New Suegra - part 2

15 Jul 2009 En: El mío

La suegra en tanto figura femenina influyente es, en el 99% de los casos, un dolor de huevos.

Las hay de todo tipo: las metidas, las mosquitas muertas, las sucias, las criticonas, las chusmas, las tremebundas que inventan tragedias para llamar la atención, las que hacen regalos horrendos, las que piensan que sos una inútil, las celosas, las que te boicotean sin parar, las falsas… y la lista sigue.

Y después están las dos o tres suegras simpáticas y discretas que constituyen la excepción que confirma la regla, como Martita, la mamá de mi primer novio. Aaah, divina como Martita nunca hubo otra. Era una mujer centrada, simpática, me trataba bien, no se metía en mi vida ni criticaba mi uniforme del colegio arrugado.

Ojo que Estela tampoco estaba mal. Su motivación en la vida es creer que el Chango es el muchacho más perfecto del mundo y ninguna de nosotras, simples chirusas nos merecemos a ese regalo del cielo. De ahí sus comentarios estilo “¿Vos lo cuidás al nene? ¿Come bien?”, o “El nene está trabajando demasiado, está cansado, ¿por qué no lo ayudás? ¿Trabajás vos?” o incluso “Vos sí que te sacaste la lotería con el nene”. A pesar de eso, Estela no corta ni pincha. Sólo molesta un poco,

Pero es sabido que por cada Martita te toca padecer a dos Estelas y cinco o seis Lilianas.

Maxi:
Perdoname mamá pero no vinimos para que te hagas la irónica. Nos vamos a tener que ir.
Liliana:
¿Podemos comer en paz, Maxi? No me hagas pasar vergüenza, tanto lío porque expreso una opinión…
Maxi:
Chau.
Elena:
Chau, Liliana, ¡gracias por el almuerzo!

Acto seguido, Maxi me agarró del brazo, me alcanzó la campera y nos fuimos sin dejarle meter bocado a Liliana, que se quedó con los tres platos de mero oloroso a medio comer y una caja de galletitas de limón de clavo que seguro le daría a la “muchacha”.

Elena:
Cuando quieras me podés explicar qué fue ese quilombo… ¿No era que tenías que quedar bien con tu mamá?
Maxi:
Sí pero me saca, no puedo. ¡Es conchuda!
Elena:
Y… sí… Pero todas las madres y suegras son difíciles, mi vieja es jodida también.
Maxi:
¿Vamos a comer algo por ahí así te sacás el gusto a pescado?
Elena:
Me la debés, después de aguantar a esa señora desequilibrada.
Maxi:
A que tu vieja es peor.
Elena:
A que no, pero no apostemos, ya tuvimos suficiente suegra para un año y medio o más.
Maxi:
Sí, ni hablar. Además, las migas no tienen nada que ver con el TOC, no entiende nada.
Elena:
No. Le tendría que haber contado que nos conocimos en lo de Adrián. Igual… qué masculino de tu parte levantarte e irte así.
Maxi:
Te calentó, ¿no?
Elena:
Sep.

Las suegras son como los granos. Es mejor dejarlos así y no tocarlos hasta que se vayan solos.

New suegra - part 1

13 Jul 2009 En: Los otros

Ya ni me acuerdo del día en que conocí a Estela. Lo que sí sé es que no importó mucho lo que tenía puesto ni lo que dije, porque el milagro era que por fin había llegado una tarada para llevarse al nene… ¡y con facturas!

Esta vez las cosas eran un poco diferentes. No solo porque Maxi no es mi novio y no se sabe bien qué estaba yendo a hacer a la casa de Liliana.

Al final hice unas galletitas de limón de un libro de Maru Botana. Las envolví en papel de seda y las puse en una cajita de esas que venden en las papeleras, que cerré con un moño lila.

Me planché el pelo y me hice una colita baja, con raya al costado, me puse un jean azul oscuro, zapatos negros con taco bajo y una polera de bremer negra ajustada. Más sobria imposible, chicos, sólo faltaba un collar de perlas o algo así onda película norteamericana. Me pinté poco, porque ese fue el consejo que más me dieron los lectores, y me perfumé con una fragancia suave para no quedar como una vieja cacatúa.

Y después hice pis como diez veces, porque eso es lo que hago cuando estoy nerviosa.

Maxi pasó a buscarme puntual, como recién salido de una producción de moda de la revista de La Nación  (le doy mal), pero bastante tenso. Ya entendería por qué.

Elena:
Hola, hice galletitas de limón, las puse en una caja porque vi que Dolly Irigoyen siempre pone las galletitas en cajas y Narda también, y qué se yo, no sabía que traer porque no conozco a tu mamá y no quería no llevar nada, pero está bien ¿no? ¿Galletitas de limón? ¿Dos docenas?

Maxi:
Está perfecto, ni te hubieras molestado, la verdad. Además va a estar mi mamá sola, mi papá está en Puerto Madryn.
Elena:
Ok, respiro hondo. Igual sabés que me estás extorsionando, ¿no?
Maxi:
Sí, pero tomalo como que me hacés un favor así me saco de encima a mamá, que me presenta chicas insoportables porque son “de buena familia” o porque saben cocinar. Estoy harto, quiero terminar con esto así no me pregunta más nada. Por eso te quiero llevar a vos, sos la chica más divina que conocí…

Elena:
¡Hubieras empezado por ahí!
Maxi:
Haceme quedar como equilibrado, ¿sí?
Elena:
Dalo por hecho.

La casa de Liliana, como era de esperarse, es impecable. La fachada blanca, como recién pintada, y las puertas y ventanas azules me hicieron acordar al cuadro de las islas griegas que mi depiladora tiene colgado en el gabinete hace al menos doce años.

El interior parece un set televisivo. Todo está pensado hasta el último detalle. Los muebles rústicos, los tapices de las paredes, los adornos -vasijas y esculturas de cerámica- evocaban las tardes del mediterráneo con total naturalidad.

Liliana es una mujer menudita, lleva el pelo en prolijo corte carré, usa sombra de ojos color tostado y veo que solo tiene puestas joyas de oro, nada de bijouterie ni accesorios de moda. Ni bien la ví pensé en Chiche Duhalde.

Me saludó con un beso en cada mejilla y me dijo “Encantada, querida”, con una sonrisa correcta. A Maxi le dijo que su polera tenía pelotitas mientras le daba una palmadita en el hombro.

Enseguida pasamos al comedor, donde la mesa ya estaba puesta. Maxi se sentó sin decir nada, aunque su cara de fastidio era evidente. En ese momento decidí tomarme todo como un juego o un casting, y hacerlo quedar a mi chico pintón como un rey, así “Chiche” no le rompía las bolas.

La “muchacha”, como le dice Liliana a la mucama, trajo platos servidos de la cocina. Era pescado. Puteé por dentro, hice de tripas corazón y comí como si se tratara de un manjar exquisito, mezclando todo con toneladas de pan. Maxi me codeó pero yo le hice un gesto para que se quedara tranquilo. El pan disfraza todo.

Mi posible futura suegra, que se había ubicado en la cabecera, comía con bocados ínfimos y se limpiaba la boca antes de cada sorbo de agua. Ah, porque había agua. Sin gas.

Pero basta de detalles, ¡vamos a la charla!

Elena:
Traje galletitas de limón, ¿le gustan, Liliana?
Chiche:
Más o menos, no como nada que engorde, pero gracias igual, querida, ¡por suerte sabés cocinar! Decime, ¿a qué te dedicás?
Elena:
Yo soy comunicadora social.
Chiche:
Pero ¿dónde trabajás? ¿Qué hacés?
Elena:
Trabajo en una agencia de publicidad y escribo para algunas revistas, recién estoy empezando…
Chiche:
¿Qué edad tenéS?
Elena:
26, casi 27.
Chiche:
¿Y recién empezás? Maxi empezó a los 20, le va muy bien, gana muy bien, vive en Palermo ¿sabías?
Elena:
Sí, tiene un departamento muy lindo, pero no tan lindo como su casa, Liliana, la felicito.
Chiche:
AAh gracias, gracias. Maxi, qué bien esta chica, mucho mejor que la otra.
Maxi:
¡Mamá!
Chiche:
Ay, perdoname querido, pero la otra era de terror, nosotros con papá no te queríamos decir nada porque somos educados, pero esa chica nunca no gustó para vos.

Maxi:
Mamá, dijiste que te ibas a ubicar...
Chiche:
Bueno bueno, Elenita, ¿te gusta el pescado? Es mero, la salsa la saqué de El Gourmet.
Elena:
Está riquísimo.
Chiche:
¿Sí? porque me dijo Maxi que no te gustaba el pescado, pero acá los jueves se come pescado… Se ve que sos bien educada.
Elena:

Maxi:
… ¡Ves cómo sos! ¡No se puede así!
Elena:
No pasa nada, está muy rico el pescado.
Chiche:
Viste, Maxi, le gusta. Vos siempre tan negativo. ¿Seguís enfermo? ¿Cómo vas con el psicólogo? ¿Le contaste a esta chica que vas al psicólogo?

Maxi:
Sí, ya le conté y estoy mucho mejor.
Chiche:
Sí, se ve porque no te molestan las migas de Elenita, antes no eras así, eras más prolijo, hasta que el médico dijo que era una enfermedad. Yo nunca entendí por qué.

Elena:
Es un transtorno, no una enfermedad, Liliana, perdón por las migas. Él está bien, no se preocupe. ¿No, amor, que estás bien?
Maxi:
Sí, ¡¡pero vos mamá sos una desubicada!!
Chiche:
No levantes la voz en la mesa, Maxi, que hay desconocidos.
Maxi:
No es una desconocida, es mi novia, ¡andá acostumbrándote!
Elena:
!!
Chiche:
Ay, ya sé que la traés para molestarme. Sabés que no es para vos esta chica. No es nada contra vos, Elenita, sos muy simpática pero nosotros queremos que Maxi…

Maxi:
Tené cuidado con lo que vas a decir.
Chiche:
No es nada, es que siempre nos imaginamos a Maxi con una chica… más como él.
Elena:
¿Como él cómo?
Chiche:
Y… más clásica, delgadita, que estudie una buena carrera…
Elena:
Pero yo soy licenciada, Liliana.
Maxi:
Suficiente, mamá, me tenés cansado.
Chiche:
Bueno, bueno, comamos en paz que se enfría.

(Continuará)

Pájaro en vivo!

10 Jul 2009 En: Pájaro en mano

Los tiempos que (me) corren nos obligan a la instantaneidad más absoluta, así que Pájaro en mano se aggiorna para brindarte el mejor servicio.

Ahora vas a poder seguir al blog en twitter , o bien entrar y leer ahí al costadito, para que la espera entre post y post no se te haga tan larga!

Para todos los que mueren de curiosidad por saber qué pasó ayer, me fue bien, pronto el relato lleno de detalles.

Adelanto: Soy un cerdo glotón.

Adelanto 2: Mi “suegra” come con la elegancia de Mirtha.

Con la cola entre las piernas

8 Jul 2009 En: El mío, Los otros

Después de mi reacción del otro día, la verdad es que me quedé un poco asustada… Quizás con tantos años de Albóndiga haya perdido la perspectiva.

Por ejemplo, a veces me sorprenden gestos que para los demás son normales, como un mensaje de texto para ver cómo me fue en el dentista, o un chocolate regalado porque sí.

Para mí esas actitudes solo son propias del más perfecto príncipe azul, y Maxi las tiene todas. ¿Por qué no le aguanto nada?

Adrián:
Te escucho.
Elena:
Le contesté mal a Maxi, le dije que no quería jugar a la noviecita cuando me dijo que quería presentarme a la mamá y se enojó.

Adrián:
¿Por qué no querés conocer a la mamá de Maxi?
Elena:
Porque no.
Adrián:
Al terapeuta no se le contesta así…
Elena:
Bueno, lo que pasa es que no quiero meterme otra vez en una relación como la que tenía antes, con todos esos compromisos familiares, pienso en eso y me quiero matar, quiero estar tranquila ¿entendés?

Adrián:
Para tener una relación como la que tenías antes tendrías que estar con la persona con la que estabas antes. ¿Pensás que no aprendiste nada en todo este tiempo?

Elena:
Aprendí poco, vos lo sabés, yo lo sé. ¿Por qué lo extraño al Chango?
Adrián:
¿Por qué lo extrañás?
Elena:
Porque era divertido y porque lo podía cuidar. Maxi se cuida solo… y porque el Chango me parecía muy masculino, creo.

Adrián:
Con vos siempre es lo mismo, siempre tenemos que hablar de tipos de hombres. Escuchame, ¿me podés hacer un favor?

Elena:
Claro.
Adrián:
Está visto que no vas a poder reflexionar por vos misma, así que esta vez vas a hacer lo que te digo ¿podés?

Elena:
Por supuesto.
Adrián:
Pedile disculpas a Maxi, pero sincerate. No le digas lo que me dijiste a mí, porque yo ya sé lo que te pasa en verdad. Bueno, decile eso a él.

Elena:
¿Eh, qué me pasa?
Adrián:
Te pasa que te habías encariñado con esos “orangutanes”, como decís siempre. Te encariñaste, y ahora no los vas a poder ver más. Y eso que Estela no era la suegra modelo ni mucho menos. Hacete cargo. No te querés encariñar. ¿Viste la película “Marley y yo”? Buento, acá sucede algo similar. No querés un perro nuevo porque sabés que este también se va a morir.

Elena:
Voy a hacer de cuenta que no comparaste a Estela y a la mamá de Maxi con perros porque quizás tengas razón, pero cortemos la sesión acá, plis.

Adrián:
Me parece bien. Además estaría bueno que le dijeras que sos irracional y te gusta el Chango.
Elena:
Basta, terminó la sesión.
Adrián:
Sí, sí, ya terminó. Decile la verdad y mandale saludos, decile que lo extraño.
Elena:
¿Viste qué buen pelo que tiene?
Adrián:
Ni me lo nombres, lo veo y quiero ir a Shwanek.

Llegué corriendo a casa y le mandé un mail a Maxi:

From: Elena Paoloni
To: Maxi <maxi@muchopeloesvirilidad.com>
Sent: Tuesday, July 07, 2009 8:15 PM
Subject: Perdón

Perdoname, lo que quise decir es que no quiero volver al tipo de relación que tenía antes. No es que no quiero ser tu novia, sino que no quiero ser nuera, porque después me voy a encariñar y si nos va mal nunca más voy a poder ver a tu familia y los voy a extrañar. Es eso.

Y además que yo todavía no cerré mi historia anterior. Estoy con quilombos en la cabeza, pero perdoname por haberte dicho lo de jugar a la noviecita, fui muy maleducada. Me gustás mucho y no quiero que sufras ni ofenderte. Contestame los llamados, sí?

Respondió a los doce minutos:

From: Maxi <maxi@muchopeloesvirilidad.com>
To: Elena Paoloni
Sent: Tuesday, July 07, 2009 8:27 PM
Subject: Re: Perdón

Todo bien, linda. Tardaste un poco en reflexionar, pero está bien. ¡Quién no se ha enamorado de un gordo folklorista! Yo, pero a mí no me gusta el folklore.

Te espero a que cierres tu historia. Mi ex tampoco se fue completamente de mi vida, me llama y me dice que me quiere pedir perdón o cosas así, una cínica. Estas cosas van para largo. Y como me tenés que compensar, imagino que vas a venir a conocer a mi mamá. El jueves, que es feriado. Te paso a buscar a las 12 y media.

Ahora estoy más asustada que antes.

¿Qué me pongo? ¿Tengo que llevar algo?

Sincopados

6 Jul 2009 En: Los otros

Cuando empezás a ver a alguien es difícil encontrar el ritmo indicado para que las cosas vayan sobre rieles.

Lo ideal es que ambas personas se vayan enganchando de a poco, o que, si lo hacen enseguida y en medio de un torrente de pasión incontrolable, sea más o menos al mismo tiempo y con la misma intensidad.

Lamentablemente, las cosas no siempre son tan lineales.

Sin caer en la eterna tragedia “uno ama y el otro no”, o “uno se enamoró y o es correspondido”, una relación se complica cuando los momentos compartidos significan cosas diferentes para cada uno.

Maxi quiere que conozca a sus padres y yo no quiero, y como no soy muy buena con la espontaneidad -o por lo menos no con la que tiene que ver con lograr una frase más o menos decente en pocos segundos-, dejé salir la primer barbaridad que se me vino a la mente.

Lo que pasa es que pensé en Estela, en sus cacerolas de guiso sin fondo, sus comentarios sobre mi ropa “poco arreglada”, mi pelo “sin forma” y lo inaceptable del resultado de mi actividad con la plancha en las camisas del Chango.

También enumeré hasta perder la cuenta los domingos “en familia”, las mesas con caballetes llenas de parientes malhablados, el olor a fritanga que se queda siempre impregnado en el sweater, los cumpleañitos de los sobrinos, las navidades en bancarrota… las visitas imprevistas “para ver cómo anda el nene”…

No estoy para jugar a los noviecitos“, le dije.

Ok.”, respondió.

Acto seguido me cortó el teléfono y ya no volvió a atenderme.

Respuestas para todo

3 Jul 2009 En: Diálogos conyugales, El mío

Elena:
¿Cuándo fue la última vez que hablaste con Jul?
Chango:
Ya te dije, dejé de verla cuando me dí cuenta de que quería estar con vos.
Elena:
No mientas.
Chango:
¡En serio! ¡Sabés lo que me costó! Pensá que además éramos amigos…
Elena:
Ayer me la crucé por la calle y no me podía mirar a la cara, así que seguro vos le contaste que yo ya sé todo, no te hagás el boludo, la seguís viendo.

Chango:
Hablé con ella hace un par de semanas, sí, pero para decirle eso, que no me quiero mandar más cagadas y que no podemos ser amigos. No se lo tomó muy bien.

Elena:
Mirá, si sos amante, tenés que saber que siempre vas a ser la segunda, ese no es mi problema. Bah, o casi siempre, porque me podrías haber dejado por ella, son cosas que pasan pero bueno, vos me habías dicho que habías cortado la comunicación con ella hace mucho, cuando te leí el mensaje.

Chango:
Sí, sí, eso también… Te pido que te pongas en mi lugar. Yo voy a tener que vivir toda la vida sabiendo que casi pierdo a mi mujer por pensar con el pito, mientras que vos vas a vivir con la grandeza de espíritu que significa perdonar una infidelidad. Pensá que quedás en una posición superior.

Elena:
¿Quién te dijo que te voy a perdonar? Estoy cansada de sufrir, por ahí me conviene quedarme sola.
Chango:
¿Pero vos no te das cuenta de que yo siempre te voy a venir a buscar? ¿Qué necesitás que haga para volver a quererme?

Elena:
…la verdad… no sé. Me quiero operar las lolas.
Chango:
Son perfectas así.
Elena:
No, las quiero más paradas y grandotas, así mi próximo concubino no se va atrás de la primer atorranta con talle 100 y delirios de PJ Harvey que se cruce. ¡Estúpido! ¿No ves que nadie te va a querer como yo?! ¿Sos pelotudo?

Chango:
Y… sí…

Pueblo chico

1 Jul 2009 En: Los otros

Ayer iba caminando por Marcelo T. moqueando, cagada de frío, con múltiples capas de ropa y un gorro coya para que no se me congelaran las orejas cuando me pareció ver a Jul.

Digo “me pareció”, pero es casi imposible confundirla. Jul es alta, y en vez de tetas tiene dos melones que se empecina en dejar a merced de la más cruel fuerza de gravedad, bamboleantes, apenas acariciados por corpiños chiquitos y sin aro. Tiene las piernas gordas y camina con pasos largos. Nunca se abrocha el abrigo ni se peina, aunque no sale de casa sin dos rayas gruesas de delineador negro que, asumo, son su truco para resaltar su mirada felina, de bombachita floja.

Estas mujeres son la pesadilla de todas, porque siempre se mantienen atractivas y accesibles para el sexo opuesto. Son plantas carnívoras que se alimentan de los hombres a los que histeriquean sin pruritos. Tienen sexo con uno distinto cada semana y su estrategia es infalible: son fáciles, se ríen todo el tiempo, entregan el culo, no piden explicaciones, no tienen problemas, nunca están tristes ni ocupadas porque no trabajan y sólo hacen cursos de “arte”, y cuando terminan de coger se ponen las botas y, perfectas, se piden un taxi.

Sí, esa piba “irresistible” era Jul, que venía en dirección opuesta a la mía, llena de bolsas de negocios de ropa y escuchando música (no sé qué banda “se usa” ahora, pero bueno… esa).

Y por supuesto, una nunca está lista para semejante enfrentamiento. ¿Cuáles son las probabilidades? Por más que te imagines una y mil veces la situación y proyectes centenares de escenarios posibles y frases astutas, jamás se te ocurre que, en una ciudad como esta, efectivamente vayas a cruzarte con la amante de tu concubino.

Primero pensé en directamente irme a las manos. Bajarle dos o tres dientes, arrancarle la mitad de las mechas mal teñidas, escupirle la cara, desprenderle un pedazo de nariz con las uñas y llevarme las bolsas de ropa, probablemente al grito de “¡Puta cínica! ¡Te hacías la amiga y te cogías a mi marido!“, o algo así.

Pero después me pareció que las damas deben caracterizarse por su lengua filosa y ser capaces de mantener la distinción, como fríos bloques de hielo que nunca pierden el control, aún en momentos de sumo dramatismo. Sí. Me pararía a saludarla y le diría “¡Jul! ¿Cómo estás? ¿De qué telo venís? Si lo ves al Chango decile que hoy hay milanesas“, o “¡Qué raro verte vestida a esta hora!“, y seguiría mi camino con la frente en alto.

¿Y si mejor la ignoraba? No, sería poco creíble.

Finalmente me decidí a hacer lo más difícil. La saludaría casual, como si ella no fuera más que la amiga moderna del Chango. Un “Holaquétaltodobien” con una sonrisa a medias sería suficiente para demostrar mi superioridad moral y dejarla pensando, si es que sus seis neuronas le alcanzan para hacer siquiera la más mínima autocrítica.

Moriría de bronca al sentirse incapaz de perturbarme, pensé, y se sentiría lo menos.

Pero me cagó, porque ni bien me vió, Jul entró en pánico, cruzó de vereda haciéndose la boluda, miró para el otro lado y aceleró hasta perderse en la esquina como si hubiera visto al mismísimo diablo.

Me quedé un instante parada en la vereda, y sólo atiné a desear que a ella, algún día, le toque estar en mis zapatos.

A marzo

29 Jun 2009 En: General

Me gusta que todo me salga bien, y me preocupo mucho por estar en todos los detalles, aunque no sé si es un rasgo de mi personalidad que siempre estuvo presente, o es algo que me inculcó mi abuela un verano horrible que pasé con ella en la costa.

“Las otras nenas son lindas, pero vos te vas a tener que esforzar más para compensar”, me dijo con ese tono de superioridad que usan las viejas cuando te quieren dar una enseñanza de vida. “Y no podés usar dos piezas, tenés panza“.

O quizás tenga que ver con mi boletín de 4to grado. Todos 10 menos dibujo: 7. Mi madre se limitó a exclamar “¿Cómo sacaste un 7? ¿no te podías esforzar más?”

Para que el Chango se sintiera en su hogar cuando empezamos a vivir juntos había bastado con llenar la heladera de quesitos untables y la alacena con paquetes de maníes y galletitas.

Para impresionar a mi (ex)suegra fue igual: sólo tuve que comprar una docena de cañoncitos con dulce de leche y ponerle azúcar al mate.

Pero Maxi no era tan fácil, y preparar mi casa para para que él la conociera me llevó bastante más tiempo.

Empecé cambiando las sábanas y armando la cama. Después reemplacé las toallas del baño por unas nuevas, suaves y sin manchas de lavandina; limpié el inodoro y el bidet con harpic, los espejos con limpiavidrios, la bañadera con cif crema; puse jabones nuevos y lavé la alfombra, que ya tenía un olor a humedad bastante intenso. Saqué los folletos de ofertas de Coto y los catálogos de farmacity que siempre me gusta hojear
mientras hago pis, y en su lugar dejé un ejemplar de la revista Lugares.

Seguí con la cocina, que a decir verdad estaba bastante bien. Desde que no vivo con el Chango prácticamente no la uso, así que alcanzó con pasar un trapito y tirar los papeles de golosinas y las aglomeraciones de yerba húmeda que se habían juntado en la mesada.

El resto fue sacudir, lustrar, apilar y esconder hasta lograr que mi casa pareciera salida de un folleto de Easy de hace algunos años.

Los libros copados quedaron a la vista, en filas prolijas. Los adornos rotos, las facturas sin pagar, las tazas con los bordes saltados y las medias desparramadas por el piso desaparecieron tras el placard del comedor. Fregué las ventanas, enderecé los cuadros y aromaticé los ambientes con sahumerios de sándalo.

Después me saqué los bigotes y me depilé las axilas, me bañé, me puse perfume y me vestí y me terminé de hacer la planchita justo cuando sonó el timbre.

Maxi llegó con dos botellas, la polera azul y el pelo fabuloso. Me saludó con un beso mojadito en la boca.

Maxi:
¡Qué rico perfume! Es el que tenías el día que te conocí.
Elena:
¿Dos vinos?
Maxi:
Traje un blanco y un tinto porque no sabía qué vamos a comer.
Elena:
Mejor, me tomo los dos y me empedo así no estoy nerviosa.
Maxi:
¿Estás nerviosa en serio?
Elena:
Es que sos el primer hombre que viene a mi casa desde el Chango…
Maxi:
No me mientas, ¡mirá que yo hago terapia! Querés causar una buena impresión ¿no? Querés que todo sea perfecto.
Elena:
Ah, ahora sos Adrián.
Maxi:
No, pero es que a veces es como si estuvieras dando examen y necesitaras sacarte 10. No podés sacarte siempre 10 y tampoco importa. ¿Podemos subir que hace frío?

Lo odié por conocerme tan bien y lo dejé pasar.

Maxi:
Tu casa es muy linda.
Elena:
Hago lo que puedo, es todo medio viejo y nada combina, pero de a poco voy a ir cambiando algunas cosas para que quede mejor porque ahora nada tiene que ver con nada y como igual me quiero mudar, tampoco quiero hacerle demasiadas cosas ni gastar mucho en decoración porque no sé cómo va a ser mi próxima casa, no sé si me darán un crédito, me gustaría comprarme algo chiquito en otro lado para empezar de nuevo, y ahí sí, le pondría más cosas, cambiaría el sillón y pondría unos vinilos en las paredes, ¿ubicás esos vinilos que tienen dibujos y los pegás en la pared y queda como un mural? Esos quiero, pero bueno, por ahora está así, pero trato de mantener todo siempre limpio, eh.

Maxi:
¡Relajate! Sos más obsesiva que yo. Tu casa está bien.

Mientras comíamos, me contó sobre su laburo, me elogió el pollo al horno y me agradeció haberle servido la salsa aparte.

Él hablaba tranquilo entre bocado y bocado, pero yo miraba de reojo a mi alrededor. ¿Había sacado bien el polvo de las repisas? ¿Había dejado a la vista el Abba gold? ¡Que no lo vea! ¿Le puse sal al pollo? ¡No! ¡No le puse!!! ¿Se dará cuenta de que las sillas son todas distintas? ¿Se me ve el grano?

Tomé unas cuantas copas de vino, o al menos las suficientes como para olvidarme de mis complejos de ama de casa desesperada y lograr concentrarme en el hombre buenmozo que tenía delante, y ni bien terminamos la cena nos tiramos en el sillón del living a hacer cosas chanchas.

Al rato, Maxi habló entre un beso y otro.

Maxi:
¿Vamos a la cama?
Elena:
¿Es metafórico o no te gusta el sillón?
Maxi:
Es que no puedo en el sillón.
Elena:
?!
Maxi:
Es que acá miraba la tele tu marido y aparte la gente se sienta con ropa de calle…
Elena:
No, bueno, en realidad miraba más en la cama, por eso tengo 2 DVDs…
Maxi:
Estás cortando el momento…
Elena:
Pasemos al dormitorio, por favor.

Me levanté como pude, ya completamente ebria y con todo el alcohol en la cabeza, y lo arrastré a los tropezones. Mientras nos manoseábamos contra la pared, se me ocurrió una maniobra que, en mi mente, no podía fallar.

Sin dejar de besarlo, le intenté sacar la polera onda femme fatale, con calentura y elegancia a la vez, pero la muy chota se trabó en la parte del cuello, y tironeé tanto que cuando finalmente salió, Maxi se golpeó la nuca contra la pared haciendo un ruido como… “PPPOC“.

Maxi:
¡AUUUUCH!
Elena:
¡Boludo perdoname, me quise hacer la sexy! ¿Estás bien? ¿Te lastimaste?
Maxi:
Se me va a hacer chichón, pero no pasa nada.
Elena:
Ay, esperá que te voy a poner hielo, ¡me quiero matar!
Maxi:
Estoy bien, en serio, no pasa nada.
Elena:
No, no, es que me quise hacer la sexy, ¡perdoname! Encima ya sé que a la comida le faltaba sal y estaba fea, ¡pero te juro que me esforcé! ¡Puse toallas nuevas, todo! ¿Y viste los jabones?

Maxi:
A ver a ver, calmada, calmada… ¿si te digo que tenés un 10 te quedás tranquila?
Elena:
Sí…
Maxi:
Bueno, pero eso sí, alumna Paoloni, su desempeño esta noche dejó bastante que desear, así que vamos a tener que recuperar los puntos perdidos de alguna manera…
Elena:
Ay, bueno, profe, pero el pantalón sáqueselo usted que no soy buena con los cierres y no quiero más accidentes.

Creo que aprobé.

Bajo cero

26 Jun 2009 En: El mío, Reflexiones y confesiones

Hay quienes dicen que en materia de sexo las cosas se van dando lentamente, y que la intimidad física es va mejorando conforme vamos conociendo más y mejor el cuerpo de nuestra pareja, sus gustos y sus necesidades.

Del otro lado están los que afirman que todo pasa por la química. La atracción es algo que se da desde el primer momento, y el buen sexo, de ese que podemos ubicar en un top 5 que nos dibuja una sonrisa en la cara, es sencillamente cuestión de piel.

Mi primera vez con el Chango entró en esta última categoría. Los dos vivíamos con nuestras respectivas madres y éramos pobres, por lo que la privacidad y/o el telo quedaban completamente fuera de la ecuación, así que buscamos una noche en que mi vieja no estaría en casa y nos encontramos ahí sin preámbulos. No hicimos de cuenta que miraríamos una peli, ni que tomaríamos un café.

Le abrí la puerta y casi inmediatamente estábamos matándonos a besos. Él tardó 6 o 7 segundos en empezar a manosearme las tetas como loco y desabrocharme el corpiño con la eficiencia de un calentón impaciente.

Sin que nuestas bocas se separaran un segundo nos apretujamos como pudimos en mi cama de una plaza y cogimos toda la noche, como cuando tenías diecisiete años y esas ocho horas se desdibujaban entre polvos y pequeños ratitos de sueño y charlas limadas, risas y ese perfume tan particular, mezcla de rastros de desodorante y emanaciones corporales.

Esa vez, como muchas que vendrían más adelante, los dos acabamos al mismo tiempo y nos miramos sorprendidos, transpirados y enredados en mi colcha, que era de esas verdes con textura setentista y había adornado los dormitorios de varias generaciones.

Y me acuerdo que pensé que ese tipo de encuentros sólo se daban una vez en la vida, con una persona única destinada para nosotros; que esa perfección significaba que algo verdadero estaba empezando y que podía durar toda la vida.

En serio, pensé eso, pero bueno, tampoco tenía tanta experiencia.

De esa noche pasaron ya cuatro años, y en el medio hubo de todo. Vacaciones compartidas, problemas de guita, espantosos tests de embarazo, ravioles en lo de mi suegra, arbolitos de navidad de plástico chino, peleas y reconciliaciones, infidelidades, lunas de miel, deudas al fisco, cenas románticas, maratones de series norteamericanas, chistes cómplices, muertes cerebrales causadas por la rutina, laburos malos, laburos no tan malos, miles de viajes en colectivo al sol y desayunos domingueros.

Después empezó esa agonía que tarda muchos meses en hacerse evidente, y cuando eso sucede en general ya es demasiado tarde, onda cáncer.

Y si bien siempre estuve en contra de esa asunción simplista de que “el sexo es el termómetro de la relación”, me doy cuenta de que no deja de albergar algo de verdad. Si la relacion va sobre rieles, o bien el sexo es muy muy bueno, o bien no es un tema que preocupe demasiado a ninguno de los miembros de la pareja. En cambio, cuando las cosas comienzan a desgastarse fuera del dormitorio, no tardan en aparecer problemas entre las sábanas.

La última vez que compartimos la cama, que ya era un sommier de dos plazas con almohadones de Arredo, lo hicimos sin hablar, cada uno mirando para su lado. Hacía semanas que no nos decíamos buenas noches. Simplemente el Chango miraba la televisión hasta dormirse y comía un pedazo de bizcochuelo o un alfajor, mientras yo me daba vuelta e intentaba conciliar el sueño antes de que empezaran sus ronquidos infames.

Del pingui pingui ni noticias, aunque a esa altura para mí ya era un alivio. El sexo se había convertido en una más de mis obligaciones, y en mi agenda no ocupaba un lugar más importante que, por ejemplo, pasar el trapo de piso o comprar una prepizza para la noche.

Los días que “tocaba” hacerlo eran todos iguales. Me ponía en bolas rápido, él me daba un beso de lengua y esa era la señal. Después venía el pete, el me tocaba un poco la concha, hacía algún comentario malicioso sobre mi poca respuesta, y después me la metía jadeando como un un jabalí gordo y bruto, y yo cumplía mi parte como una esposa eficiente gimiendo como si se acabara el mundo. La cosa duraba, en total, quince minutos. Él se dormía y yo me quedaba intentando recordar esos días en los que la transpiración de sus axilas y el olor de su saliva espesa me calentaban tanto que sentía que iba a explotar, pero no podía.

No había más piel o quizás ya no nos conocíamos más.

Pájaro en mano sigue en los medios

24 Jun 2009 En: Pájaro en mano

Menos tentador que la tanguita de Conz pero aún así igual de divertido y lleno de magia, Pájaro en mano llega a la FM Rock&Pop.

Así es, queridos lectores, hoy a las 23:30 en la 95.9 no dejen de deleitarse con mi voz satinada y mis más desopilantes ocurrencias en el programa de Diego Ripoll, que recomendará este blog tan fabuloso.

Pueden escucharlo online acá.

¡Nada más, muchas gracias!

Sobre este blog

Basta de blogs de ingratas minas solas. ¡Estar felizmente en pareja es mucho peor! elenapaoloni@gmail.com