click)
Mejor Amiga:
NO QUIERO SABER NADA QUÉ TE DIJO pero por favor decime que se va del departamento.
Elena:
Así parece…
M.A:
¡Vamooooossss! Igual te tenés que quedar acá porque estamos haciendo tu curación espiritual, eh.
Elena.
Me dijo “chau, amor mío”
M.A:
Pelotudo irrespetuoso. ¿Qué se le habrá dado por ser normal de repente? Che, esta es la parte que Rolf los delata con los nazis, ¿la adelantamos?
Elena:
Para mí la película deja de garpar cuando Fraulein Maria y el Capitán Von Trapp vuelven de la luna de miel. Por mí sacala.
M.A:
Bueno. ¿Miramos los últimos de House?
Elena:
Sos una gran anfitriona.
En casa de Mejor Amiga las cosas son extrañas. No hay horarios, se come rico y sano, hay un aroma delicioso; pero sobre todo, se respira tranquilidad.
Pasé estas últimas noches con ella, y lejos de sentirme una histérica conflictuada, estoy en la búsqueda de mi (departamentoenel) centro.
Así que hoy quiero compartir con ustedes lo que aprendí junto a esta santa, que siempre acude a mi rescate y me ayuda a poner las cosas en perspectiva. (¡Chupala, Adrián!)
1) Al comer
Al contrario de la creencia popular, el helado y el chocolate no deben ocupar los primeros lugares en la lista de alimentos a ingerir como mujer en crisis. Sucede que, luego del lanzamiento de películas como “El diario de Brigdet Jones” y series como “Friends”, estos pecaditos han tomado una connotación negativa cuando son consumidos de noche y en jogging: inmediatamente se los asocia con soledad, depresión y falso girl power.
Mejor Amiga recomienda: Cocinar recetas de Narda y pasarse horas en la cocina intentando descifrar las instrucciones, luego de haber invertido la tarde entera en comprar los ingredientes. La ilusión de preparar platos gourmet con componentes premium nos hará sentir verdaderas damas y no escapistas autodestructivas.
2) Al comprar ropa interior
Cuando una mujer no sabe qué demonios hacer con su vida, recurre a la lencería. Es común, entonces, cometer el error de adquirir tangas estridentes, corpiños de encaje color coral o camisolines cuyos finos breteles se romperán en la primer vuelta que demos (solas) en la cama; todo esto con el objetivo simplista de sentirnos “unas diosas”. Demás está decir que usar estas prendas para estar en casa con la gata nos generará angustia, además de ser una muestra de dudoso gusto.
Mejor Amiga recomienda: A esta altura no importa mucho lo que lleves debajo de la ropa, sino cómo te veas vestida, por si te cruzás por la calle con tu ex. Recorré las lencerías de barrio en busca de las viejas gordotas que se conocen todos los modelos de corpiño y elegite algunos que calcen perfecto. Con el mismo criterio, comprate un jean recto, azul oscuro y de tiro medio, que disimule la panza. Con buenas tetas y buen culo, la vida es más luminosa.
3) Al salir
El saber pagano nos indica que lo mejor es descoser la noche en bares y boliches, ahogarse en alcohol y encamarse con un desconocido, o al menos coquetear descaradamente con cualquiera. En la misma onda figuran los patéticos clubs de strippers y las fiestas “de un amigo de un amigo de un amigo de mi primo, en Devoto”. ¿Cuál es el resultado? Llegamos a casa a las 8 de la mañana del día siguiente, descompuestas, con el maquillaje corrido y añorando los tiempos en que dormíamos plácidamente al lado de nuestro simio. Lejos de orientarnos sobre el camino a seguir, esta actitud solo nos llevará al consultorio del terapeuta.
Mejor Amiga recomienda: Nada mejor para la cabeza que… usarla. Conviene ir al cine, a muestras de arte, obras de teatro o recitales y a finas casas de té, siempre con una amiga. Evitar los grupos para no sentirse Sex and the city y terminar gritando “¡¡No hay hombres!!” mientras escupís torta de ricotta.
Estoy de buen humor. Suspendí la sesión con Adrían (chupala) y a la tarde me voy a la World Press Photo. Me como el mundo. Eso sí, tengo que volver temprano para ponerle comida a la gata y ver que el Chango no me haya prendido fuego el depto. ¡Pero no me digan que los consejos no son buenos!
Hacía mucho que no veía a Maxi. Estaba impecable, como siempre. Ahora que empezó el calorcito, cambió los jeans oscuros por unos más gastados, las converse por unas pony celestes y la polera por una chomba Penguin. O sea, tenía, mínimo, una luca en ropa encima.
Lo que me gusta de Maxi es que, a pesar de que la mujer lo cagó con un amigo, tiene una madre que está demente y un TOC que después de años de tratamiento le sigue dando algunos problemas, le pone onda a todo. Está en ese lugar al que van los que “ya la pasaron” y quieren hacerle las cosas más fáciles a los demás, simplemente porque pueden.
Hasta ahora, siempre estuvo cuando lo necesité, me cuida, me mima todo el tiempo y es lindo. Cuando estoy con él estoy tranquila, amén de que tengo que usar posavasos, separar las capas del pastel de papas y aderezarme la ensalada en el plato porque él la come sin nada. Y eso no es poco, aunque no tenga gran peso dramático en una anécdota o se parezca más a una apacible meseta que a una montaña rusa de emociones desopilantes.
Cuando me pasó a buscar, yo estaba en medio de un ataque de llanto, poniendo mis revistas Fierro en una caja y embolsando los pantalones que ya no me entran ni me entrarán jamás, muerta de pánico y haciendo sumas y restas desesperadas en el aire. Qué caro es mudarse, la puta madre, y encima no te agarran garantía de provincia casi nunca.
Me subí al auto con todo el maquillaje corrido y agüita corriéndome por la nariz, y le conté todo, prácticamente sin respirar y sin darle tiempo de que arranque. Él paró la marcha y me alcanzó una caja de pañuelitos de papel que tenía en la guantera.
Maxi:
Ya está. Te metiste vos solita en este bardo y ahora tenés que salir, pero va a estar todo bien. cuando yo me
separé le dejé el departamento a mi ex, los muebles, todo, y tuve que empezar de nuevo… y le pedí guita a mi mamá. Una pesadilla, pero bueno, después todo se fue acomodando, no es tan grave.
Elena:
Todos dicen que no tengo que dejar mi casa.
Maxi:
Vos hacé lo que te parezca. Ya sabés que podés venir a quedarte conmigo, pero no sé si te conviene. Quizás lo que necesitás es estar sola, pero me parece que es un buen momento para que te dejes cuidar, ya te pasó de todo. Igual… no sé si te vas a poder adaptar.
Elena:
¿Por?
Maxi:
¿Viste lo de los posavasos? Multiplicalo por mil, te tendría que hacer un manual de procedimientos…
Elena:
Si me adapté a ser mucama me puedo adaptar a vos, pero no sé, ¿vos pensás que es una buena idea?
Maxi:
¿Porque nos conocemos hace poco? Todo bien, de última, vamos viendo sobre la marcha. No nos vamos a morir por vivir juntos un tiempo. A mí me hubiera encantado tener a alguien que me ayudara cuando me tuve que ir de mi casa. Aprovechá que hay gente que te quiere. Te venís a casa, descansás, y de última, si estás incómoda vemos qué hacemos.
Elena:
¿Y la gata?
Maxi:
Hmmm… Si pasás la aspiradora todos los días no tengo problema.
Elena:
No sé qué decir… ¿Por qué me ayudás siempre?
Maxi:
No digas que es una boludez, pero vos sos la única mujer que no me pidió que cambie a la semana de conocerme. Y te reís con mis cosas, está bueno eso. Yo también me quiero relajar, será eso.
Elena:
Lo consulto con una persona capacitada y te contesto, ¿sí? No quiero mandarme más cagadas. Gracias… de verdad, sos un amor.
Maxi:
Hablalo con Adrián, por las dudas.
Elena:
…claro…justo…
El fin de semana ayudé a Mejor Amiga a pintar su casa. Cuando llego al punto en que ya no puedo pensar más, para mí no hay nada mejor que abocarse a una tarea manual rústica que nos obligue a poner la mente en blanco y concentrarnos en que nuestro cuerpo realice con eficiencia lo que le hemos encomendado.
Mientras le daba a full al rodillo (debe hacerse en varias direcciones, para evitar vetas en la pared), aproveché para psicoanalizarme gratuitamente:
Elena:
…y me quiero ir a la mierda de mi casa, me harté, te juro que no doy más.
Mejor Amiga:
No cargues tanto el rodillo que salpica. Ni da que te vayas de tu propia casa, ya sabés lo que pienso, rajalo a la mierda.
Elena:
Pero ya me agoté, boluda, y no lo puedo dejar en la calle porque me parece que es un inútil… ¡mirá si le pasa algo!
M.A:
¿Me estás jodiendo? A ese tipo se le tiene que engangrenar el pene y después caérsele. Igual vos sos incapaz de hacer un mal, asíque si querés venite unos días acá. El único problema es la gata.
Elena:
Uh, tenés razón, Mora y Benito no se van a llevar bien, pero no la puedo dejar con el Chango, la va a dejar morir de hambre o se le va a sentar encima…
M.A:
¿No tenés con quien dejarla?
Elena:
No… pero… tengo otra opción.
M.A:
No te creo. Ese pibe ni en pedo te deja ir con la gata y llenarle la casa de pelos.
Elena:
¿Cómo sabías que te iba a contar eso?
M.A:
Porque sos uy obvia. Te digo lo que vas a hacer.
Elena:
Por favor.
M.A:
Te vas a quedar esta semana acá, pero vas a ir todos los días a chequear que el orangután no se haya comido a Morita con limón, y después de hablarlo en terapia, vemos si podés irte a vivir con otro tipo tan pronto. Porque en realidad, si lo pensamos, te conviene… por la guita y por ahorrarte el viaje a capital todos los días.
Elena:
Sep… y además él siempre pone sábanas limpias, es una tentación. ¡Sería como vivir en un hotel! Y mientras me busco algo, porque no quiero volver a mi casa, no quiero nada que tenga que ver con el Chango.
M.A:
Che, sos re madura…
Elena:
¡Gracias!
Elena:
…y entonces ahí me dijo que la espontaneidad no es lo mío.
Adrián:
¿Qué pensás que quiso decir?
Elena:
Que tengo un palo en el orto todo el tiempo, o algo así, qué sé yo, igual es cualquiera, yo puedo ser espontánea. ¡El otro día compré chipá en Retiro! ¡Si eso no es ser espontánea no sé qué es!
Adrián:
Es ser autodestructiva, hablemos de eso.
Elena:
No, porque le compré al más limpito.
Adrián:
Te estoy cargando, bueno y ¿qué vas a hacer?
Elena:
Me quiero ir de mi casa.
Adrián:
¿Abandonás el barco?
Elena:
No, no es abandonar, es decir “muy rico todo pero mañana tengo que madrugar”, y cerrar una etapa.
Adrián:
Irte del lugar donde vivís te va a hacer cerrar una etapa…
Elena:
Sabés que no sé… ¡pero estoy tan cansada de esta historia! No la puedo remar más, yo quería terminar siendo amiga del Chango pero no se puede.
Adrián:
¿Qué dice Maxi?
Elena:
Ahora le voy a contar, hoy duermo allá.
Adrián:
A que te dice que te vayas a vivir con él. Te digo porque lo conozco, yo lo analicé.
Elena:
¡Sos loco! Hace poco que lo conozco y además con lo obsesivo que es no me va a bancar.
Adrián:
¿Vos te irías a vivir con él?
Elena:
Sería una locura.
Adrián:
¿Te irías a vivir con él?
Elena:
No sé si a vivir, pero pasaría unos meses ahí, me encanta él. Ponele, llevaría unas medias, unas bombachitas y la laptop, pero no llevaría mis muebles. O sea, sólo llevaría lo que entre en un bolso. O sea que no sería “irme a vivir”, sino pasar un tiempito, ¿entendés?
Adrián:
No. Veamos. Te querés ir de la casa donde vivís con el Chango para ser espontánea y te instalarías en lo de Maxi.
Elena:
Más o menos, sí.
Adrián:
Así no puedo trabajar. Terminamos la sesión acá, andá a tu casa, pensá y hablamos la semana que viene.
Elena:
¡Pero me tenés que dar tu opinión profesional!
Adrián:
Estoy muy confundido.
¿Alguien me recuerda para qué estoy yendo a terapia?
Basta de blogs de ingratas minas solas. ¡Estar felizmente en pareja es mucho peor! elenapaoloni@gmail.com