La vida con príncipe azul
No, no me acosté con el Chango. Terminé de comer, me encerré en mi cuarto mientras él lavaba los platos y miraba cable y llamé a Mejor Amiga para desahogarme.
No sé cómo me aguanta, porque siempre le voy con los mismos problemas y ella, con una paciencia infinita, intenta hacerme entender verdades aparentemente evidentes
Elena:
(…) y él se cree que ya está, que vamos a volver juntos.
M.A.:
Vos sos una pelotuda, pero bueh, ¿qué sentiste?
Elena:
Ese es el tema, no sé.
M.A.:
¿Cómo no sabés?
Elena:
Y no, no sé… es como cuando estás en cuarto año y vas a empezar quinto y te pensás que va a ser lo más, pero después te das cuenta de que es una mierda y que sos una boluda que se cree mil pero en realidad es una pendeja y tiene que tomar mucha sopa.
M.A.:
…. ¿Qué?
Elena:
Eso, que pensé que al menos iba a haber fuegos artificiales onda los de Júpiter, no los grossos de carrefour pero bueno, y al final nada, ni una bengalita.
M.A.:
¡BIEN, estúpida! ¡No lo querés más!
Elena:
¿Vos decís?
M.A.:
Mirá, hace como 15 días que está viviendo ahí y no te lo cogiste, y te besa después de haber lavado ropa y no te explotó la cabeza… a ese tipo no lo querés más, estás curada.
Elena:
Eso es bueno, ¿no? Pero no entiendo algo, ¿por qué no me molesta que viva en mi casa?
M.A.:
¡¡Porque no te importa!! ¿No estás yendo a terapia, vos?
Elena:
…sí…
M.A.:
Por favor contame qué te dice tu psicólogo sobre esto, vas a ver que tengo razón. Che, y el otro pibe ¿qué onda?
Elena:
Maxi. No sé, hace unos días que no lo veo.
M.A.:
¿Pero estás enganchada?
Elena:
No sé, porque creo que no me voy a enamorar de él.
M.A.:
¿Cómo sabés?
Elena:
Esas cosas se saben.
M.A.:
Ni a palos, eso no lo podés saber nunca. ¿Entonces no le vas a dar una oportunidad?
Elena:
No, porque no soy conchuda, no me gusta hacerle perder el tiempo a la gente.
M.A.:
¿Pero te gusta?
Elena:
Sí.
M.A.:
¿Y entonces?
Elena:
Que si no me enamoro va a sufrir y él es bueno y lo trataron muy mal, no se merece que lo boludeen.
M.A.:
No es boludear, es relajarte, vos no te relajás nunca, no sé qué tiene que pasar para que te relajes, pelotuda, te juro. ¡RELAJATE!
Elena:
Bueno, bueno, andá a cagar.
M.A.:
Andá vos a cagar.
Elena:
Te quiero.
M.A.:
Yo también.
Chango:
Hmmmmmamitaaaaquébesooooo
Elena:
Pará que es cualquiera, malísimo.
Chango:
Qué malísimo, tenés gustito rico, ¡cómo te extrañabaaaaaa!
Elena:
Fue un momento de debilidad eh, no te hagás el canchero que esto no significa nada.
Chango:
¡Cómo que no! ¡No te podés resistir a este Changote que te vuelve loquita!
Elena:
¡Nene! ¡No cambiaste nada! ¡Es UN BESO!
Chango:
Ojo que también te toqué las tetas… ¡no te hagás la que no querés nada!
Elena:
Es golpe bajo porque fuiste al super, estoy conmocionada.
Chango:
¿Dormimos juntos?
Elena:
No, no, comamos la picadita y olvidémonos de este episodio, plis.
Chango:
¿Estás pensando en el goma ese metrosexual?
Elena:
Estoy pensando que no corresponde que nos andemos besando porque sos mi ex.
Chango:
¡Tu ex! ¡Si me besaste con unas ganas…!
Elena:
Debe ser lo del lavarropas.
Chango:
Bueno, está bien, piquemos algo mientras me seguís perdonando.
Elena:
Que me coma un sánguche de leber con pepino no significa que te perdone.
Chango:
Hay pancito negro.
Elena:
No juegues conmigo.
Un desliz lo tiene cualquiera. Cuando uno se coloca en una situación extrema, es normal que nuestras emociones nos jueguen una mala pasada, y veamos en cualquier actitud de lo más normal, signos “inconfundibles” de que todo ha cambiado, y que esta vez las cosas estarán bien.
Nos aferramos con tanta desesperación irracional a un mundo que ya no existe, que creemos tocarla con la punta de los dedos y por un instante estamos casi seguros de que sigue siendo real, y que no todo está perdido.
Pero es porque somos medio pelotudos.
El sábado a la noche, después de estar afuera todo el día, llegué a casa de pésimo humor. Todo está carísimo, no había llegado a depilarme las piernas y mi vieja había estado intentando convencerme por horas de que lo mejor para mí es conseguir un empleo estable cerca de casa y dejarme de bobear con “eso de internet que hacés vos”. Y tenía hambre.
Sin embargo, ya en el palier de casa me sorprendió el dulce aroma del limpiador de pisos, que disfruté sinceramente mientras buscaba la llave en la cartera. Habrá pasado el trapo el vecino, asumí.
Pero cuando entré a casa el espectáculo era de no creer. Era como si Maxi hubiera soñado con un lugar así y su hada madrina le hubiera concecido el deseo, pero el milagro era obra de un hombre.
El Chango estaba en calzoncillos y buzo, parado al lado de la estufa. Las uñas de sus pies estaban tan largas que podían competir con las de la gata tranquilamente. (Incluso llegué a imaginármelos a los dos peleándose por afilarlas en el sillón que heredé de mi bisabuela mientras yo trataba de espantarlos con una escoba pero traté de distraerme pronto).
Los platos estaban fuera de la vista, al igual que la pila de abrigos que suelo dejar sobre la silla del living ahora que vivo sola… (bueno, antes del percance este de la convivencia post Jul). La gata ronroneaba feliz, acostumbrada a la nueva presencia carnosa y morena; y de fondo sonaba Belle and Sebastian (bueno, él es un poco obvio).
En la mesita del living había un montón de platitos con cositas para picar, y unos chopps recién sacados del freezer, listos para recibir medio libro del espumoso líquido ámbar.
Chango:
Bienvenida a tu casa.
Elena:
¿Hay leber?
Chango:
Claro. Y pepinitos.
Elena:
Bien ahí. Te ganaste los días de changüí.
Chango:
¿Miramos una película?
Elena:
Mejor miremos un programa de archivo, seguro me quedo dormida, no doy más.
Chango:
Si querés charlamos. ¿Querés charlar?
Elena:
¿De qué?
Chango:
De cualquier cosa.
Elena:
¿Como qué?
Chango:
De tu laburo nuevo.
Elena:
Me va bien. Che, ponete unos pantalones, ni da que estés en bolas, eh.
Chango:
Es que lavé todos y no tengo ninguno seco para ahora, ¡no me dí cuenta! Pero no me digas que no es mejor eso que dejar todo sucio…
Elena:
Bueh, mejor hablemos de cosas más extraordinarias. ¡Usaste bien el lavarropas!
Chango:
Sí, ya era hora…
Elena:
Bueno, estos días qué te parece si te encargás de la ropa y yo me encargo de la comida.
Chango:
Como quieras, igual yo fui al supermercado y traje algunas cosas, esta semana estamos bien. Y llamó tu abuela, quería pasar a saludar, le dije que te habías ido a la costa… ah, che, el grano ese ni se nota, no te vuelvas loca.
Y ahí fue cuando nos dimos un beso en la boca con el Chango.
Perdón.
Bueno, lo prometido es deuda, así que acá hay un pedacito de lo que fue la representación de Pájaro en mano en la Kermese de blogs. Los actores estaban un poco nerviosos, pero igual fue muy lindo. Gael hizo una representación increíble de un Chango de masculinidad dudosa. ¡Que lo disfruten!
¡Qué gran noche ayer, en la Kermese de Blogs!
Me encontré con grandes amigos y muchos lectores que vinieron a saludarme y votaron por el Chango o por Maxi, y hasta firmé mi primer autógrafo. (Es cierto, lo juro, hay fotos y fue loquísimo).
Hubo muchas cosas divertidas que podrán leer en en detalle en los otros blogs, pero para mí fue muy flashero ver representadas sobre el escenario cosas que me pasaron hace mucho tiempo. Me sentí un poco triste por el Chango y un poco contenta por mí, que puedo compartir con ustedes las cosas que me pasaron o me pasan o que quisiera que me pasaran o que me imagino que me pasarán.
Conocimos un poco más de, Que la Pases Lindo!, (Milton eligió imágenes para la presentación musical de la hermosa Anita Pettinari), el Comando Norma Aleandro, (que nos regaló bananas), Peluzón, (que nos contó sobre la desaparición misteriosa de su blog), la ficción lésbica Plan V, Norma Mettler, Zona Indie (Fer Casale pasó música), Por Dior! (Niño Pol no pudo estar pero leímos algunos posts escandalosos) y muchísimas cosas más.
Lo mejor de todo fue ver a Lorna sentada al lado de mi mamá, digno de un “cuando nuestros mundos colapsan”, del Capitán Intriga.
Muchas gracias a Maruja y Gael por haber puesto su voz a los posts, al Capitán por pensar en Pájaro en Mano para el evento, y, por supuesto, a todos los que vinieron y a todos los que leen.
Y para los que no pudieron estar ahí, a la noche voy a postear un videito, así no se quedan sin la magia.
¡Los quiero!
Maxi está trabajando como loco, y calculo que medio espantado, así que me tocó dormir el viernes en casa.
El sábado me levanté bastante tarde y de mal humor. Hace como tres semanas que estoy intentando escribir una nota y no le encuentro la vuelta. Estoy desconcentrada y con muchas cosas que hacer, aunque esta vez son cosas para mí y no para un muffin que pide comida y toallones limpios.
Mientras me lavaba la cara ví un grano nuevo, que va a estar espléndido para la Kermese de blogs, y me encontré algunas canas, pecas, pelos y demás maravillas de la estética. Pero lo que me depabiló no fue ese cuerno colorado que ya me empezaba a doler (¿trucos para que desaparezca un grano en un día, alguien…?), sino un dulce olorcito a café que venía de la cocina.
Chango:
Buen día…
Elena:
Buen día, ¿todo bien?
Chango:
Todo bien, hice café, ¿querés?
Elena:
Bueno, dale, ¿hay algo para comer?
Chango:
¡Medialunas! ¡Con dulce!
Elena:
Aaaah, ¡excelente!
Chango:
Hoy me quedo acá todo el día así que si no te molesta voy a ordenar un poco todo.
Elena:
… ?
Chango:
¡Soy una caja de sorpresas!
Elena:
¿El baño también vas a limpiar?
Chango:
Todo. Pero a la noche vemos una película.
Elena:
¿Abajo del sillón también vas a limpiar?
Chango:
Ah, sí, ahí también.
Elena:
¿Podés limpiar las ventanas?
Chango:
Bueno, pero vemos una película y comemos en el sillón.
Elena:
No hay comida, hay que ir a comprar y no tengo ganas.
Chango:
Yo compré para hacer picada.
Elena:
Bueno, dale, pero no me hagas renegar porque estoy de mal humor.
Chango:
No terminaste esa nota, ¿no?
Elena:
No, obvio que no. No me sale.
Chango:
Bueno, pero al final siempre te sale, relajá.
Elena:
Este café está salado…
Chango:
No, si le puse un sobrecito de edulcorante de esos que están al lado de…
Elena:
Al lado de la sal… porque son de sal. ¿Me hacés otro?
Chango:
¡Marcha!
El resto de la mañana lo pasé en el balcón, tratando de escribir, mientras escuchaba ruidos extraños, como el del balde lleno de limpiador líquido, el del aerosol de blem y…. el de la aspiradora.
A esa altura me empecé a preocupar.
Elena:
Dejá un minuto eso, vení.
Chango:
¿Qué?
Elena:
No conseguiste departamento, ¿no?
Chango:
… Es que no tengo plata. Dame unos días más y yo no te molesto, de verdad…
Elena:
Es como ese capítulo de Alf, que Willy lo quiere echar y Alf se hace el bueno por unos días y los re ayuda a los Tanner hasta que un día se manda una cagada y le explota el horno.
Chango:
Bueno, pensalo así: ¡el horno no lo sé usar!
Elena:
Vale. Pero esto no significa nada, eh.
Chango:
Significa que me querés y me hacés un favor.
Elena:
Vení que te enseño a usar el lavarropas.
from Elena Paoloni <elenapaoloni@gmail.com>
to Mejor Amiga <mejoramiga@gmail.com>
date Thu, Aug 13, 2009 at 11:14 PM
subject Explicame esto
mailed-by gmail.com
Boluda no sabés lo que soñé! Resulta que íbamos a comer a lo de mi viejo con un montón de amigos. Estaban los del otro laburo, algunos nuevos y algunos ex amigos, éramos como veinte! Y estaba Maxi
también.
Y la casa de mi viejo era como una librería de la calle Corrientes pero situada en Avellaneda, pero Avellaneda era Capital.
Bueno, y estábamos comiendo y cagándonos de risa cuando aparecía el Chango, y Maxi se iba!!!! Y el Chango era muy amigo de todos, todos le festejaban que había venido, yo no entendía nada, porque el Chango odiaba a mis amigos y mis amigos lo odiaban a él!
Y entonces venía Maxi y me daba un beso en el cachete y yo le decía “qué hacés? dame un beso en la boca!”, pero él no decía una palabra en todo el sueño y me miraba como triste. Yo le agarraba la mano y él se ponía incómodo.
Ahí venía el Chango y se sentaba al lado mío, en una banqueta alta, y ya estábamos todos en una especie de Garbarino, y él me preguntaba cómo estaba, y charlábamos y estaba todo más o menos bien pero yo seguía sin entender nada y medio que no le quería charlar mucho, pero me acuerdo que en el sueño me parecía que
estaba muy lindo aunque tenía tetas de gordo. Ah, y me daba a entender que estaba solito.
Y en un momento viene una amiga nuestra (que no sé quién es, se ve que había extras en el sueño), y nos muestra dos pelis que se había comprado. Yo no había visto ninguna de las dos, pero el Chango había visto una. Yo le preguntaba cuándo la había visto y me ponía cara de culo y me decía “bueh, no te lo quería decir pero la ví con Juan”, pero Juan era en realidad Jul!
Yo me levantaba sin decir una palabra y agarraba mi bolso, que estaba pesadísimo, y me iba caminando por Corrientes/Avellaneda (que ahora era como la calle Florida). Los pies me pesaban y a duras penas podía avanzar, y el Chango supuestamente CREO que me salía a buscar porque yo no avanzaba nada así que como a los 10 minutos había avanzado 10 metros nada más.
Y ahí me desperté. Qué quiere decir?
from Mejor Amiga <mejoramiga@gmail.com>
to Elena Paoloni <elenapaoloni@gmail.com>
date Thu, Aug 13, 2009 at 11:28 PM
subject Re: Explicame esto
mailed-by gmail.com
Qué películas eran?
Todavía tengo una cartuchera que me regaló un novio de hace muchos años, toda llena de brillos y con un pompón plateado colgado del cierre.
También guardo una pila de revistas “Muy interesante” que me consiguió un chico con el que tuve un romance eventual, luego de que yo le dijera que me encantaba leerla cuando era chica.
Me quedan, además, cartas, tarjetitas, emails de hace siglos. Los guardo porque si en algún momento, ordenando o limpiando, me los llego a encontrar, sonrío nostálgica y recuerdo esos días con mucho cariño.
Pero del Chango no quise tener nada. Cuando se fue de casa puse sus cosas en cajas y las mandé con un auto a lo de Estela, y lo mismo hice con todo lo que me regaló en los últimos cuatro años, que tampoco era tanto. Es más, entraba en una cajita de zapatos, porque el Chango no era muy regalón que digamos y además nunca tenía un mango, o al menos eso decía, aunque sospecho que su escaso dinero iba a parar a los bolsillos de los dueños de unos cuantos restós chic de palermo a cambio de modernas cenas para dos.
Las fotos son otra cosa. En las fotos están todos nuestros momentos felices. Las vacaciones, las salidas, las fiestas con amigos, autofotos dándonos besos. Él está lindo, rechoncho, con los ojos de carboncito contentos, y yo aparezco serena y relajada, convencida de que soy la mujer más afortunada del planeta.
Hay una que es la que más me gusta. Yo estoy mirando a la cámara y sonrío, mientras el Chango me da un beso en el cachete con los ojos cerrados y toda la devoción de la que un hombre es capaz. Cada vez que la miro, lloro.
Hasta ahora no había podido deshacerme de ellas porque documentan una gran parte de mi vida, pero no quiero más. Estoy lista para dejar ir todo, y estoy bien segura de que no voy a tener ganas de recordar nunca más esos días, porque eran mentira y porque ya no van a volver y porque no aprendí nada.
Así que hace un par de domingos puse todos los álbumes en una bolsa de consorcio y me dispuse a sacarlos a la calle.
El Chango, que recién se había vuelto a mudar a casa hasta conseguirse un lugar, vio toda la operación.
Chango:
¿Qué hacés?
Elena:
Voy a sacar estas cosas afuera.
Chango:
Esas son nuestras fotos…
Elena:
Sí, ya sé, pero no las puedo tener más acá.
Chango:
¿Y las vas a tirar?
Elena:
Y, sí… ¿Querés mirarlas o algo?
Chango:
No las tires, es como negar todo lo que pasó.
Elena:
Esa es la idea. Cuando te vayas de acá no vas a existir más.
Chango:
Pero no funciona así. ¡No podés borrar lo que pasó! ¿Te vas a olvidar de mí? Yo nunca me voy a olvidar de vos…
Elena:
No creo que me olvide, pero no quiero nada que me haga acordar a vos.
Solté la bolsa y la apoyé en el piso. Pesaba muchísimo, porque tengo la antieconómica y antiecológica manía de imprimir las fotos (15×21, papel mate, bordes blancos, siempre).
Elena:
Para mí hay un antes y un después de vos. Lo sabés. Vos me conociste cuando yo era una pendeja y ahora soy una mina bien plantada. Laburo, soy independiente, no necesito a nadie. Te necesitaba a vos, pero ya no. Pero igual, lo que quiero ahora es rodearme de cosas que me hagan bien. Y una foto tuya besándome haciéndote el que me querés no me hace bien.
Chango:
¿Por qué me dejaste volver entonces? No entiendo nada.
Elena:
Porque es el último favor que te voy a hacer.
Chango:
Me estás haciendo mierda, está bien que te quieras vengar pero esto es demasiado ya, no me lo merezco.
Elena:
Tiro las fotos por mí, no por vos.
Chango:
No las tires. Me las quiero llevar.
Elena:
No quiero que tengas fotos mías, perdoname, no quiero ser forra, pero yo decido lo que hago con mis fotos. Pero bueno, si querés separá las tuyas.
Chango:
Quiero las que estamos los dos, por favor.
Elena:
Boludo basta, las quiero tirar.
Chango:
Basta vos, no seas pendeja, no tenés derecho. Quiero las fotos, dejámelas, plis. O aunque sea mirémoslas juntos, ¿querés?
Elena:
No, no aguanto. Por eso las quiero tirar.
Chango:
Yo las quiero mirar. Fui muy feliz con vos.
Elena:
Hacé lo que quieras. Te las dejo acá.
Parece que despedirse del pasado no es tan fácil.
Para nadie.
Mi amigo personal, encantador rr.pp., gran blogger y maravilloso multitaskeador Capitán Intriga está organizando un evento fabuloso en el que estaré presente.
Se trata de la Kermese de blogs, una serie de tres encuentros que tendrán lugar en el Centro Cultural Ricardo Rojas, en los que podrás entrar en contacto con el increíble mundo de los blogs de una manera fresca y original, como nos tiene acostumbrados el Capi.
La primer fecha es el martes 18 de agosto (o sea el martes que viene), y vamos a tener aaaaa:
- Fernando Casale, de Zona indie, que llevará música de Anita Pettinari.
- Niñopol, autor del extinguido blog Por Dior! junto a mí con Pájaro en mano
- La videopoeta Norma Mettler
- El Comando Norma Aleandro con Milton, responsable de Que la pases lindo!
- MiráVos, el videoblog de tecnología y Plan V, la ficción lésbica que también se emite por Internet.
No me digan que no es imperdible.
Los espero el martes 18, entonces, a las 19 horas, en la Sala Batato Berea, del Centro Cultural Rojas, Corrientes 2038.
(No, no van a estar ni el Chango ni Maxi, pero va a estar mi mamá).
Y ya sé que la imagen no se ve, ahora la arreglo!
¿Qué nos resulta atractivo de un hombre? Cada una busca diferentes detalles. A algunas les gustan los músculos, a otras un porte elegante o, por qué no, una alegre barriga cervecera, o quizás un par de ojos expresivos, acompañados de una sonrisa blanca y pareja.
En cuanto a rasgos de carácter, la cosa no es menos variada. Yo, por ejemplo, no puedo estar con un muchacho que no tenga un gran sentido del humor, aunque a muchas esto no les interesa, y en cambio priorizan un fuerte sentido de la responsabilidad, o una inteligencia por encima del promedio, o una marcada
vocación artística.
Pero salvo algunos deslices, todas mis parejas siempre tuvieron muchísimo pelo. Me encanta el pelo oscuro, tupido, con un buen corte, brilloso y sano. Me parece un signo indiscutible de la virilidad más fértil. Un tipo con buen pelo tiene que tener un pito acorde, fornido, simpático, atento.
En mi familia son todos pelados. Onda, todos. Mi viejo, mis abuelos, mis tíos de ambos lados. En realidad, hasta mis amigos son todos pelados.Y digo todo esto sin intentar desmerecer a los pelados, quienes me consta tienen sus propios encantos.
Lo cierto es que el Chango tiene una melena negra, autóctona, que alcanzaría para fabricar media docena de pelucas. Fue lo primero que me gustó de él y lo único que se mantuvo intacto con los años. Millones de cabellos gruesos, uno pegadísimo al otro, conforman una melena nochera que le habrá quitado el sueño a más de una en el barrio del Gran Buenos Aires en el que creció.
Y Maxi es igual. ¡Qué pelo, señores! Cuando le da el viento en la cara, los mechones morenos se mueven con la suavidad con que ondulan los de un modelo de Armani Exchange. Además, tiene el corte más sentador del mundo, un poco largo pero prolijo, con el toque exacto de rebeldía. Es mi James Dean del tercer mundo, me vuelve loca.
¿Hay algo más erotizante que deslizar los dedos por esa mata sedosa mientras una se pierde en un beso profundo? ¡Rrrrroarrrrrr!
Maxi:
Ay, disculpá, no me toques el pelo, ¿sí? Es que se engrasa…
Basta de blogs de ingratas minas solas. ¡Estar felizmente en pareja es mucho peor! elenapaoloni@gmail.com